El fraude inmobiliario se ha convertido en una amenaza creciente para quienes buscan comprar vivienda en España. Durante 2025, los casos de estafas relacionadas con la compraventa de inmuebles han aumentado un 40%, según datos del sector inmobiliario español.
La mayoría de estos fraudes se basan en la suplantación de identidad del vendedor o en la venta de propiedades que no pertenecen a quien las ofrece. Por ello, conocer las señales de alerta resulta fundamental para proteger el patrimonio familiar antes de firmar cualquier documento.
Precios sospechosamente bajos delatan operaciones fraudulentas
Cuando una vivienda se ofrece a un precio muy inferior al valor de mercado, los expertos recomiendan extremar las precauciones. Los estafadores utilizan esta estrategia para atraer rápidamente a compradores desesperados por encontrar oportunidades.
Esta táctica genera urgencia y presiona a las víctimas para que tomen decisiones apresuradas sin verificar la documentación. En muchos casos, los precios irreales esconden propiedades embargadas, con deudas ocultas o simplemente inexistentes.
Comparar el precio ofertado con inmuebles similares de la zona permite detectar estas irregularidades. Las diferencias superiores al 20% sin justificación clara deben considerarse una señal de alarma inmediata que requiere investigación profunda.
Señales documentales que confirman intentos de estafa
✓ Vendedor que se niega a mostrar el DNI original o presenta copias de mala calidad
✓ Ausencia de nota simple del Registro de la Propiedad actualizada
✓ Documentación presentada con errores ortográficos o datos inconsistentes
✓ Contratos sin revisión notarial o con cláusulas ambiguas
✓ Solicitud de pagos en efectivo sin recibo oficial
✓ Resistencia a proporcionar números de contacto verificables
✓ Presión para firmar rápidamente sin tiempo para consultar agentes inmobiliarios profesionales
La nota simple revela información crucial del propietario
Solicitar la nota simple del Registro de la Propiedad constituye el paso más importante para evitar fraudes inmobiliarios. Este documento oficial muestra el nombre del propietario real, las cargas hipotecarias existentes y posibles embargos sobre el inmueble.
Cualquier persona puede solicitar este truco de forma presencial en el Registro de la Propiedad o a través de la web del Colegio de Registradores. El coste de este trámite ronda los 9 euros, una inversión mínima frente al riesgo de perder decenas de miles de euros.
La nota simple debe coincidir exactamente con los datos del vendedor. Cualquier discrepancia entre el nombre que aparece en el documento oficial y quien firma el contrato indica un posible fraude que debe denunciarse inmediatamente.
Verificación de identidad mediante legitimación notarial
Exigir la legitimación notarial del DNI del vendedor añade una capa adicional de seguridad contra las suplantaciones de identidad. Este procedimiento obliga al vendedor a presentarse ante notario con su documento original para verificar su autenticidad.
El notario comprueba que la fotografía, la firma y los datos biométricos del documento corresponden con la persona física. Además, certifica que el DNI no presenta alteraciones ni falsificaciones mediante sistemas de verificación profesionales.
Aunque este trámite supone un coste adicional de entre 30 y 60 euros, garantiza que quien firma el contrato es realmente el propietario registral. Los estafadores suelen rechazar este requisito y abandonan la operación al verse descubiertos.
Consultas presenciales evitan estafas por internet
Las operaciones inmobiliarias realizadas exclusivamente por correo electrónico o aplicaciones de mensajería presentan mayor riesgo de fraude. Los estafadores prefieren evitar el contacto presencial para no ser identificados ni localizados posteriormente.
Insistir en visitar físicamente el inmueble acompañado del vendedor permite verificar que realmente tiene acceso a la propiedad. Solicitar una videollamada donde el vendedor muestre su rostro y DNI original también ayuda a descartar identidades falsas.
Las comunicaciones con errores ortográficos graves, vocabulario extraño o sentido de urgencia excesivo revelan intentos de estafa. Los vendedores legítimos aceptan sin problemas reunirse en persona y facilitar toda la documentación necesaria para cerrar la venta con transparencia.










