jueves, 22 enero 2026

Sari Arponen (47), médica: “Estudiar durante horas sin moverse es una de las peores decisiones para la memoria y el aprendizaje”

La médica Sari Arponen advierte que estudiar sin moverse daña la memoria y el aprendizaje, al reducir el flujo cerebral y aumentar la inflamación, en un contexto donde sedentarismo y problemas de salud ocultos afectan el rendimiento.

Sari Arponen, médica internista y divulgadora científica, advierte que “estudiar durante horas sin moverse es una de las peores decisiones para la memoria y el aprendizaje”. Cuando millones de personas pasan gran parte del día sentadas, ya sea para estudiar, trabajar o preparar exámenes, la ciencia empieza a confirmar que el problema no es solo cognitivo, sino profundamente metabólico, inflamatorio y cerebral.

Según la especialista, una parte significativa de la población vive con problemas de salud que no sabe que tiene —como la celiaquía— y otra cree que estudiar más tiempo, sin pausas ni movimiento, equivale a rendir mejor. Sin embargo, la evidencia científica muestra lo contrario.

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El error de estudiar sin moverse y la salud que no se ve

El error de estudiar sin moverse y la salud que no se ve
Fuente: Agencias

Entre el 70 y el 90% de las personas celíacas no saben que lo son. No presentan los síntomas clásicos, pero conviven con inflamación crónica, fatiga mental y dificultades de concentración. Para Arponen, este dato no es anecdótico: explica por qué muchas personas sienten que estudiar les cuesta el doble, incluso cuando se esfuerzan más.

El cuerpo no separa la mente del resto de los sistemas. Cuando alguien pasa horas estudiar sentado, sin moverse, se reduce el flujo sanguíneo cerebral, se altera la regulación de la glucosa y se favorece la neuroinflamación. El resultado no es solo cansancio: es peor memoria, menor capacidad de aprendizaje y más frustración.

Arponen insiste en que el movimiento no es un “extra saludable”, sino una necesidad biológica. Caminar unos minutos, cambiar de postura o activar los músculos grandes mejora la oxigenación cerebral y estimula la liberación de factores neurotróficos, claves para consolidar lo que se intenta estudiar. El cerebro aprende mejor cuando el cuerpo participa.

A esto se suma un error conceptual extendido: pensar que el ejercicio sirve solo para la estética. Desde la medicina interna, Arponen subraya que moverse impacta directamente en el sistema inmunitario, la microbiota, la regulación hormonal y la salud cognitiva. Estudiar sin moverse es exigirle al cerebro que funcione en condiciones desfavorables.

Microbiota, cerebro y propósito: la salud como sistema integrado

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Uno de los puntos menos conocidos que destaca la médica es la relación entre la salud oral, el intestino y el cerebro. Una boca con inflamación crónica puede alterar la microbiota intestinal y favorecer procesos inflamatorios sistémicos que afectan al rendimiento mental. En términos simples: no se puede estudiar bien con un cuerpo inflamado.

Lo mismo ocurre con los ritmos circadianos. Dormir poco, exponerse a luz artificial por la noche y vivir desconectados de la luz solar durante el día afecta la memoria, la atención y la capacidad de estudiar de forma sostenida. No es una moda ni una ideología: es fisiología básica.

Sari Arponen también introduce una idea menos habitual en el discurso de la salud: el propósito. Un cerebro sano no se define solo por la velocidad de las neuronas, sino por cómo se manifiesta en la vida cotidiana. Energía al despertar, curiosidad, capacidad de disfrutar, resiliencia frente a las dificultades. Todo eso se entrena.

Cuando alguien se sienta a estudiar sin entender para qué lo hace, el esfuerzo pesa más. La falta de propósito reduce la motivación para cuidarse, moverse o alimentarse bien. En cambio, cuando el autocuidado se vincula con un sentido vital —qué puedo aportar, cómo quiero vivir—, los hábitos se sostienen mejor en el tiempo.

Desde esta mirada, estudiar no es solo una actividad intelectual. Es un acto corporal, emocional y social. Implica cómo se come, cómo se duerme, cuánto se mueve y qué lugar ocupa ese aprendizaje en la vida de la persona. Ignorar esas conexiones es uno de los grandes errores de la cultura del rendimiento.


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