jueves, 22 enero 2026

«Si comes estos 3 alimentos todos los días, no es estrés», lo que tienes es cansancio y la culpa es de tu estomago, según la OMS

A menudo culpamos al jefe, a la hipoteca o al tráfico de nuestro agotamiento crónico, pero la Organización Mundial de la Salud lleva años lanzando advertencias claras sobre cómo los ultraprocesados boicotean nuestra biología. Si tu dieta diaria se basa en estos tres jinetes del apocalipsis nutricional, es muy probable que tu cuerpo no esté sufriendo estrés laboral, sino una intoxicación lenta y silenciosa.

Vivimos instalados en una queja constante donde el cansancio se ha convertido en una medalla que lucimos con resignación, como si estar exhausto fuera sinónimo de ser productivo. Sin embargo, los expertos en nutrición y los últimos informes de organismos internacionales sugieren que gran parte de esa fatiga no nace en la cabeza, sino en el plato que tienes delante. Es fácil confundir la falta de energía con el estrés mental, pero cuando analizamos la bioquímica, vemos que la inflamación sistémica provocada por ciertos alimentos es la verdadera culpable de que no puedas con tu alma a las cuatro de la tarde.

El problema radica en que hemos normalizado el consumo de harinas refinadas, embutidos y bebidas azucaradas como parte de nuestra rutina, ignorando que son auténticos ladrones de vitalidad. La ciencia ha demostrado sobradamente que nuestro estómago actúa como un segundo cerebro capaz de modular nuestro estado de ánimo y vigor. Si le damos combustible de baja calidad, plagado de aditivos y azúcares libres, la respuesta fisiológica no será la ansiedad nerviosa, sino un letargo pesado y brumoso que ninguna cantidad de café de máquina podrá solucionar.

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Cansancio: ¿Un chute de energía? Más bien una hipoteca a altísimo interés

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Las gaseosas y refrescos azucarados son, con diferencia, la trampa más sofisticada en la que caemos cuando buscamos espabilarnos rápido a media mañana. Aunque la cafeína y el azúcar provocan un pico de euforia inicial casi instantáneo, la realidad bioquímica es que el bajón posterior nos deja mucho más tirados que antes de abrir la lata. La OMS ha sido tajante respecto a los azúcares libres: no solo disparan el riesgo de diabetes, sino que generan una montaña rusa de insulina que agota las reservas del páncreas y nos sume en una fatiga cíclica.

Lo peor de este ciclo es que el cerebro, al notar la caída brusca de glucosa en sangre, pide desesperadamente más azúcar para volver a funcionar, creando una dependencia que confundimos con hambre o ansiedad. Es vital entender que el azúcar engaña al metabolismo haciéndole creer que tiene energía de sobra cuando en realidad está quemando los muebles de la casa para calentarse. Al final del día, ese agotamiento que sientes no es porque hayas trabajado mucho, es porque has sometido a tu cuerpo a un estrés químico innecesario.

El lastre de los embutidos y la inflamación invisible

A todos nos gusta un buen bocadillo de chorizo o salchichón, y en España esto es casi una religión, pero consumirlos a diario es comprar papeletas para una inflamación crónica. La digestión de estas carnes procesadas es un proceso lento y costoso para el organismo, y es sabido que digerir carnes procesadas exige un esfuerzo titánico que desvía gran parte del flujo sanguíneo hacia el aparato digestivo. Esa sensación de «modorra» o pesadez no es casualidad; es tu cuerpo gritando que no tiene recursos para pensar porque está ocupado intentando procesar grasas saturadas y nitratos.

Más allá de la digestión, la OMS clasificó hace tiempo a las carnes procesadas en el grupo 1 de carcinógenos, pero rara vez se habla de su efecto inmediato en nuestra vitalidad diaria. La retención de líquidos y la hipertensión derivada del exceso de sodio son enemigos directos del dinamismo, y la pesadez física se traduce inmediatamente en neblina mental. Si te sientes hinchado y lento, es imposible que tu cerebro funcione con la agilidad que requiere tu trabajo, y eso, amigo mío, lo acabas etiquetando erróneamente como estrés.

Las harinas refinadas y la trampa del pan blanco

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El tercer culpable de tu falta de energía es esa pasta blanca, la bollería industrial o el pan de molde que parece inofensivo pero que actúa en tu cuerpo casi igual que el azúcar puro. Al haberles eliminado la fibra durante el refinado, estos carhidratos de absorción rápida pasan al torrente sanguíneo a una velocidad de vértigo, y estos picos de glucosa son la antesala del sueño incontrolable que te asalta después de comer. La fibra es el freno de mano que necesita tu digestión para liberar energía de forma sostenida, y sin ella, eres un coche acelerando en vacío.

Además, el consumo excesivo de harinas refinadas altera la permeabilidad intestinal, permitiendo que sustancias nocivas pasen a la sangre y activen el sistema inmune de forma crónica. Diversos estudios gastroenterológicos apuntan a que una microbiota dañada es garantía de falta de vitalidad y de un estado de ánimo depresivo. No es que estés triste o agobiado por la vida, es que tus bacterias intestinales están pidiendo auxilio porque solo les das almidón en lugar de nutrientes reales.

Lo que la OMS sugiere para vencer al verdadero cansancio

Para recuperar la energía perdida no hace falta irse a un retiro espiritual al Tíbet, basta con volver a lo que nuestros abuelos llamaban «comida de verdad» y alejarse de los paquetes con colores brillantes. La recomendación de los organismos de salud es clara: basar la dieta en vegetales, legumbres y granos enteros, pues está demostrado que eliminar estos tres enemigos devuelve la energía perdida en cuestión de semanas. Cuando dejas de inflamar tu cuerpo tres veces al día, la supuesta fatiga crónica desaparece y descubres que, en realidad, tenías fuerzas de sobra para afrontar tu jornada.

Al final, la clave no está en buscar suplementos vitamínicos milagrosos ni en beber más café, sino en dejar de intoxicarnos con productos que nuestro cuerpo no reconoce como alimento. La próxima vez que sientas que no puedes más, mira lo que hay en tu plato, porque escuchar al estómago es más efectivo que cualquier cafeína para recuperar las riendas de tu vida.


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