La incorporación del vehículo eléctrico dentro de nuestras vidas es un fenómeno que poco a poco se está expandiendo más, gracias a los avances en materia de la proliferación de los puntos de carga que hacen viable la adquisición de esta clase de vehículos. No obstante, aún existen problemas como la independencia de la batería y más importante aún, cómo hacer que nos dure sin tener que pasar por el mecánico.
Para resolver esta cuestión, Geotab ha realizado un informe que analiza hasta más de 22.700 vehículos eléctricos de 21 marcas y modelos, a partir de varios años de información telemática agregada en el que concluye con que la degradación de la batería oscila en función del tipo de carga al que se le exponga. Teniendo una degradación de un 3% en los casos donde se combine la alta frecuencia de carga y voltajes elevados que superen los 100kW; mientras que en caso de baja frecuencia de carga con voltajes de baja intensidad, su degradación anual se reduce a niveles del 1,8%.
¿Cómo funciona la degradación de las baterías en un coche eléctrico?
La degradación, lejos de parecer un fallo de diseño, es un fenómeno completamente normal entre cualquier dispositivo que se cargue y descargue ¿A quién no le ha pasado alguna vez que la batería de su teléfono móvil dura menos que antes? Este suceso se debe a que en cada proceso de carga y descarga genera un desgaste progresivo de los materiales internos de la batería, especialmente en los electrodos. Cuando este proceso se realiza a altas potencias, como ocurre con la carga rápida en corriente continua, el estrés térmico y eléctrico aumenta de forma considerable, acelerando los mecanismos de envejecimiento de la batería.
Esto se traduce en que en definitiva, uno de de los principales factores que influyen en esta degradación acelerada es la temperatura. Aunque los vehículos eléctricos modernos incorporan avanzados sistemas de gestión térmica, estos no eliminan por completo el impacto del calor, sino que lo mantienen dentro de márgenes considerados seguros por los fabricantes.
Otro aspecto clave, es la frecuencia con la que se recurre a este tipo de carga. El informe de Geotab señala que no es tanto el uso puntual de cargadores rápidos lo que compromete la salud de la batería, sino su utilización de forma habitual como método principal de recarga. Esto se traduce en que los conductores que dependen casi exclusivamente de la carga rápida, especialmente en entornos urbanos donde podrían optar por cargas más lentas, son los que presentarían mayores tasas de degradación a largo plazo.
Por otro lado, el clima es otro factor a tener en cuenta, aunque su efecto resulta relativamente moderado. Los vehículos que operan en regiones más cálidas presentan una degradación ligeramente superior, en torno a un 0,4% anual adicional, en comparación con aquellos que circulan en climas templados.

Desde el punto de vista del usuario, puede parecer que la expansión de los puntos de carga rápida son una suerte de “trampa” para rascar su bolsillo, pero nada más lejos de la realidad. Los dispositivos de carga rápida han proliferado por garantizar la comodidad del usuario del vehículo eléctrico garantizando una forma rápida y equivalente a echar gasolina para vehículos que usan combustibles fósiles.
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Esto se traduce en que los fabricantes ya cuentan con la degradación de las baterías en su diseño, de esta forma sabiendo estos limites, buscan preservar al máximo la vida útil de estos vehículos.
Por lo que la recomendación de Geotab para preservar la capacidad de las baterías en los vehículos eléctricos no está en evitar la carga rápida, sino en utilizarla de forma estratégica. Priorizar la carga en corriente alterna de baja o media potencia para el uso diario y reservar la carga rápida para viajes largos o situaciones puntuales puede marcar una diferencia significativa en la conservación de la batería a largo plazo. Para las flotas, además, el uso de datos telemáticos y sistemas de gestión inteligente permite optimizar los patrones de carga y equilibrar productividad y durabilidad.
En definitiva, la degradación de la batería de un coche eléctrico es un proceso inevitable, pero en gran medida gestionable. Con una estrategia de carga adecuada y un uso consciente de la infraestructura disponible, es posible prolongar su vida útil sin renunciar a las ventajas que ofrece la movilidad eléctrica.








