La entrada de Estados Unidos en Venezuela ha supuesto un golpe en el tablero geopolítico internacional, y mientras existen expectativas sobre el futuro político del país caribeño, muchos analistas miran con cautela la implantación de sus recursos estratégicos como es su crudo en el mercado internacional. Parece que hay un consenso en que el petróleo venezolano no tendrá un efecto inmediato dentro del mercado en el corto plazo, mientras que en el largo de las estimaciones apuntan a que podría contribuir a la baja en los precios del crudo, partiendo de un escenario de sobreoferta de esta materia prima.
Sin embargo, el verdadero alcance de la incursión estadounidense va mucho más allá del impacto directo del petróleo venezolano. La última nota de Robeco, lo deja claro: estamos ante una reconfiguración profunda del orden energético latinoamericano, que durante la última década había evolucionado hacia un equilibrio fragmentado, multipolar y crecientemente influido por China.
La progresiva reincorporación de Venezuela se traduce en una nueva arquitectura de seguridad y suministro alineada con Washington, alterando así las expectativas estratégicas de toda la región.
Venezuela es el principio del cambio de todo el tablero energético
Este cambio afecta, en primer lugar, a los grandes productores de petróleo. Brasil, México y Colombia , ya que la sola expectativa de que Venezuela vuelva a ser una reserva utilizable reduce el poder de negociación de los productores regionales y desplaza el foco desde el volumen hacia la eficiencia, la estabilidad institucional y la integración con los mercados finales.
En este sentido, el informe se detiene en la importancia de Brasil, ya que, según apunta Robeco, emerge como el principal beneficiario indirecto de este nuevo escenario. El país se consolidó a finales de 2025 como el mayor productor de petróleo de América Latina, superando los 4 millones de barriles diarios, gracias a fuertes inversiones en el presal y a la expansión hacia el margen ecuatorial y la cuenca sur.
La encrucijada en Venezuela podría disparar los precios del petróleo a la baja en los próximos años
A diferencia de Venezuela, Brasil combina estabilidad operativa con una matriz energética altamente diversificada, donde más del 88% de la electricidad proviene de fuentes renovables como la hidráulica, la eólica y la solar. Esta combinación convierte al país en un proveedor energético y minero estratégicamente atractivo en un contexto de transición energética global.
El sentido común podría indicarnos que la entrada del crudo venezolano podría competir con el brasileño y quitarle el trono de mayor productor de este combustible fósil, pero nada más lejos de la realidad.
La entrada del petróleo venezolano al suponer una bajada de los precios generales del crudo, dará pie en que los inversores apuesten más por una infraestructura desarrollada y productiva como la brasileña, que no requiere tanta inversión, ni la reconstrucción de Venezuela, sumado a que el crudo es más barato y fácil de refinar que el proveniente del país caribeño. En resumen, Brasil sale beneficiada porque al tener unos costes inferiores en el tratamiento de su producto puede garantizar proyectos con más márgenes de beneficios que Venezuela.
Por otro lado, el informe menciona que, además del petróleo, Brasil ha reforzado su posición como potencia minera. El país ha desarrollado nuevas explotaciones de cobre, aluminio y litio, y alberga cerca de 21 millones de toneladas de reservas de tierras raras, las segundas mayores del mundo después de China. En un momento en el que estos minerales son esenciales para vehículos eléctricos, redes eléctricas y hardware de inteligencia artificial, garantizar el acceso a los recursos brasileños se ha convertido en una prioridad estratégica para las empresas tecnológicas estadounidenses.

También el cambio de status quo se refleja en el corredor andino: Perú, Chile y Argentina. Estos países concentran una parte sustancial de la producción mundial de cobre y litio, minerales clave para la electrificación y el almacenamiento energético. Perú, en particular, mantiene su atractivo gracias a la independencia de su banco central y a su rol como uno de los principales productores de cobre y oro del mundo. La posible estabilización de Venezuela y el reforzamiento del paraguas de seguridad estadounidense refuerzan la viabilidad de acuerdos de largo plazo orientados al nearshoring y a la integración industrial con Norteamérica.
Acercándonos a la frontera estadounidense, México completa este nuevo mapa energético. Aunque el regreso del crudo venezolano podría reducir presiones en el mercado petrolero, México sigue siendo un pilar de la seguridad energética de Norteamérica y un nodo esencial de transformación industrial.
Por último, Robeco en su nota indica que, la incursión estadounidense desafía directamente la influencia de China. El razonamiento de los analistas se basa en que durante la última década, Pekín se consolidó como el principal prestamista de Sudamérica y como comprador clave de petróleo venezolano, además de financiar megaproyectos como el puerto de Chancay en Perú o inversiones energéticas en Brasil. Por lo que la pérdida del crudo venezolano, plantea un giro en el tablero estratégico de la energía para China.
En definitiva, la acción de Estados Unidos en Venezuela no solo altera el futuro energético del país caribeño, sino que rompe el equilibrio regional previo, haciendo que América Latina entre así en una nueva fase energética para este año 2026.







