miércoles, 21 enero 2026

Fernando Leal, doctor en nutrición clínica: “El tubo digestivo es el eje del cuerpo, incluso por encima de otros órganos”

- Normalizar la hinchazón y los gases puede estar ocultando un problema digestivo con impacto en toda la salud.

El tubo digestivo habla antes de enfermar, pero solemos escucharle cuando ya duele. Sentirse inflamado, con gases o con molestias digestivas se ha vuelto tan común que casi nadie lo cuestiona. “Será lo normal”, pensamos, y seguimos adelante. Pero el Fernando Leal pone el freno justo ahí. Para él, asumir esa incomodidad diaria como parte de la rutina es uno de los grandes errores de la salud moderna. La inflamación abdominal no es una rareza sin importancia: es una señal temprana de que algo no está funcionando bien en el sistema digestivo, y eso importa más de lo que creemos, porque muchos problemas crónicos empiezan precisamente ahí.

Como él mismo resume sin rodeos: “Andar inflamados no es nada normal… los problemas crónico-degenerativos empiezan en el tubo digestivo”. El problema, añade, es que solemos apagar el síntoma sin buscar la causa. Calmamos el malestar, pero dejamos intacto el origen. Y no, el dinero tampoco nos salva. De hecho, Leal observa que quienes tienen más poder adquisitivo suelen arrastrar digestiones aún más castigadas, muchas veces por el abuso de alimentos ultraprocesados.

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La digestión empieza mucho antes del estómago

tubo digestivo
La inflamación abdominal no es normal, es una señal de alerta temprana. Fuente: IA

Uno de los puntos que más sorprende de su análisis es la importancia que da a la boca. La digestión no empieza en el estómago, empieza al masticar, y esto se nos olvida constantemente. Descuidar la salud bucal tiene consecuencias directas en el intestino. Leal alerta, por ejemplo, sobre las amalgamas de mercurio, que considera tóxicas y capaces de alterar el pH bucal, con efectos en el sistema nervioso y el inmunológico (algo que rara vez se tiene en cuenta).

A esto se suma un hábito tan básico como olvidado: beber agua. El doctor recomienda aproximadamente un litro por cada 25 kilos de peso corporal para asegurar una correcta producción de saliva, clave en la primera fase de la digestión. Y luego está la masticación. Comer deprisa, casi sin masticar, es como enviarle trabajo extra al estómago desde el minuto uno. Los sólidos deberían llegar casi líquidos. Parece exagerado, pero marca la diferencia.

El tubo digestivo es el eje del cuerpo1 Merca2.es
El intestino influye en la energía, el ánimo y la salud general. Fuente: IA

Para quienes sufren gastritis, Leal propone un gesto sencillo y poco glamuroso, pero eficaz: una cucharada de aceite de oliva o de aguacate en ayunas. “El aceite en ayunas prepara el intestino porque permite que los ácidos grasos abran bien los canales del tubo digestivo y mejore la absorción”, explica. Nada mágico. Pura fisiología.

Gases, microbiota y lo que realmente los provoca

El tubo digestivo es el eje del cuerpo3 Merca2.es
Una microbiota dañada altera la digestión y el bienestar diario. Fuente: IA

Sobre los gases, el especialista matiza algo importante. Producir entre 12 y 18 al día puede entrar dentro de la normalidad, siempre que no sean excesivos ni huelan mal. Cuando esto cambia, suele haber un desequilibrio de la microbiota o incluso parásitos. En ese contexto, alimentos tan bien vistos como el brócoli o la coliflor pueden generar metano y empeorar la hinchazón. No es que sean “malos”, es que un intestino dañado no los gestiona bien, y a veces conviene retirarlos temporalmente.

Leal también señala a los azúcares y edulcorantes como enemigos silenciosos del intestino, ya que dañan la microbiota y favorecen la fermentación. Y advierte sobre ciertas combinaciones habituales, como mezclar carne con lácteos o con pan con gluten. Una auténtica “bomba” digestiva, en sus palabras. “Lo normal es que el gas no huela fuerte ni sea excesivo. Cuando las bacterias están desordenadas, la producción aumenta”, puntualiza.

La mala digestión no se queda en la barriga. Según Leal, la inflamación intestinal puede reducir la energía vital hasta en un 40 %, afectar al estado de ánimo —porque gran parte de la serotonina se regula en el intestino— y reflejarse en la piel, las uñas o incluso en un envejecimiento más rápido. Y hay un detalle más que solemos pasar por alto: la postura. Comer encorvados o mirando el móvil comprime las terminales nerviosas que regulan el movimiento intestinal. “Se apachurran”, dice gráficamente. Y el intestino lo nota.

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