jueves, 22 enero 2026

Daniel Baeza, consultor financiero: “El sistema financiero depende más de la liquidez que de los tipos de interés”

Daniel Baeza advierte que la estabilidad de los mercados ya no depende solo de bajar tasas, sino de la liquidez disponible, condicionada por déficits fiscales, decisiones políticas y un sistema que se sostiene sin crecer.

Daniel Baeza, consultor financiero y analista de mercados internacionales, asegura que “el sistema financiero depende más de la liquidez que de los tipos de interés”. Según el especialista, no se trata de una consigna técnica, sino de una clave para entender por qué los mercados siguen inestables incluso cuando los recortes de tasas empiezan a asomar en el horizonte.

En un contexto global marcado por déficits récord, tensiones geopolíticas y bancos centrales condicionados por la política, el foco ya no está solo en cuánto cuesta el dinero, sino en cuánto dinero circula realmente en el sistema financiero y quién controla ese flujo. Ahí se juega buena parte del presente y del futuro.

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Un sistema financiero que no colapsa, pero tampoco despega

Un sistema financiero que no colapsa, pero tampoco despega
Fuente Freepik.

Para describir el momento actual, Baeza apela a una imagen tan simple como efectiva: el sistema financiero se parece a una bañera con el agua a la mitad del cuerpo. No hay frío extremo, pero tampoco calor suficiente para relajarse. Esa sensación define un escenario donde no existe una crisis abierta, aunque tampoco un entorno propicio para expansiones sostenidas.

Durante el último año, la Reserva Federal mantuvo una política monetaria restrictiva, con tipos elevados y reducción de su balance. Al mismo tiempo, el Tesoro de Estados Unidos absorbió liquidez del sector privado para recomponer su caja, en medio de negociaciones políticas complejas. El resultado fue un mercado con dinero más caro, menos disponible y distribuido de forma desigual.

Las primeras señales de tensión no aparecieron en la economía real, sino en los mercados monetarios. Cuando el dinero empieza a encarecerse incluso en operaciones de muy corto plazo, el sistema envía una advertencia silenciosa. No es un colapso, pero sí una fricción creciente que limita el apetito por el riesgo.

En los últimos meses, parte de esa presión comenzó a aliviarse. La Fed frenó la reducción de liquidez y el Tesoro devolvió fondos al mercado. Sin embargo, según Baeza, esto no equivale a una nueva etapa expansiva. Es una estabilización táctica, no un cambio de régimen. El dinero vuelve a circular, pero sin el impulso suficiente para encender un ciclo alcista duradero.

Cuando la política fiscal toma el control

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Durante décadas, los tipos de interés fueron la variable central para interpretar el rumbo de los mercados. Hoy, esa lectura resulta incompleta. En el sistema financiero actual, los tipos siguen influyendo en el consumo y el crédito, pero los activos financieros responden, sobre todo, a la cantidad de liquidez disponible.

Aquí aparece un concepto clave: dominancia fiscal. Con déficits elevados y persistentes, el Estado pasó de ser un actor secundario a convertirse en el verdadero eje del sistema. La necesidad de financiarse condiciona las decisiones de los bancos centrales, que ya no operan con la misma independencia que en el pasado.

Daniel Baeza explica que el Tesoro estadounidense encontró una vía para neutralizar parte del ajuste monetario: emitir deuda de muy corto plazo. Esos instrumentos funcionan casi como dinero y son absorbidos con facilidad por el mercado. De este modo, la política fiscal compensa lo que la política monetaria intenta restringir.

El efecto es sutil, pero profundo. El sistema financiero sigue en pie, aunque sostenido por equilibrios frágiles. Bajar tipos puede aliviar tensiones políticas y sociales, pero sin una expansión clara del balance, la liquidez no alcanza para sostener una euforia prolongada.

En este escenario, Estados Unidos movió una pieza estratégica: la integración de las stablecoins respaldadas por deuda pública. Cada dólar digital en circulación implica, en la práctica, mayor demanda de bonos del Tesoro. Es una forma moderna de reforzar el rol del dólar sin recurrir a medidas tradicionales.

Mientras tanto, China opta por otro camino. Sus compras de oro no buscan desplazar al dólar como moneda de reserva, algo que exigiría déficits permanentes y apertura financiera, sino gestionar su propia carga de deuda y ganar margen geopolítico. El mundo avanza hacia una mayor fragmentación, pero el centro del sistema financiero sigue siendo el mismo.

La lectura final de Daniel Baeza es que el sistema financiero actual no premia la pasividad. En un entorno de liquidez lateral, inflación persistente y monedas que pierden valor de forma gradual, quedarse inmóvil es asumir una pérdida silenciosa.


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