Las plataformas de delivery transformaron la manera de pedir comida a domicilio en España, pero el precio de esa comodidad supera con creces lo que la mayoría imagina. Cada vez que un usuario solicita un menú a través de una aplicación, se activan múltiples comisiones que inflan el coste final hasta niveles alarmantes.
La diferencia entre consumir en el restaurante físico y hacerlo mediante apps alcanza entre el 45% y el 65% del precio original, una brecha que se traduce en más de 1.000 euros anuales para familias que utilizan estos servicios con frecuencia habitual.
Las comisiones que nunca aparecen en pantalla
Las plataformas cobran a los restaurantes entre el 15% y el 35% por cada pedido gestionado, dependiendo del tipo de servicio contratado. Uber Eats y Just Eat aplican tarifas del 30% cuando incluyen reparto, mientras que Glovo puede llegar al 35% en zonas de alta demanda. Sin embargo, estos porcentajes no son los únicos costes ocultos en la cadena.
Los establecimientos elevan sus precios en las apps entre un 10% y un 20% adicional para compensar las comisiones de intermediación que deben pagar. Una pizza que cuesta 9,95 euros en carta puede llegar a 14,70 euros en Glovo, según comparativas realizadas en Madrid. Además, las plataformas añaden gastos de envío que oscilan entre 2 y 5 euros, más recargos por pedidos de importe mínimo insuficiente.
El cálculo exacto que demuestra el robo silencioso
Un pedido de 32 euros en restaurante se convierte en 38 euros en la app antes de aplicar costes de delivery. A eso se suma una comisión del 30% que absorbe la plataforma (11,40 euros), el envío (3 euros promedio) y el packaging (1,80 euros). El resultado final asciende a 42,80 euros, un 33,75% más caro que consumir en el local físico.
Una familia que pida comida a domicilio dos veces por semana con un gasto medio de 40 euros por pedido desembolsa 4.160 euros anuales. Si esa misma familia consumiera en restaurante físico pagaría 2.912 euros, una diferencia de 1.248 euros que se evapora exclusivamente en comisiones, envíos y sobrecostes aplicados por las plataformas.
Cómo las apps disfrazan el precio real
Las aplicaciones utilizan estrategias de presentación que ocultan el desglose completo de costes hasta el último paso de compra. Los usuarios ven el precio del menú en la carta virtual, pero los gastos de gestión, servicio y reparto aparecen fragmentados en diferentes líneas del ticket. Esta fragmentación dificulta la comparación directa con el precio que tendría el mismo pedido en el establecimiento físico.
Además, las plataformas ofrecen suscripciones premium que prometen eliminar costes de envío a cambio de cuotas mensuales entre 6 y 10 euros. Sin embargo, estos planes no reducen las comisiónes que los restaurantes pagan ni los sobrecostes aplicados a los menús. El usuario ahorra en envíos pero sigue pagando entre un 20% y un 30% más por cada plato respecto al precio original.
Alternativas para reducir el gasto anual
Los restaurantes con reparto propio permiten ahorrar hasta el 25% del coste total al eliminar las comisiones de intermediación. Muchos establecimientos ofrecen descuentos directos a clientes que llaman por teléfono o utilizan sus plataformas web propias. Esta opción reduce drásticamente el sobreprecio, aunque requiere renunciar a la comodidad de tener todas las opciones concentradas en una sola aplicación.
Otra estrategia efectiva consiste en recoger el pedido personalmente cuando la distancia lo permite. Los restaurantes suelen mantener sus precios de carta para pedidos de recogida, eliminando tanto los gastos de envío como los sobrecostes aplicados para compensar comisiones. Un usuario que alterne entre delivery y recogida puede reducir su gasto anual en apps hasta un 40%, ahorrando más de 500 euros sin renunciar completamente a la comodidad del servicio.










