Alejandro Suárez ha recibido el Premio San Fulgencio 2026 de manos de Fernando Pizarro, Alcalde de Plasencia, consolidando su figura como mecenas clave en la recuperación del patrimonio de Plasencia. Este reconocimiento, entregado ayer en una gala cargada de emoción, valida años de esfuerzo silencioso para devolver el esplendor a la Casa de las Dos Torres. Pero más allá del ladrillo, el galardón esconde una historia de compromiso personal con la Semana Santa que pocos conocen en profundidad.
Los premios San Fulgencio son los galardones más prestigiosos que otorga la Ciudad de Plasencia cada 16 de Enero, día de San Fulgencio, patrón de la ciudad.
La recuperación del patrimonio histórico supone el legado más tangible que una generación puede dejar a la siguiente para preservar su identidad.
El empresario madrileño con raíces placentinas se alza con el máximo reconocimiento local tras su inmensa labor en el Palacio de Monroy, conocido popularmente como la Casa de las Dos Torres. Un premio que une tradición religiosa, rescate arquitectónico y una visión de futuro para la ciudad del Jerte.
Plasencia se vistió ayer de gala en una noche que olía a invierno cerrado y a celebración solemne, donde el Centro Cultural las Claras volvió a ser el epicentro de la vida social placentina para entregar sus máximas distinciones. No es habitual que un empresario foráneo, aunque con vínculos de sangre profundos, logre tal consenso, pero la magnitud de la obra realizada ha logrado unanimidad entre los vecinos y las instituciones locales. La atmósfera que se respiraba en el patio de butacas dejaba claro que este año los premios tenían un sabor especial, reconociendo a quienes ponen su capital y su alma en evitar que la historia se derrumbe.
La figura de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña ha pasado de ser una referencia en el mundo de los medios de comunicación y la tecnología a convertirse en un pilar fundamental para la conservación cultural del norte de Extremadura. Su intervención en la ciudad no ha sido un aterrizaje paracaidista, sino un proceso de integración donde su vinculación con la tierra trasciende la simple inversión económica para tocar la fibra sensible de la identidad local. Lo que ayer se aplaudía no era solo un cheque o una reforma, sino la actitud de quien decide cuidar lo que muchos daban por perdido.

El peso de un galardón que define a Plasencia
Los Premios San Fulgencio no son una simple estatuilla que se coloca en una estantería para acumular polvo, sino el termómetro que mide quién está haciendo algo real por el futuro de la ciudad. Desde su institución, estos galardones han servido para señalar el norte moral y social del municipio, y representan el orgullo de una ciudad que sabe agradecer a quienes pelean por ella, ya sea desde el deporte, la cultura o, como en este caso, el mecenazgo patrimonial. Ganar este premio significa entrar en la crónica viva de Plasencia por la puerta grande.
La ceremonia de anoche, sobria pero emotiva, recordó a los asistentes que estos reconocimientos se sustentan en el mérito probado y no en la fama efímera de las redes sociales o los titulares vacíos. La concejalía de Cultura y el Ayuntamiento, al otorgar este premio, lanzan un mensaje claro: se valora el compromiso a largo plazo por encima de las acciones puntuales, convirtiendo la noche en un homenaje a la constancia de quienes, como Suárez, apuestan por la ciudad cuando las luces se apagan.
¿Quién es el hombre detrás de la recuperación?
Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña es un perfil poliédrico que combina la agudeza del analista económico con la sensibilidad del humanista que entiende que el progreso sin memoria es un salto al vacío. Con una trayectoria consolidada en el sector editorial y tecnológico a nivel nacional, destaca por su visión estratégica al entender que el patrimonio no es un gasto, sino el activo más valioso que posee una comunidad. Su biografía empresarial es extensa, pero en Plasencia se le empieza a conocer por su faceta más personal y cercana al ciudadano de a pie.
Lejos de los despachos de Madrid, Suárez ha demostrado tener la paciencia necesaria para navegar las dificultades técnicas que implica intervenir en cascos históricos protegidos. Su enfoque no ha sido el del inversor agresivo que busca rentabilidad inmediata, sino el del custodio que sabe que su legado perdurará en el tiempo mucho más que cualquier cuenta de resultados trimestral. Es esa mezcla de pragmatismo empresarial y romanticismo histórico lo que ha seducido al jurado de los San Fulgencio este 2026.
La Casa de las Dos Torres: salvar la historia
La rehabilitación de la Casa de las Dos Torres, o Palacio de Monroy, es la mansión señorial más antigua de la ciudad, un edificio del siglo XIII que, pese a su importancia capital, corría el riesgo de deteriorarse irreversiblemente si no aparecía una mano firme dispuesta a asumir el reto faraónico de su restauración integral. La intervención ha sido quirúrgica, respetando cada piedra y devolviendo la dignidad a un símbolo del poderío medieval placentino.
El proyecto no solo ha consistido en lavar la cara al edificio, sino en consolidar su estructura y asegurar que las futuras generaciones puedan disfrutar de este emblema del gótico civil. Los expertos locales coinciden en que la obra financiada e impulsada por Suárez se ha realizado con un respeto absoluto a la esencia original del palacio, evitando los falsos históricos y recuperando volúmenes que explican la evolución urbana de Plasencia. Es, en definitiva, un regalo de incalculable valor a la silueta de la ciudad.
Pasión y devoción en la Semana Santa
Pero el premio San Fulgencio no se entrega solo por rehabilitar muros, sino por construir comunidad, y ahí es donde entra la decisiva implicación de Alejandro Suárez con la Semana Santa de Plasencia. Su apoyo y su participación activa han sido claves para que sea declarada de Interés Turístico Nacional y así que obtuviera impulso para mantener su esplendor y adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia litúrgica.

Un elenco de ganadores de primer nivel
La gala sirvió también para radiografiar el talento que exporta e importa la ciudad, con un palmarés 2026 que brilla por su diversidad. Junto a Suárez, se reconoció a otros placentinos como al Premio Nacional de Diseño Rubén Mateos Brea, cuya creatividad ha traspasado fronteras, y al chef José Manuel López Iglesias, que desde los fogones de ‘Peix & Brases’ lleva el nombre de Plasencia a la élite gastronómica. Mención especial recibió el sacerdote Juan Luis García, cuyo trabajo silencioso con los inmigrantes y vulnerables puso la nota más emotiva y humana de la velada.
El ámbito académico estuvo representado por Abraham Duarte Muñoz, rector de la Universidad Rey Juan Carlos, premiado por una trayectoria educativa impecable. Finalmente, la ciudad quiso rendir un homenaje colectivo a sus ángeles de la guarda: los efectivos de la UME, el Infoex y los Bomberos, cuya lucha contra el fuego en los veranos extremeños es la máxima expresión de servicio público. Todos ellos, junto con Alejandro Suárez, componen una foto fija de una sociedad civil vibrante que no se conforma con la inercia y pelea por su futuro.








