Vicente Garrido Genovés, catedrático de Educación y Criminología y una de las máximas autoridades en el estudio de la psicopatía, asegura que la posición de poder determina el tipo de daño que puede ejercer un psicópata en el trabajo. El mundo de trabajo está marcado por la incertidumbre y, en este contexto, identificar estas dinámicas se ha vuelto más crucial que nunca.
El auge de entornos corporativos tóxicos, liderazgos abusivos y conflictos internos ha puesto el foco en una figura tan invisible como dañina: el psicópata integrado en la estructura de la empresa. ¿Cómo actúa? ¿Qué señales deja? ¿Y, sobre todo, cómo protegerse cuando no hay una salida inmediata?
Cuando el poder amplifica la psicopatía en la empresa
Para Garrido, el primer error habitual es pensar que el psicópata se comporta igual en cualquier circunstancia. No lo hace. Su conducta varía radicalmente según el lugar que ocupa en la jerarquía. No es lo mismo un psicópata jefe que un compañero o un subordinado. El poder no crea la psicopatía, pero sí amplifica sus efectos.
En posiciones directivas, el psicópata dispone de herramientas que otros no tienen: capacidad de coacción, control de recursos, influencia sobre promociones y despidos. Esto le permite ejercer un daño más estructural y sostenido. Una de las señales más claras, explica Garrido, es la incongruencia constante entre el discurso y la acción.
Un directivo que habla de “familia empresarial”, cohesión y valores compartidos, pero fomenta divisiones internas, enfrenta a empleados entre sí o aísla a quienes percibe como amenaza, está mostrando una grieta reveladora. El psicópata utiliza narrativas emocionales para avanzar en sus ambiciones personales, sin empatía real por el impacto en los demás.
Otro rasgo frecuente es la volatilidad emocional. Decisiones desproporcionadas, castigos absurdos o medidas crueles se adoptan no por estrategia, sino por reacción emocional. Cuando el psicópata tiene poder, actúa “porque puede”, no porque sea necesario. En ese ejercicio arbitrario del mando, la dignidad del trabajador suele ser la primera víctima.
Sobrevivir a un psicópata: Desconexión emocional y estrategias

Más allá del abuso visible, Vicente Garrido Genovés señala una tercera pista clave: la insuficiencia emocional. El psicópata no logra establecer vínculos humanos genuinos. Las relaciones se quedan en la superficie, cargadas de clichés, frases hechas y una sensación persistente de vacío. No hay reciprocidad emocional, solo utilidad.
Esta característica puede pasar desapercibida si el contacto es limitado, pero se vuelve evidente en relaciones laborales cercanas. Cuando el trato cotidiano no avanza nunca hacia una confianza real, cuando todo suena impostado, conviene prestar atención. El psicópata se camufla bien, pero no conecta.
¿Qué hacer cuando no es posible abandonar el trabajo? Garrido es realista: no siempre existe una alternativa laboral inmediata. En esos casos, propone una combinación de resistencia psicológica y autoprotección práctica. Inspirarse en el estoicismo clásico, reducir la exposición directa al agresor, documentar órdenes poco éticas, buscar testigos y apoyos internos son formas de crear un muro de contención.
El objetivo no es ganar, sino preservar la salud mental. Frente a un psicópata, la confrontación directa suele ser inútil. Tomar distancia emocional y estratégica resulta más eficaz que intentar desenmascararlo abiertamente.
El catedrático también aborda una cuestión incómoda: la diferencia de género. Estadísticamente, hay más hombres psicópatas que mujeres, con una proporción aproximada de siete a tres. Esto no significa que no existan mujeres psicópatas, sino que sus formas de agresión suelen ser distintas. Mientras el hombre tiende a una violencia más directa, la mujer psicópata destaca en la violencia relacional: aislamiento, difamación, manipulación del entorno social.
Tras décadas de vida profesional, Garrido reconoce haberse cruzado con “muchos” psicópatas. La clave, insiste, no es obsesionarse, sino aprender a identificarlos. Saber quién es quién no implica estar rodeado de ellos, pero sí evita caer en su radio de acción.









