jueves, 22 enero 2026

No es el tumor, es su expansión: la clave para entender la mortalidad del cáncer

El cáncer rara vez mata por el tumor inicial. La clave está en la metástasis, un proceso silencioso que permite a las células viajar, invadir órganos vitales y reducir drásticamente las chances de supervivencia humana.

El cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo, pero no siempre mata por la razón que la mayoría imagina. En laboratorios de anatomía patológica, donde conviven cuerpos que alguna vez tuvieron diagnósticos distintos —cáncer de mama, pulmón o colon—, aparece una verdad común a la mayoría: no fue el tumor original lo que terminó con sus vidas.

Comprender por qué el cáncer se vuelve mortal es sumamente relevante, no solo para médicos o estudiantes, sino para cualquier persona que quiera entender qué marca la diferencia entre sobrevivir o no. La respuesta está en un proceso silencioso, tardío y devastador que suele llegar cuando el tiempo ya juega en contra.

Publicidad

El cáncer no empieza siendo letal: así intenta frenarlo el cuerpo

El cáncer no empieza siendo letal: así intenta frenarlo el cuerpo
Fuente: agencias

El cáncer se origina cuando células anormales comienzan a crecer sin control. Todo empieza en el ADN, el manual de instrucciones de cada célula. Allí se regulan procesos clave como la división celular y la apoptosis, el mecanismo que permite eliminar células dañadas. Cuando esos genes se alteran, el equilibrio se rompe.

Sin embargo, que una célula mute no significa automáticamente cáncer. De hecho, el cuerpo desarrolla billones de células nuevas cada año y solo una fracción ínfima llega a transformarse en una amenaza real. Esto ocurre porque existen tres grandes líneas de defensa:

  • La fragilidad de las células mutadas: muchas no logran sobrevivir.
  • Los genes supresores de tumores, que frenan la división descontrolada.
  • El sistema inmune, que reconoce proteínas anormales y elimina esas células antes de que prosperen.

La importancia de estas defensas se evidencia en personas inmunosuprimidas, como pacientes trasplantados, cuyo riesgo de desarrollar cáncer puede multiplicarse varias veces. Aun así, para que una célula llegue a convertirse en esta enfermedad, suele necesitar múltiples mutaciones simultáneas, incluida la capacidad de crear vasos sanguíneos propios para alimentarse.

Entonces surge la pregunta inevitable: si el cuerpo es tan eficiente, ¿por qué aparece la enfermedad? Parte de la respuesta es el azar. Otra parte está en la exposición a factores externos: radiación ionizante, luz ultravioleta, sustancias carcinógenas como las del humo del cigarrillo —responsables de cerca de un cuarto de las muertes por cáncer—, inflamaciones crónicas, ciertos virus y la predisposición genética.

La metástasis: cuando el cáncer aprende a viajar

YouTube video

Un tumor, por sí solo, no siempre es mortal. Los tumores benignos, por ejemplo, suelen estar encapsulados y no invaden otros tejidos. El problema real aparece cuando el cáncer se vuelve maligno y pierde su capacidad de adhesión celular. En ese momento, las células cancerosas se desprenden, ingresan al torrente sanguíneo o al sistema linfático y colonizan otros órganos. A ese proceso se lo conoce como metástasis.

Aquí se repite el patrón que une historias clínicas muy distintas. El paciente con cáncer colorrectal no murió por el tumor del colon, sino cuando las células llegaron al hígado. El de mama no falleció por la lesión en el tejido mamario, sino cuando la enfermedad alcanzó el cerebro. Lo mismo ocurre con el cáncer de pulmón y su diseminación hacia órganos vitales.

Son pocos los tipos de cáncer que resultan letales sin expandirse, como algunos tumores cerebrales o hepáticos. En la mayoría de los casos, la muerte llega cuando la enfermedad se traslada a un órgano esencial para la vida. Por eso, la metástasis es el verdadero punto de quiebre.

Este dato explica también por qué la detección temprana salva vidas. Antes de que la enfermedad se disemine, muchas intervenciones son posibles: resecciones intestinales, mastectomías, cirugías pulmonares. Cuando la expansión ya ocurrió, las opciones se reducen drásticamente.

El cáncer tiene otra característica que lo vuelve peligroso y, paradójicamente, tratable: su voracidad metabólica. Las células cancerosas se dividen sin descanso y consumen nutrientes a gran velocidad, desplazando a las células sanas. La quimioterapia se basa en este principio: ataca a las células más activas. El problema es que también daña tejidos sanos de rápida renovación, como la piel, el cabello o el tracto digestivo, generando efectos secundarios severos.


Publicidad