domingo, 18 enero 2026

Café y cacao: la nueva normalidad es la volatilidad, y su causa es estructural

- La evolución de precios en 2026 dependerá principalmente de acontecimientos climáticos que, por su propia naturaleza, son imprevisibles y cuya frecuencia va en aumento.

Arturo García Alonso, CIO y socio fundador de la gestora especializada en inversión de impacto GSI, sobre el sector del café y cacao.

En los últimos meses, los mercados de café y cacao han vuelto a recordarnos una realidad incómoda: la volatilidad no es una anomalía, es una característica creciente del ciclo agrícola. Y esa volatilidad tiene hoy dos motores principales: el clima y la geopolítica.

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El clima es ya un factor estructural. Su inestabilidad va en aumento y todo apunta a que así seguirá a largo plazo. Esta imprevisibilidad erosiona la capacidad de anticipar cosechas y, por tanto, introduce un componente de riesgo permanente en el precio.

La geopolítica, por su parte, está en máximos de los últimos años: tensiones regionales, cambios de alianzas comerciales y aranceles que distorsionan flujos. La diferencia es que este segundo factor, aunque hoy es muy intenso, probablemente se moderará con el tiempo. Pero mientras tanto, amplifica cualquier shock climático.

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En el café, la tensión reaparece con más claridad, impulsada por aranceles, riesgos geopolíticos y el mismo telón de fondo climático.
En el café, la tensión reaparece con claridad, impulsada por aranceles, riesgos geopolíticos y el telón de fondo climático. Imagen: Agencias

Perspectivas: normalización en cacao, tensión renovada en café

El cacao parece entrar en una fase de normalización tras la crisis de oferta africana, pero esa normalización no significa estabilidad garantizada. Basta con que una campaña vuelva a ser irregular para que el mercado reaccione con fuerza.

En el café, la tensión reaparece con más claridad, impulsada por aranceles, riesgos geopolíticos y el mismo telón de fondo climático. En ambos casos, el precio seguirá dependiendo primero de la calidad de las cosechas y después de la geopolítica, con un sesgo hacia episodios de alta volatilidad más frecuentes.

La lectura final es que no estamos ante una corrección puntual, sino ante un ciclo donde la volatilidad prolongada será cada vez más común, sobre todo por el componente climático.

¿Qué puede esperar el inversor financiero de cara a 2026?

Desde un punto de vista de inversión en mercados financieros, es importante subrayar que la evolución de precios en 2026 dependerá principalmente de acontecimientos climáticos que, por su propia naturaleza, son imprevisibles y cuya frecuencia va en aumento. Por eso, intentar fijar una dirección única para el próximo año no es realista.

En términos de probabilidad, hoy el escenario es prácticamente simétrico: hay una probabilidad similar (33%) de que los precios aumenten, se mantengan o disminuyan. Lo que sí es previsible es que, a medida que avancemos, habrá menos años “normales” y más campañas con circunstancias extraordinarias, lo que mantendrá la volatilidad elevada.

A largo plazo, el patrón más probable es una evolución lateral de los precios, pero con alta volatilidad, es decir, con oscilaciones fuertes dentro de un rango más que una tendencia limpia y sostenida en una sola dirección.

Invertir de forma sostenible exige anclar el negocio al mundo real

El debate público suele mezclar materias primas agrícolas con especulación. Pero invertir en café o cacao desde la economía real es otra cosa. La clave está en construir modelos que reduzcan la exposición a la incertidumbre:

  • Cerrar contratos marco de venta antes de comprar producto.
  • Fijar el precio de compra una vez se conoce el precio de venta, protegiendo márgenes.
  • Evitar inventarios innecesarios, porque almacenar implica asumir riesgo de precio impredecible.
  • Diversificar geográficamente, incluso entre continentes, para no depender de una sola región climática o política.
La trazabilidad permite verificar de dónde viene el producto y bajo qué condiciones se produce
La trazabilidad permite verificar de dónde viene el producto y bajo qué condiciones se produce. Imagen: Agencias

Este tipo de disciplina convierte un mercado volátil en una cadena de valor gestionable. Lo contrario —especular intentando prever clima, aranceles o geopolítica— es poco recomendable, porque hablamos de variables cada vez más impredecibles. En esa lógica, unos ganarán y otros perderán, pero el resultado se parecerá más a la suerte que a la gestión.

Para el inversor que quiera tener exposición a esta tendencia a través de activos financieros (fondos, acciones, bonos, ETFs o mercados de commodities) y, al mismo tiempo, alinearla con criterios morales —promoción del desarrollo, sostenibilidad y respeto laboral y medioambiental—, los filtros clave son claros: trazabilidad y certificación de comercio justo.

La trazabilidad permite verificar de dónde viene el producto y bajo qué condiciones se produce; la certificación de comercio justo ofrece un estándar práctico sobre remuneración, condiciones laborales y sostenibilidad en origen.

Respecto al greenwashing, no hay fórmula mágica: la narrativa puede estar muy bien construida y no ser real. La mejor guía es entrar en la información pública del vehículo o la compañía y leerla con detalle. Ahí se ve si se usa lenguaje genérico o si, por el contrario, se aportan indicadores concretos, se reportan de forma periódica y se demuestra que se gestionan. Esa combinación es, probablemente, la señal más fiable de sostenibilidad real.

En este entorno, gestionar volatilidad no es intentar anticipar el próximo salto de precio, sino diseñar estructuras que lo absorban: acuerdos a medio y largo plazo, compras condicionadas, diversificación y mínima exposición al inventario.

Consumidor y agricultor: dos caras de la misma moneda

De cara a Navidad, el consumidor verá reflejada esta inestabilidad en su taza de café y en los dulces de chocolate. Pero no debemos olvidar la otra cara: la volatilidad golpea también al agricultor, que sufre de forma directa la incertidumbre de ingresos. Reducir consumo por precios altos es entendible, pero agrava la fragilidad del productor, que termina siendo otra víctima del mismo sistema de shocks.

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En definitiva, café y cacao son productos cotidianos que hoy reflejan tendencias globales profundas: cambio climático estructural, tensiones geopolíticas y una economía que exige cadenas de suministro cada vez más resilientes. La inversión con criterio no consiste en apostar por el próximo movimiento, sino en construir modelos que funcionen incluso cuando el mercado se vuelve impredecible.


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