En pleno 2020, Cristina Oria, fundadora de la empresa que lleva su propio nombre —y que abarca restaurantes, tiendas gourmet, catering y una tienda online—, creía que la pandemia sería el mayor reto al que tendría que enfrentarse como empresaria. «Sin duda, lo más difícil en estos diez años de andadura está siendo la situación creada por la COVID y todos los daños colaterales que ha provocado», reconocía entonces. Lo que no sabía era que aquello solo era el comienzo y que el verdadero desafío —especialmente para las firmas de restauración— llegaría un par de años después en forma de un fuerte incremento de los costes.
Hasta la irrupción de la pandemia, la historia empresarial de Cristina Oria podía calificarse como un éxito rotundo. En apenas una década de existencia, la firma había logrado superar los 6,75 millones de euros de ingresos —con un crecimiento acumulado del 743% desde 2015— gracias a una estructura que ya incluía un servicio de catering, tres restaurantes y tres tiendas físicas. Además, ese crecimiento se había conseguido con unos márgenes más que aceptables para una compañía que todavía podía considerarse una startup en 2019. El margen bruto superaba el 60%; el de explotación era positivo y cercano al 8%; y el margen neto se situaba en torno al 6%.
En plena fase de expansión llegó la pandemia y, pese al caos que desató, a Cristina Oria no le fue nada mal. En los ejercicios posteriores, 2020 y 2021, la facturación volvió a crecer un 76%, mientras que el margen operativo saltó hasta el 12,5% y posteriormente superó el 24%. Todavía más destacado fue el comportamiento en términos de beneficio, ya que en 2021 la empresa alcanzó su mejor registro histórico, rozando los dos millones de euros de ganancias.
Cristina Oria frente a la tormenta perfecta de los costes
Tras superar la pandemia con nota, lo que no esperaba la empresaria —ni prácticamente la totalidad de directivos en todo el mundo— era enfrentarse a un daño colateral aún más complejo: un incremento súbito de los costes provocado por el estrangulamiento de las cadenas de suministro y, como consecuencia, un episodio inflacionario que no se había visto en décadas. Por si fuera poco, estos desequilibrios se han prolongado hasta prácticamente la actualidad, afectando de forma especialmente intensa a los principales insumos de Cristina Oria: la mano de obra y los alimentos.
En el caso del coste laboral, el punto de inflexión se produce en el segundo trimestre de 2022, cuando este se dispara un 13,2%, según datos del INE. Desde entonces, el aumento ha sido notable trimestre tras trimestre, lo que se ha traducido en un incremento del coste salarial por trabajador superior al 55%. En cuanto a los alimentos, se trata de una de las partidas que más ha encarecido su precio, con un aumento medio del 33%. La situación ha sido aún más grave en los alimentos frescos, cuyo encarecimiento alcanza el 63%.
El efecto combinado de ambos factores se refleja con claridad en las cuentas de la compañía. Y es que, pese al incremento de la facturación —en parte explicado por la subida de precios—, el impacto negativo se aprecia en los márgenes operativos y en los beneficios. Entre 2021 y 2024, el resultado de explotación se ha desplomado un 48% y las ganancias han caído un 46%. Todo ello en un contexto en el que los gastos de personal han crecido un 95% y los aprovisionamientos —las materias primas— un 37%.
Señales de alerta en Cristina Oria y vuelta al segmento premium en Madrid
No obstante, conviene matizar que las cifras operativas de 2024 están parcialmente distorsionadas. En la cuenta de pérdidas y ganancias se registró un resultado negativo superior al millón de euros en concepto de deterioro y resultado por enajenaciones del inmovilizado, tras verse obligada a cerrar el que iba a ser su local insignia fuera de Madrid, situado en el edificio Casa del Francés, en plena Avenida de la Libertad de San Sebastián. Aun así, el ejercicio dejó varias señales de alerta en Cristina Oria: la primera, el fracaso de su expansión fuera de Madrid; la segunda, que por primera vez la facturación fue inferior a la del año anterior.
Ante este escenario, la compañía se ha puesto manos a la obra para reactivar el crecimiento de los ingresos y profundizar en su estrategia de posicionamiento premium en una plaza que conoce bien: Madrid. El resultado es la próxima apertura de su mayor local hasta la fecha en el Edificio Beatriz, considerado uno de los mejores edificios de oficinas de la capital y ubicado en pleno Barrio de Salamanca, en el cruce de las calles Velázquez y Ortega y Gasset.
Para Cristina Oria, se trata de la inversión más ambiciosa de su trayectoria por dos motivos principales. El primero, que supone un regreso a terreno conocido tras el revés de San Sebastián. De hecho, el establecimiento que abrió hace años en Ortega y Gasset se ha convertido en su auténtica “gallina de los huevos de oro”. El segundo, el refuerzo definitivo de su imagen como marca premium, una estrategia en la que lleva tiempo trabajando y que le permitirá elevar precios y amortiguar el impacto del aumento de los costes que ha erosionado sus márgenes en los últimos años.
En definitiva, la apuesta de Cristina Oria es arriesgada, pero coherente. En un entorno de costes elevados y márgenes presionados, la empresaria opta por reforzar su posicionamiento premium y concentrarse en los mercados que mejor conoce. Una estrategia que, si logra trasladar valor al precio, será clave para recuperar rentabilidad y sostener el crecimiento a largo plazo.








