Miguel Ángel Martínez-González, epidemiólogo de la Universidad de Navarra, ha dedicado décadas a investigar la relación entre dieta y salud cardiovascular. En 2025, sus declaraciones sobre el consumo de alcohol han generado un terremoto en la comunidad médica española. Lo que revela contradice frontalmente todo lo que nos han contado sobre el vino tinto y sus supuestos beneficios.
La pregunta que muchos se hacen ahora es inquietante: ¿cómo hemos creído durante tanto tiempo algo que la ciencia considera falso? La respuesta implica estudios manipulados, intereses comerciales y una narrativa construida sobre bases endebles.
La copa diaria que nunca fue medicina
La creencia de que una copa de vino protege el corazón nació en los años 80 con la famosa paradoja francesa. Investigadores observaron que franceses con dietas ricas en grasas tenían menos infartos, atribuyéndolo al consumo moderado de vino. Sin embargo, esta correlación ignoraba otros factores del estilo de vida mediterráneo.
Estudios posteriores demostraron que los beneficios observados no procedían del alcohol, sino de otros hábitos saludables de quienes bebían moderadamente. Estas personas hacían más ejercicio, comían mejor y tenían mayor nivel educativo. El vino era un marcador, no la causa.
La Organización Mundial de la Salud lo confirmó en 2023: no existe una dosis segura de alcohol. Cualquier cantidad, por mínima que sea, incrementa el riesgo de al menos siete tipos de cáncer, incluyendo mama, colon y esófago.
El resveratrol: la gran estafa del marketing
El resveratrol es un antioxidante presente en la piel de las uvas que supuestamente explicaba los beneficios del vino. La industria vitivinícola lo promocionó intensamente durante años, generando un mercado millonario de suplementos. La realidad científica es muy diferente:
✓ Una copa de vino contiene entre 0,5 y 1 miligramo de resveratrol
✓ Los estudios que mostraban beneficios usaban dosis de 150-500 miligramos diarios
✓ Para alcanzar esas cantidades necesitarías beber entre 150 y 500 copas al día
✓ El alcohol destruiría tu organismo mucho antes de obtener cualquier efecto positivo
Las cantidades presentes en el vino son prácticamente homeopáticas. Algunos investigadores lo compararon con intentar apagar un incendio con un vaso de agua. Por ello, la narrativa del resveratrol representa una mentira científica perpetuada por intereses comerciales.
La industria alimentaria financió estudios sesgados que magnificaban beneficios inexistentes mientras minimizaban riesgos reales. Esta estrategia se asemeja a las tácticas usadas durante décadas por la industria tabacalera.
Qué le hace realmente el alcohol a tu cuerpo
Martínez-González es contundente: el alcohol es una sustancia tóxica para el organismo humano sin excepciones. Cuando ingieres una copa, tu hígado debe metabolizar el etanol convirtiéndolo en acetaldehído, un compuesto cancerígeno. Este proceso genera estrés oxidativo y daña el ADN celular.
Los efectos van más allá del cáncer. El consumo habitual aumenta la presión arterial, incluso en cantidades moderadas. Estudios recientes demuestran que dos copas diarias elevan el riesgo de hipertensión en un 40%. Además, el alcohol interfiere con el sueño REM, altera el microbioma intestinal y acelera el envejecimiento cerebral.
Las mujeres son particularmente vulnerables. Su menor masa corporal y diferente metabolismo hacen que el mismo consumo genere mayor concentración de alcohol en sangre. Por ello, el riesgo de cáncer de mama aumenta significativamente incluso con consumos bajos.
Por qué la industria ocultó la verdad
Durante décadas, la industria del alcohol invirtió millones en financiar investigaciones que buscaban validar sus productos. Estos estudios presentaban sesgos metodológicos evidentes: comparaban bebedores moderados con abstemios que incluían ex alcohólicos y personas con enfermedades graves. Obviamente, los primeros salían mejor parados.
Además, muchas investigaciones recibían financiación directa de bodegas y destilerías. Los científicos independientes que publicaban resultados negativos enfrentaban presiones, mientras que aquellos con conclusiones favorables conseguían más recursos. Este sistema generó una literatura científica contaminada que tardó años en corregirse.
La narrativa del vino saludable beneficiaba enormemente a una industria multimillonaria. España, con su cultura vinícola arraigada, fue especialmente receptiva a este mensaje. Sin embargo, la evidencia actual no deja margen para dudas.
La recomendación científica definitiva
La posición de Martínez-González es clara: si eres menor de 35 años y no bebes, no empieces nunca. Si ya consumes alcohol, reducir al mínimo es la única estrategia sensata. Para mayores de 60 años con hábitos establecidos, la transición puede ser gradual, pero el objetivo debe ser la reducción máxima.
Los auténticos cardioprotectores están en otros componentes de la dieta mediterránea: aceite de oliva virgen extra, frutos secos, legumbres y pescado. Estos alimentos sí tienen efectos demostrados sin los riesgos del alcohol. Además, el ejercicio regular supera cualquier supuesto beneficio que se atribuía al vino.
La ciencia ha hablado con claridad meridiana. La copa diaria que te recomendaban no solo no ayuda, sino que perjudica activamente tu salud a largo plazo.










