Geoffrey Hinton, Premio Nobel de Física 2024 y considerado el padrino de la inteligencia artificial, ha lanzado una de las advertencias más contundentes sobre el impacto social de la tecnología que él mismo ayudó a crear. Su mensaje es tajante: la IA no solo transformará el mercado laboral, sino que aumentará la pobreza de forma dramática. La razón no es técnica, sino estructural: no habrá reconversión laboral suficiente para absorber a los millones de trabajadores desplazados.
A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, esta vez la velocidad de cambio supera la capacidad de adaptación humana. Hinton sostiene que el problema no reside en la inteligencia artificial como herramienta, sino en el modelo económico que la implementa sin mecanismos de protección social.
La advertencia que nadie quiere escuchar
Hinton abandonó Google en 2023 para dedicarse a alertar sobre los riesgos de la IA sin conflictos de interés corporativo. Su mensaje central es demoledor: los ricos usarán la IA para reemplazar trabajadores, generando un desempleo masivo y un aumento exponencial en las ganancias empresariales. Esta dinámica creará una brecha económica sin precedentes, donde unos pocos acumulan riqueza mientras la mayoría empobrece.
El científico británico no culpa a la tecnología en sí misma, sino al capitalismo desregulado que la instrumentaliza. Para Hinton, la inteligencia artificial en manos del mercado sin controles provocará una concentración de riqueza que hará parecer modestas las desigualdades actuales. Las empresas optimizarán costes eliminando personal humano a un ritmo vertiginoso.
La diferencia con revoluciones industriales pasadas radica en la naturaleza del trabajo que desaparece. No son solo tareas mecánicas repetitivas, sino empleos cognitivos, creativos y de gestión los que la IA puede realizar con calidad comparable o superior.
El mito de la reconversión profesional
✓ La velocidad de implementación de IA supera décadas cualquier programa educativo tradicional
✓ Los trabajadores de mediana edad carecen del tiempo vital para reentrenarse en nuevas profesiones
✓ Las empresas priorizan la automatización inmediata sobre la formación de empleados existentes
✓ Los sistemas educativos no han diseñado currículos efectivos para la era de IA generalizada
✓ Millones de puestos desaparecerán simultáneamente sin alternativas laborales comparables en volumen
Hinton señala que históricamente las revoluciones tecnológicas permitieron períodos de adaptación de generaciones completas. La automatización fabril del siglo XX destruyó empleos agrícolas e industriales, pero surgieron nuevos sectores que absorbieron mano de obra a lo largo de décadas. Esta vez, el colapso será simultáneo y transversal a todos los sectores económicos.
El Geoffrey Hinton que recibió el Nobel advierte que pensar en reconversión masiva es una fantasía cuando los sistemas educativos tardan años en actualizar programas. Mientras tanto, la IA avanza mensualmente con capacidades que hace un año parecían imposibles. Ningún trabajador puede competir con esa curva de mejora.
La propuesta de «aprender a trabajar con IA» solo funciona para una elite técnica reducida. Para la mayoría, significará subempleo o exclusión del mercado laboral formal.
La brecha cognitiva insalvable
Los trabajos que sobrevivirán requerirán habilidades que no se aprenden en cursos breves ni programas de formación express. Hinton describe una división cognitiva donde quienes puedan trabajar con sistemas de IA avanzados obtendrán salarios astronómicos, mientras el resto enfrentará pobreza estructural. No habrá término medio.
Esta brecha no es solo educativa sino de capacidad innata para ciertos tipos de razonamiento abstracto. La IA ya supera a humanos promedio en matemáticas, programación, análisis legal, diagnóstico médico y redacción técnica. Los empleos de «cuello blanco» que se consideraban seguros son precisamente los más vulnerables.
Soluciones que nadie implementará
Hinton propone políticas redistributivas urgentes: renta básica universal, impuestos radicales a ganancias por automatización y propiedad social de sistemas de IA. Sin embargo, reconoce que estas medidas enfrentan resistencia férrea de quienes más se benefician del status quo. Las corporaciones tecnológicas y los gobiernos priorizan competitividad sobre equidad.
El científico calcula que sin intervención, la IA creará una aristocracia tecnológica que controla riqueza y poder de manera hereditaria. El resto de la población dependerá de subsidios estatales financiados por economías que ya no generan empleo masivo. Este escenario no es distópico: es la trayectoria actual sin cambios de rumbo.
Para Hinton, el problema no es si llegaremos a ese punto, sino cuánto sufrimiento social acumulamos antes de implementar soluciones. Cada año de inacción multiplica la magnitud de la crisis futura.
El reloj cuenta atrás
Los datos ya reflejan el inicio de esta tendencia. En Estados Unidos se registraron más de 150,000 despidos en octubre de 2025 directamente atribuidos a automatización con IA, la peor cifra mensual en dos décadas. Sectores tecnológicos que fueron motores de empleo durante la pandemia ahora recortan plantillas porque el software realiza el trabajo humano con mayor eficiencia.
Hinton advierte que este es apenas el comienzo. Los modelos de IA actuales son primitivos comparados con los que llegarán en dos o tres años. Cuando la IA general alcance niveles de razonamiento superiores al humano promedio, la reconversión será imposible por definición. No se puede reentrenar a alguien para superar a una máquina que aprende más rápido.
El padrino de la inteligencia artificial asegura que existe un 30% de probabilidad de catástrofe existencial por IA descontrolada. Pero incluso en escenarios optimistas donde la IA permanece bajo control humano, el coste social será devastador si no actuamos ya.










