Sebastián La Rosa, médico clínico con foco en metabolismo y salud hormonal, vuelve a poner en debate a la dieta cetogénica (keto). En un contexto de fatiga crónica, acné persistente y desórdenes metabólicos cada vez más frecuentes, el especialista sostiene que este régimen alimenticio puede mejorar el acné y algunos desbalances hormonales, aunque advierte que no es una solución universal.
La promesa de bajar de peso rápido suele ser el principal atractivo de esta dieta, pero La Rosa propone ir más allá del marketing nutricional: entender cómo funciona, qué beneficios reales ofrece y qué riesgos implica antes de adoptarla. La clave, insiste, está en el contexto y la individualización.
¿Qué es la dieta cetogénica y por qué genera tantos resultados?

La dieta cetogénica se basa en un cambio profundo del metabolismo energético. En condiciones normales, el cuerpo obtiene energía principalmente de la glucosa, derivada de los hidratos de carbono. Sin embargo, cuando estos se reducen de forma drástica, el organismo activa una vía alternativa: la utilización de grasas.
Ese proceso, conocido como cetosis, lleva al hígado a producir cuerpos cetónicos, moléculas que funcionan como combustible para músculos, órganos y, parcialmente, para el cerebro. Para alcanzarlo, la dieta debe ser muy alta en grasas (más del 70% de las calorías diarias), moderada en proteínas y extremadamente baja en hidratos de carbono.
Según La Rosa, el principal beneficio es claro: “Al forzar este cambio metabólico, el cuerpo accede a sus propias reservas de grasa, lo que acelera la pérdida de tejido adiposo”. No es un dato menor: un adulto promedio almacena más de 100.000 calorías en forma de grasa corporal.
Pero el impacto no se limita al peso. Al estabilizar los niveles de azúcar en sangre, esta dieta puede generar una energía más constante durante el día. Menos picos, menos caídas bruscas y, en muchos casos, mejor concentración.
Otro efecto frecuente es la reducción del apetito. Al usar grasa como fuente principal de energía, muchas personas necesitan comer menos cantidad, algo que facilita el descenso de peso, aunque puede ser un problema en individuos con metabolismo muy acelerado o bajo peso.
Beneficios hormonales, acné y los límites de la cetosis
Uno de los puntos más interesantes que destaca Sebastián La Rosa es el impacto hormonal. “La dieta cetogénica puede mejorar el acné y algunos desbalances hormonales porque reduce la insulina y mejora la sensibilidad a esta hormona”, explica. Esto resulta especialmente relevante en cuadros como el síndrome de ovario poliquístico o el síndrome premenstrual, donde la resistencia a la insulina suele jugar un rol central.
También existen evidencias de beneficios neurológicos. Los cuerpos cetónicos generan menos estrés oxidativo que la glucosa y pueden tener un efecto protector sobre el cerebro. Sin embargo, La Rosa aclara un punto clave que suele omitirse: el cerebro no puede funcionar exclusivamente con cetonas. Algunas áreas necesitan sí o sí glucosa, razón por la cual incluso en cetosis se requieren pequeñas cantidades de hidratos de carbono.
No todo es positivo. El ingreso a esta dieta implica un período de adaptación. Durante las primeras 24 a 48 horas pueden aparecer síntomas conocidos como “gripe keto”: dolor muscular, escalofríos, fatiga mental o dificultad para concentrarse. La causa principal suele ser la pérdida de sodio y el vaciamiento del glucógeno muscular.
El sueño también puede verse afectado. El cambio metabólico representa un estrés para el organismo y puede elevar el cortisol, impactando en la calidad del descanso. A esto se suma el característico aliento a acetona y las alteraciones digestivas, como constipación, asociadas a la menor ingesta de fibra.
En el plano deportivo, la dieta muestra otra limitación: el rendimiento en ejercicios aeróbicos prolongados suele disminuir. Por eso, muchos atletas recurren al ciclado de hidratos de carbono, combinando períodos de cetosis con fases de mayor consumo de carbohidratos.









