Cuando Óscar García, ingeniero informático de 39 años, escuchó por primera vez la palabra Bitcoin en 2013, pensó que se trataba de “algo friki, propio de foros muy técnicos”. En aquel momento trabajaba en una empresa de software en Madrid y lo único que sabía de las criptomonedas era que no las controlaban los bancos y que su valor parecía moverse de forma imprevisible. Lo que no imaginaba es que, una década después, España se convertiría en uno de los países europeos con mayor número de usuarios de criptoactivos.
La llegada de las criptomonedas a España fue lenta, discreta y rodeada de escepticismo. Durante años, fueron vistas como una curiosidad tecnológica sin recorrido real. Sin embargo, el tiempo demostró que ese fenómeno estaba lejos de ser pasajero.
Bitcoin, la primera en aterrizar
La primera criptomoneda que llegó a España fue, como en casi todo el mundo, Bitcoin. Su aparición empezó a notarse entre 2011 y 2012, cuando pequeños grupos de programadores, expertos en ciberseguridad y entusiastas de la tecnología comenzaron a hablar de una moneda digital descentralizada, basada en blockchain y ajena al sistema financiero tradicional.
En aquellos primeros años, adquirir Bitcoin en España no era sencillo. No existían plataformas accesibles en español ni aplicaciones móviles intuitivas. La compra se hacía a través de foros, transferencias entre particulares o webs extranjeras poco conocidas. Óscar recuerda que un compañero de trabajo llegó a pagar varias pizzas con bitcoins “solo por probar cómo funcionaba”, sin imaginar el valor que tendrían más adelante.
Las primeras comunidades cripto en España
Antes de que las criptomonedas llegaran al gran público, surgieron pequeñas comunidades en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia. Se organizaban encuentros informales en bares o espacios de coworking donde se hablaba de minería, claves privadas y carteras digitales.
En ese momento, la minería de Bitcoin todavía era viable desde casa, usando ordenadores personales. Algunos pioneros españoles llegaron a minar bitcoins casi por curiosidad, acumulando pequeñas cantidades que, con los años, se revalorizaron enormemente.
Óscar no dio el paso entonces. “Parecía demasiado complicado y poco práctico”, recuerda. Como muchos otros, observó el fenómeno desde la barrera.
Ethereum y el salto a algo más que dinero digital
El verdadero punto de inflexión llegó con Ethereum, que empezó a ganar presencia en España a partir de 2016. A diferencia de Bitcoin, Ethereum introducía el concepto de contratos inteligentes, lo que ampliaba enormemente las posibilidades del blockchain.
Fue entonces cuando perfiles más variados comenzaron a interesarse por las criptomonedas: emprendedores, diseñadores, abogados tecnológicos e incluso pequeñas empresas. Ya no se hablaba solo de dinero digital, sino de nuevas formas de crear aplicaciones, gestionar activos o automatizar procesos.
Óscar compró su primera fracción de Ethereum en 2017, empujado por la curiosidad y por el auge mediático que empezaban a tener las criptomonedas.
El boom de 2017 y la llegada al gran público
El año 2017 marcó un antes y un después. La subida vertiginosa del precio de Bitcoin y otras criptomonedas hizo que el tema saltara a conversaciones familiares, medios de comunicación y tertulias de bar. En España, muchas personas compraron criptomonedas por primera vez movidas por el miedo a “quedarse fuera”.
Ese boom también trajo sus primeras decepciones. Tras la euforia llegó una fuerte caída de precios que hizo que muchos abandonaran el mercado. Otros, como Óscar, decidieron mantenerse y aprender de la experiencia.

España, un país especialmente receptivo
Con el paso del tiempo, España se consolidó como un país especialmente receptivo a las criptomonedas. Factores como la digitalización, la desconfianza tras la crisis financiera y el interés por nuevas formas de inversión impulsaron su adopción.
Hoy, las criptomonedas forman parte del paisaje financiero español. Existen plataformas adaptadas al mercado nacional, profesionales especializados y un marco fiscal cada vez más definido. Lo que empezó como una rareza tecnológica se ha convertido en una realidad cotidiana para miles de personas.
Óscar lo resume con cierta ironía: “Al final, aquello que parecía una moda rara terminó siendo una de las transformaciones financieras más grandes que he visto en mi vida”.








