viernes, 23 enero 2026

La información sobre salud es basura, asegura el Dr. Alfonso del Corral revelando por qué no sabes qué es realmente verdad en medicina

Vivimos tiempos extraños donde cualquiera con un teléfono móvil se atreve a sentar cátedra, y en este escenario caótico, el doctor Alfonso del Corral ha decidido hablar claro sobre la intoxicación informativa que padecemos. Su diagnóstico no deja lugar a dudas: el exceso de charlatanería digital y los intereses ocultos están anulando nuestro sentido común, impidiéndonos distinguir entre lo que realmente nos cura y lo que simplemente vacía nuestros bolsillos.

La sociedad moderna mantiene una relación casi esquizofrénica con su salud, oscilando peligrosamente entre el abandono total de la juventud y la obsesión hipocondríaca de la madurez. El ex jefe de los servicios médicos del Real Madrid advierte que a los veinte años el cuerpo aguanta todo el maltrato que le echen, pero la factura siempre llega a partir de los cuarenta con intereses de demora muy altos.

El problema se agrava porque, cuando llega el miedo, el paciente se encuentra perdido en un océano de información contradictoria que lo paraliza. La ansiedad nos empuja a buscar respuestas rápidas en Google o en perfiles de dudosa reputación, olvidando que el criterio médico no se consigue con likes ni con vídeos virales de un minuto. Estamos tan saturados de datos sin filtrar que hemos perdido la capacidad de filtrar lo valioso, dejando la puerta abierta a cualquier teoría conspiranoica o remedio mágico que prometa la eterna juventud sin esfuerzo.

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Salud: ¿Por qué nos creemos cualquier tontería que brilla en la pantalla?

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Lo más alarmante del panorama actual es la facilidad con la que calan los mensajes más absurdos en la población vulnerable, especialmente cuando hay enfermedades graves de por medio. El doctor Del Corral se muestra tajante al denunciar cómo abundan los listillos que recomiendan rabo de rana o sustancias exotéricas para curar un cáncer, aprovechándose de la desesperación ajena con una frialdad espeluznante. No hay ningún filtro de rigor en las plataformas digitales, lo que permite que una estupidez mayúscula tenga el mismo altavoz y alcance que un estudio clínico revisado por pares durante años.

Esta falta de barreras hace que el ciudadano medio, carente de formación científica, acabe dando validez a testimonios personales que no prueban absolutamente nada. Nos aferramos a la anécdota de un desconocido porque necesitamos creer que existe una solución milagrosa a nuestros males, una que la medicina oficial nos estaría ocultando por oscuros motivos.

Cuando el poderoso caballero don dinero dicta tu dieta

No podemos pecar de ingenuos y pensar que toda la desinformación proviene únicamente de cuatro locos grabando vídeos en un garaje, pues las grandes corporaciones llevan décadas jugando sucio. La historia reciente nos demuestra que los intereses económicos suelen aplastar a la evidencia científica cuando hay mucho dinero en juego, moldeando la opinión pública a su antojo.

El ejemplo que rescata el doctor Del Corral es demoledor: en los años sesenta no había película sin humo, mientras los informes internos de las tabacaleras ya confirmaban que el tabaco contenía sustancias más adictivas que la heroína y tremendamente cancerígenas. Se aceptó socialmente una mentira mortal porque la maquinaria de marketing y lobby era imparable, silenciando cualquier voz médica que intentara aguarnos la fiesta.

Ni dogmas de moda ni prohibiciones absurdas: la libertad

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Frente a este bombardeo constante de doctrinas que nos dicen qué comer, cómo movernos y casi cómo respirar, la postura de Del Corral es un soplo de aire fresco. Él aboga por el escepticismo y defiende que cada individuo debe trazar su propio camino con libertad, sin someterse a las modas pasajeras que demonizan un alimento hoy para santificarlo mañana.

Convertirse en lo que él llama un «verso suelto» implica tener la valentía de cuestionar tanto a la industria como a los predicadores del bienestar. Prefiere mil veces escuchar a personas inteligentes que te hablan desde su propia experiencia vivida y no desde la teoría de un libro que acaban de memorizar para ganar seguidores.

Somos tan sabios como los perros si aprendemos a escucharnos

Quizás la solución a tanto ruido externo y tanta confusión no esté en leer más papers científicos, sino en recuperar una conexión más primitiva e intuitiva con nuestra biología. Del Corral nos recuerda que, en el fondo, somos animales y tenemos un instinto que rara vez se equivoca si le prestamos la atención que merece, igual que un perro sabe qué hierba purga su estómago.

La simplicidad suele ser la respuesta más efectiva ante la complejidad del mundo moderno, y volver a los básicos casi siempre funciona. No hace falta importar superalimentos de la otra punta del mundo cuando un simple gazpacho o unos huevos duros de nuestra dieta mediterránea nos nutren y nos sientan de maravilla. La verdadera sabiduría reside en esa capacidad de autoobservación, en comer lo que te sienta bien y descartar lo que te daña, confiando más en tus propias sensaciones que en el influencer que te grita desde la pantalla del móvil.


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