lunes, 19 enero 2026

Cuidado con el calcio: el error “saludable” que podría estar endureciendo tus arterias

- Cómo cambian las vitaminas a partir de los 60 y por qué elegir bien puede marcar la diferencia en tu salud diaria.

El calcio, mal entendido, puede convertirse en un enemigo silencioso de la salud cardiovascular. Cumplir 60 no es cruzar una línea invisible, pero sí notar que el cuerpo empieza a comportarse de otra manera. Las mismas rutinas ya no tienen el mismo efecto, y aquello que antes pasaba desapercibido ahora deja huella. El metabolismo se vuelve más pausado, el hígado y los riñones trabajan con menos margen de error y los nervios —como cables antiguos— se vuelven más delicados.

Todo esto crea un escenario nuevo, distinto al de los 40 o los 50. Algunos suplementos que parecían inocentes pueden empezar a acumularse y causar problemas, mientras que otros, curiosamente, se vuelven imprescindibles para seguir sintiéndonos ágiles, independientes y mentalmente despiertos. ¿No es paradójico?

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Por eso conviene hacer una pausa y revisar qué estamos tomando y por qué. Porque no, no todas las vitaminas son buenas solo por llamarse vitaminas.

Vitaminas que conviene frenar antes de que pasen factura

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A partir de los 60, el cuerpo procesa los nutrientes de forma diferente. Fuente:Canva

Empecemos por la vitamina A en forma de retinol. Aquí está la trampa: no es lo mismo obtenerla de una zanahoria que de una cápsula. El retinol se va quedando en el hígado poco a poco, sin avisar. Y cuando se acumula demasiado, aparecen la fatiga persistente, los mareos, la fragilidad ósea o incluso alteraciones del ritmo cardíaco. Mejor apostar por los alimentos y dejar los suplementos solo para cuando un médico lo indique.

El hierro es otro caso delicado. A partir de cierta edad, el cuerpo ya no lo elimina con facilidad. Lo guarda. Y ese exceso termina oxidando por dentro, afectando al corazón, al cerebro y a la circulación. Lo que antes fortalecía, ahora puede sobrecargar.

Algo parecido ocurre con el calcio aislado. Tomarlo sin vitamina D3, K2 o magnesio es como mandar una carta sin dirección: no llega a los huesos y acaba en lugares donde no debería estar, como las arterias. Resultado: rigidez, cálculos renales, estreñimiento… y algún susto cardiovascular.

Y atención a la vitamina B6 en dosis altas. Se asocia a energía, sí, pero en exceso puede dañar los nervios. Hormigueo, torpeza al caminar, pérdida de equilibrio… síntomas que muchas personas achacan a “cosas de la edad”, cuando en realidad no lo son.

Los nutrientes que se vuelven aliados silenciosos

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No todas las vitaminas ayudan: algunas pueden acumularse y pasar factura. Fuente:Canva

La buena noticia es que hay vitaminas y minerales que, bien utilizados, marcan una diferencia real. El magnesio, por ejemplo, es un todoterreno. Ayuda al corazón, al descanso, a los músculos y al sistema nervioso. Su déficit es muy común y se nota en calambres, ansiedad o palpitaciones (esa sensación incómoda que aparece justo cuando intentas relajarte).

La vitamina D3 también gana protagonismo. Con los años, la piel deja de fabricar suficiente con la luz solar. Y su ausencia se traduce en debilidad muscular, más caídas y defensas bajas. No es solo una vitamina, es una base.

La vitamina B12 merece mención especial. Cuando el estómago produce menos ácido, se absorbe peor. Y su carencia puede imitar una demencia temprana: despistes, confusión, mareos. A veces no es la memoria la que falla, es el nutriente que falta.

Y luego están los omega-3 (EPA y DHA), ese escudo discreto que protege cerebro, corazón y articulaciones. No los fabrica el cuerpo, pero su aporte regular ayuda a mantener la mente clara y el cuerpo más suelto, menos rígido.

Elegir bien para envejecer mejor

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Elegir bien los suplementos es una forma de proteger tu autonomía. Fuente:Canva

Envejecer con vitalidad no suele depender de grandes gestos, sino de decisiones pequeñas y constantes. Lo que tomamos cada día suma… o resta. Mientras que el retinol, el hierro, el calcio aislado o la B6 en exceso pueden ir “endureciendo” el organismo desde dentro, el magnesio, la D3, la B12 y los omega-3 trabajan en equipo para sostener la energía, la movilidad y la confianza.

La clave no está en tomar más, sino en tomar mejor. Informarse, personalizar y, siempre que sea posible, hacerlo con acompañamiento profesional. Porque cuidarse a los 60 no es rendirse al paso del tiempo, es aprender a caminar con él.

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