miércoles, 21 enero 2026

Cumpleaños infantiles que se alargan: cuando la fiesta de 1 niño acaba en guerra vecinal

Laura Sánchez, 37 años, jamás imaginó que el origen de uno de los mayores conflictos en su comunidad de vecinos sería un castillo hinchable en cumpleaños infantiles. Y es que vive en un edificio residencial de cinco plantas en el extrarradio de Valencia y, desde hace dos años, tiene la sensación de que los cumpleaños del piso de abajo duran más que algunos festivales de verano.

La familia responsable es la de Marcos y Elena Torres, padres de dos niños de 5 y 8 años. “Nos gusta celebrarles el cumpleaños en casa, con sus amigos, globos y juegos”, explica Elena. El problema, según varios vecinos, no es la celebración en sí, sino que empieza a las once de la mañana… y puede acabar entrada la noche.

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De una merienda infantil a un ruido constante en cumpleaños infantiles

Todo comienza de forma aparentemente inocente: música infantil, risas, carreras por el pasillo y algún que otro globo explotando. “Eso lo entiendes”, reconoce Laura. “Son niños y es normal”. El conflicto surge cuando la fiesta no se limita a una o dos horas.

En los cumpleaños de los Torres, tras la merienda infantil llega la comida para adultos, después los juegos en el patio comunitario y, finalmente, la música vuelve a subir por la tarde. “A las siete u ocho de la tarde ya no hablamos de niños jugando, sino de adultos charlando a gritos y niños corriendo por las escaleras”, denuncia Laura.

El patio comunitario, centro del conflicto

Uno de los puntos más delicados es el uso de las zonas comunes. En más de una ocasión, la familia ha instalado mesas, altavoces e incluso un pequeño hinchable en el patio comunitario sin pedir permiso previo. “El patio no es un salón de eventos”, protesta Manuel Ortega, 61 años, vecino del primero. “Un sábado entero sin poder abrir las ventanas porque hay ruido constante”.

Desde la familia Torres se defienden: “Nunca hemos pensado que molestáramos tanto. El patio está para usarlo y los niños tienen derecho a jugar”, sostiene Marcos. Asegura que intentan recoger antes de que anochezca, aunque reconoce que “a veces se alarga”.

cumpleaños infantiles
Los cumpleaños infantiles pueden resultar un incordio para el resto de vecinos

¿Qué dice la normativa sobre este tipo de cumpleaños infantiles?

Aunque se trate de cumpleaños infantiles, la ley no distingue entre ruido “de niños” y ruido “de adultos”. Si se superan los niveles permitidos o se hace un uso indebido de las zonas comunes, puede considerarse una actividad molesta. Además, muchas comunidades recogen en sus estatutos límites claros sobre el uso del patio o el horario de celebraciones, también de cumpleaños infantiles.

La presidenta de la comunidad, Pilar Gómez, 48 años, confirma que han recibido varias quejas formales. “No es un problema puntual, es algo recurrente”. Tras debatirlo en junta, se decidió recordar por escrito que las zonas comunes no pueden usarse para eventos privados sin autorización y que cualquier celebración debe respetar los horarios de descanso.

El desgaste de convivir con ruido “infantil”

Uno de los argumentos más repetidos por los vecinos afectados es que el ruido constante, aunque venga de niños, también agota. “No es que no te gusten los niños”, aclara Laura. “Es que llevas ocho horas oyendo gritos, música y carreras. Y eso cansa”.

Algunos vecinos reconocen que se sienten incómodos quejándose porque temen parecer intolerantes.Te hacen sentir culpable, como si estuvieras en contra de los niños”, comenta Manuel. “Pero una cosa es un rato y otra convertir el edificio en un parque de bolas”.

Intentos de mediación y tensión latente

Tras varias discusiones, se intentó una solución intermedia: limitar los cumpleaños a un horario concreto y evitar el uso del patio para fiestas largas. La familia aceptó, aunque no de buen grado. “Nos sentimos señalados”, confiesa Elena. “Solo queremos que nuestros hijos disfruten”.

Desde entonces, la convivencia es correcta, pero fría. “Ya no hay saludos en el ascensor”, admite Laura. “El ruido ha bajado, pero el mal ambiente sigue”.

Un conflicto cada vez más común

Las celebraciones infantiles prolongadas se han convertido en una fuente habitual de conflictos vecinales, especialmente en edificios con muchas familias jóvenes. Los expertos en convivencia insisten en que la clave está en el equilibrio: celebrar, sí, pero sin olvidar que se vive en comunidad. Porque, como resume Manuel con resignación, “un cumpleaños dura un día, pero los vecinos siguen ahí todo el año”.


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