sábado, 24 enero 2026

Sergi Andrés, abogado especialista en activos digitales: “Bitcoin también es político, filosófico y geopolítico, no solo económico”

Sergi Andrés plantea que Bitcoin trasciende la inversión: nace como respuesta política y filosófica a la crisis financiera, desafía la soberanía monetaria de los Estados y se consolida como reserva de valor en un sistema inflacionario.

Sergi Andrés, abogado especializado en activos digitales, lleva años insistiendo en que el Bitcoin (BTC) no puede entenderse solo como una inversión. En un contexto de inflación persistente, deuda estructural y desconfianza institucional, su análisis gana peso. ¿Es Bitcoin un medio de pago fallido o una respuesta más profunda al sistema actual?

En los últimos días, Bitcoin ha vuelto a ocupar los titulares, pero sigue rodeado de confusión y escepticismo. En este artículo te explicaremos, según la posición de Sergi Andrés, qué es realmente, por qué no se comporta como el dinero tradicional y qué errores de comunicación impiden comprender su función real.

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Bitcoin: por qué no funciona como medio de pago y por qué eso no es un fracaso

Bitcoin: por qué no funciona como medio de pago y por qué eso no es un fracaso
Fuente: agencias

Una de las críticas más repetidas a Bitcoin es su escaso uso cotidiano. Pagar un café con él parece poco práctico, incluso irracional. Sin embargo, el problema no es técnico, sino monetario.

En los sistemas inflacionarios tradicionales, el consumo se incentiva porque el dinero pierde valor con el tiempo. Comprar hoy es más barato que hacerlo mañana. En un entorno deflacionario, como el que plantea BTC, ocurre lo contrario: guardar tiene sentido. El ejemplo más conocido es el del hombre que pagó 10.000 bitcoins por dos pizzas. No fue un error; fue el precio de mercado justo en ese momento.

El propio diseño de Bitcoin explica este comportamiento. Aunque, en un principio, se definía como un sistema de pago electrónico entre pares, la práctica lo ha llevado a otro lugar. La volatilidad, su oferta limitada y la expectativa de revalorización hacen que muchos usuarios no quieran desprenderse de él para gastos cotidianos.

En este sentido, las monedas fiduciarias (dinero emitido por el Estado) cumplen estas funciones de forma desigual. BTC, en cambio, ha ido ocupando de manera progresiva el espacio de reserva de valor, incluso contra la intención original de su creador. No es casual. En un sistema donde la inflación erosiona el poder adquisitivo, Bitcoin se percibe como una protección frente a la pérdida constante de valor. No incentiva el consumo inmediato, pero sí la acumulación estratégica. Y eso, lejos de ser un fallo, es parte de su lógica.

El origen contestatario de Bitcoin y su dimensión política olvidada

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Para comprender Bitcoin, hay que mirar su nacimiento. El bloque génesis, el primero de la red, incluye un mensaje con el titular de The Times sobre el segundo rescate bancario de 2008. No es anecdótico. Bitcoin nace como respuesta directa a una crisis de confianza en el Estado y en el sistema financiero.

Durante aquella crisis, millones de ciudadanos asumieron pérdidas mientras bancos y entidades financieras eran rescatados. Los Estados se endeudaron aún más y los bancos centrales intervinieron para evitar colapsos sistémicos. El coste, de forma directa o indirecta, lo pagó la sociedad.

Desde esta perspectiva, Bitcoin no es solo tecnología: es una propuesta política. Plantea un sistema de transferencia de valor sin intermediarios, sin bancos centrales y sin necesidad de confiar en Estados deficitarios de forma crónica.

Sin embargo, gran parte del debate público ignora esta dimensión. Bitcoin se comunica casi exclusivamente como un activo financiero. Sube o baja. Es burbuja o pelotazo. Esa simplificación es uno de los mayores errores de divulgación.

Sergi Andrés insiste en que esta moneda también es filosófico y geopolítico. Compite con la soberanía monetaria de los Estados, introduce el debate sobre privacidad financiera y cuestiona el monopolio del dinero público. Reducirlo a un gráfico de precios es no entender su propuesta de valor.

El problema se agrava al mezclar conceptos. BTC no es lo mismo que las stablecoins. Mientras estas últimas sí cumplen funciones de medio de pago y unidad de cuenta, Bitcoin se comporta como un activo digital escaso, con vocación de preservar valor en el tiempo.

Además, la narrativa del “enriquecimiento rápido” ha hecho mucho daño. Bitcoin ya no es una vía para hacerse rico de la noche a la mañana. Quien entra con esa expectativa suele salir frustrado. Comprender Bitcoin requiere entender su tesis, igual que ocurre con cualquier otro activo complejo.


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