domingo, 18 enero 2026

Antón Gómez-Escolar (33), psicofarmacólogo: “La reducción de daños acepta que el consumo de drogas existe y seguirá existiendo”

Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo especializado en políticas de drogas, sostiene una idea que incomoda pero salva vidas: “La reducción de daños acepta que el consumo de drogas existe y seguirá existiendo”. Su planteamiento llega en un momento crítico, con la crisis de opioides causando casi 100.000 muertes anuales en Estados Unidos y con nuevas sustancias legales e ilegales circulando sin que la percepción del riesgo siempre vaya de la mano de la realidad.

Lejos del discurso alarmista, Gómez-Escolar propone una mirada pragmática. No se trata de promover las drogas, sino de entender por qué la prohibición absoluta no ha evitado su consumo y cómo determinadas estrategias están logrando reducir muertes, infecciones y daños graves en la salud pública.

Publicidad

Naloxona y reducción de daños: cuando la prioridad es no morir por las drogas

Naloxona y reducción de daños: cuando la prioridad es no morir por las drogas

Uno de los ejemplos más claros de esta filosofía es la naloxona, un fármaco que actúa como antídoto frente a las sobredosis de opioides. Funciona contra la heroína, la morfina o el fentanilo y su mecanismo es sencillo: bloquea los receptores opioides en el cerebro y revierte la depresión respiratoria, la causa más habitual de muerte asociada a este tipo de drogas.

No “resucita” a nadie, pero sí devuelve la respiración a una persona que está a punto de morir. La eficacia es tan alta que se ha convertido en una herramienta clave en programas de emergencia y en estrategias comunitarias en países especialmente afectados. El efecto inmediato, sin embargo, no es agradable para quien la recibe. Al cortar de golpe la acción del opioide, la persona pasa de un estado de placer intenso a un síndrome de abstinencia agudo. Por eso, muchos reaccionan con enfado o confusión, a pesar de que les hayan salvado la vida.

Para Gómez-Escolar, este ejemplo resume bien qué es la reducción de daños en drogas. No parte de la negación, sino de la realidad: hay personas que van a consumir, independientemente de campañas de miedo o prohibiciones. El objetivo es que ese consumo cause el menor daño posible. Esta lógica, explica, no es nueva ni radical. Con el alcohol se aplica desde hace décadas, aunque no se nombre así: beber agua entre copas, comer antes de consumir o evitar conducir son medidas de reducción de daños ampliamente aceptadas.

Sustancias legales, mercados ilegales y riesgo real: dónde falla la percepción social del daño

YouTube video

El psicofarmacólogo insiste en que muchas muertes asociadas a las drogas no se deben exclusivamente a la sustancia en sí, sino al contexto en el que se consume. La adulteración, por ejemplo, es casi inexistente en mercados regulados como el alcohol o los medicamentos, pero es una constante en mercados ilegales. Cuando una sustancia se prohíbe, su producción y distribución pasan a manos de mafias que no tienen ningún incentivo para cuidar la pureza o la dosificación.

Por otro lado, la conversación sobre drogas no puede quedarse solo en lo ilegal. Gómez-Escolar advierte de un fenómeno creciente: la aparición de nuevas presentaciones de sustancias legales que modifican la percepción de riesgo, especialmente entre jóvenes. El tabaco es un ejemplo clásico. Mientras el cigarrillo está socialmente asociado al cáncer de pulmón, otros formatos pasan más desapercibidos.

Los saquitos de nicotina conocidos como snus, muy extendidos en países como Suecia, han reducido las tasas de tabaquismo y, con ello, los casos de cáncer de pulmón. Sin embargo, no están exentos de problemas. Son altamente adictivos y pueden contener dosis de nicotina equivalentes a medio paquete o incluso a un paquete entero de cigarrillos. El daño pulmonar disminuye, pero el impacto cardiovascular sigue siendo relevante.

Algo similar ocurre con la cafeína en formatos poco habituales. En algunos países europeos se popularizó hace años su consumo esnifado para reducir la sensación subjetiva de borrachera. Hoy, ese formato reaparece en redes sociales dirigido a un público joven. Aunque la cafeína es una de las drogas psicoactivas más normalizadas, el problema surge cuando se consume en estado puro y sin saber dosificar. Palpitaciones, ansiedad, cefaleas o insomnio son efectos frecuentes de una sobredosis que muchos no anticipan.

Otro caso llamativo es el del óxido nitroso, conocido como “gas de la risa”. Se vende legalmente en pequeñas bombonas para uso alimentario, pero también se inhala con fines recreativos. Es una de las drogas psicoactivas menos dañinas cuando el consumo es puntual, pero no está exenta de riesgos. La pérdida de conciencia, las caídas o la asfixia por falta de oxígeno pueden tener consecuencias graves, especialmente en personas muy jóvenes.

Antón Gómez-Escolar subraya que el ingenio humano para crear drogas o nuevos usos de sustancias existentes es prácticamente infinito. A veces, ese ingenio aporta soluciones médicas valiosas; otras, abre la puerta a problemas inesperados. Por eso defiende un enfoque honesto y basado en evidencia. Informar mejor, regular cuando sea posible y asumir que el consumo de drogas forma parte de la historia humana no implica rendirse, sino priorizar la salud y la vida.


Publicidad