Hablar de salud hoy es hablar de piezas sueltas: el cerebro por un lado, la genética por otro, los hábitos en un cajón distinto. Albert Xamena, bioquímico, neurocientífico y profesor de yoga, propone justo lo contrario. Una mirada integradora, casi artesanal, donde todo conversa con todo. Biología, tecnología genética, emociones, cuerpo y entorno. Nada va solo. Y, cuando lo escuchas, tiene sentido (mucho más del que parece a primera vista).
Xamena insiste en algo que a veces olvidamos: el cuerpo no es una máquina con piezas intercambiables, sino un sistema vivo que se adapta, se desajusta y vuelve a buscar equilibrio en función de cómo vivimos.
El cerebro ya no manda solo

Durante años nos enseñaron que el cerebro lo controlaba todo. Era el dictador. El que daba órdenes. Hoy, la neurociencia empieza a contar otra historia. Xamena lo explica con una imagen muy clara: el cerebro es más bien un director de orquesta. Coordina, sí, pero necesita a los músicos. Al intestino, al corazón, al sistema inmunitario. Sin ellos, no hay música.
El problema aparece cuando ese director trabaja con una partitura antigua. Nuestro cerebro evolucionó durante millones de años en la naturaleza, preparado para huir, ahorrar energía y sobrevivir a la escasez. Pero el mundo cambió en un abrir y cerrar de ojos evolutivo. Ciudades, pantallas, comida infinita. Resultado: el cerebro detecta peligros donde no los hay y nos empuja a decisiones que ya no nos benefician. Comer de más, vivir en alerta, no saber parar.
Como dice el propio Xamena, el cerebro siempre busca tu bienestar. El fallo no es la intención. Es el contexto.
Microbiota, hábitos y cáncer: lo que sí está en nuestras manos

Uno de los momentos más contundentes de su reflexión llega al hablar de cáncer. Xamena recuerda que hasta el 50 % de los cánceres son prevenibles con hábitos de vida. No como promesa milagro, sino como dato. Define el cáncer como un proceso en el que las células se vuelven “anárquicas”, dejan de obedecer las señales de muerte celular y empiezan a reproducirse sin control.
Aquí entran en juego factores bien conocidos: tabaco, alcohol, carne procesada, contaminación. Pero también algo menos visible y fundamental: la microbiota intestinal. Ese universo de microorganismos no solo ayuda a digerir. También influye en cómo nos sentimos, cómo reaccionamos y cómo gestionamos el estrés, a través del nervio vago.
Una microbiota sana necesita diversidad, alimentos reales y tiempo. Los antibióticos innecesarios y las dietas pobres pasan factura. Por eso Xamena reivindica la dieta mediterránea, rica en aceite de oliva y antioxidantes, como una aliada silenciosa pero poderosa frente a la inflamación crónica.
Cuando rezar, respirar o hacer yoga cambia tus genes

Aquí la conversación da un giro interesante. Xamena entra en el terreno de la epigenética, ese punto donde los hábitos modifican cómo se expresan los genes. Y lanza una idea que rompe prejuicios: prácticas consideradas “espirituales” tienen efectos biológicos medibles.
Rezar, meditar, hacer yoga. Parar el día. Respirar. No es solo calma mental, explica, sino cambios reales a nivel génico. Menos inflamación, mejor regulación del sistema nervioso, un sistema inmunitario más afinado. No importa tanto la religión o la técnica concreta. Importa el acto de parar y escuchar al cuerpo.
A veces pensamos que cuidarnos requiere hacer más. Y no. A veces cuidarse es detenerse.
Genética avanzada y el límite ético
Mirando al futuro, Xamena aborda la genética avanzada. Herramientas como CRISPR ya permiten corregir genes responsables de ciertas cegueras o anemias. Es un avance enorme. Pero también abre dilemas incómodos. La posibilidad técnica de crear humanos más resistentes al estrés o más inteligentes existe. Lo que frena esa puerta es la ética.
Y, como curiosidad inquietante, aparece el microquimerismo: el intercambio de células entre madre e hijo durante el embarazo, o incluso entre hermanos. Personas con células que no son genéticamente “suyas” al cien por cien. Algo que, por cierto, pone en cuestión la fiabilidad absoluta de algunos test de ADN.








