jueves, 22 enero 2026

“Puede concentrarse horas en un videojuego”: por qué eso no contradice un diagnóstico de TDAH

- El TDAH no es falta de atención, sino una dificultad biológica para regularla y dirigirla.

Concentrarse no es el problema; el verdadero reto está en poder elegir cuándo y en qué hacerlo. El TDAH lleva años cargando con un nombre que no le hace justicia. Y eso importa, porque las palabras crean ideas. No estamos ante un déficit de atención, sino ante algo más sutil y más profundo: la dificultad para decidir dónde ponerla y, sobre todo, para mantenerla ahí cuando el cerebro no recibe la recompensa que espera. Esa desregulación no es un capricho ni una cuestión de carácter. Es biología. Y cuando no se entiende ni se acompaña, puede acabar pasando factura en muchos frentes de la vida, no solo en el colegio.

A veces lo veo claro en conversaciones cotidianas. “Si puede estar tres horas con la consola, ¿cómo no va a poder concentrarse en clase?”. La pregunta parece lógica… pero parte de una premisa equivocada.

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Un cerebro con el acelerador y el freno desajustados

CONCENTRARSE
El TDAH no elimina la atención, dificulta decidir dónde ponerla. Fuente: IA

En el TDAH, el sistema que regula la motivación y el enfoque funciona como un coche con el acelerador sensible y el freno flojo. La dopamina, esa sustancia que nos ayuda a concentrarnos, planificar y frenar impulsos, no llega donde tiene que llegar, especialmente a la corteza prefrontal, la zona que nos permite pensar antes de actuar.

Aquí aparece una de las grandes paradojas: los estimulantes. Suena extraño, lo sé. ¿Dar estimulantes a alguien hiperactivo? Pero lo que hacen estos fármacos no es acelerar más el motor, sino ajustar el ralentí. Ayudan a que el cerebro alcance un nivel mínimo de activación que le permita organizarse. El resultado no suele ser agitación, sino calma. Claridad. Capacidad de elegir.

Por eso alguien con TDAH puede “hiperconcentrarse” en un videojuego o en algo que le resulta apasionante. La atención está ahí. El problema es que no siempre obedece a la voluntad. Va donde hay recompensa inmediata.

Cuando el cerebro se automedica

Puede concentrarse horas en un videojuego4 Merca2.es
La dopamina baja desajusta el freno del cerebro, no la inteligencia. Fuente: IA

Si el TDAH no se detecta ni se trata, el cerebro busca atajos. Y algunos son peligrosos. Sustancias como la cocaína, el alcohol, el abuso de cafeína o conductas como el juego o el sexo compulsivo pueden convertirse en una especie de muleta química o conductual.

Hay un dato que suele impactar: algunos adultos con TDAH no sienten euforia con la cocaína, sino algo muy distinto. Foco. Orden mental. “Por fin funciono”, describen. El problema es evidente. Ese alivio rápido refuerza el consumo y abre la puerta a la dependencia, con un coste personal enorme.

No es falta de voluntad. No es vicio. Es un intento desesperado del cerebro por autorregularse. Sin apoyo profesional, esa búsqueda puede acabar arrasando con la salud, las relaciones y cualquier proyecto de futuro.

Cuando el entorno no acompaña

Puede concentrarse horas en un videojuego3 Merca2.es
La impulsividad es una consecuencia biológica, no una elección. Fuente: IA

El TDAH no tratado no se queda dentro de la cabeza. Sale fuera. Choca con la escuela, con el trabajo, con la pareja. Un sistema educativo rígido tiende a castigar perfiles que no encajan en el molde, etiquetándolos como problemáticos o desorganizados, cuando en realidad necesitan otra forma de aprender y expresarse.

En la vida adulta, la impulsividad y la búsqueda constante de novedad pasan factura. Relaciones inestables, trabajos que no se sostienen, decisiones precipitadas. No es casual que las estadísticas muestren más accidentes graves, más problemas legales y una mayor presencia en el sistema penitenciario entre personas con TDAH no tratado. Duele decirlo, pero es real.

Y quizá lo más injusto es esto: personas brillantes, creativas, con una enorme capacidad, acaban creyendo que están rotas. Que el problema son ellas.

Cambiar la mirada lo cambia todo. Entender el TDAH como un problema de autorregulación y no como un defecto personal abre la puerta a soluciones reales. Adaptar el entorno. Ofrecer apoyo psicopedagógico. Y, cuando el sufrimiento es constante, usar medicación no como rendición, sino como protección.

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