Antón Gómez-Escolar Sanz, psicofarmacólogo e investigador especializado en drogas, no esquiva el debate incómodo. Desde su proyecto Drogopedia, uno de los canales de divulgación más influyentes en español, pone datos y contexto a un fenómeno que atraviesa a toda la sociedad: el consumo de drogas legales e ilegales en España.
Nuestro país está hoy entre los países europeos con mayor consumo de drogas en espacios de ocio. ¿Por qué ocurre? ¿Qué efectos reales tienen estas sustancias? ¿Y hasta qué punto las políticas actuales están reduciendo riesgos o, por el contrario, agravándolos? Gómez-Escolar ofrece respuestas que incomodan, pero que se apoyan en evidencia científica y salud pública.
Qué ocurre realmente cuando tomamos drogas

Según explica el psicofarmacólogo, el consumo de drogas altera temporalmente la forma en que el cerebro procesa la realidad. “Se entra en un estado más primario, menos condicionado por creencias aprendidas”, sostiene. Ese efecto puede traducirse en euforia, introspección o alivio del malestar, pero también en riesgos si no existe información previa.
El problema, subraya, no es solo la sustancia, sino el contexto. En España, más del 70% de la población ha probado drogas alguna vez, incluyendo alcohol, tabaco o psicofármacos. Sin embargo, la percepción social sigue separando artificialmente lo “legal” de lo “peligroso”.
Gómez-Escolar recuerda un dato clave: el alcohol continúa siendo una de las drogas que más daño causa, tanto al consumidor como a terceros, por su relación con accidentes, violencia y problemas de salud crónicos. Aun así, su estatus cultural lo mantiene normalizado. En cambio, otras drogas con menor toxicidad objetiva siguen completamente prohibidas.
Para el investigador, la desinformación es uno de los mayores factores de riesgo. “Consumir sin saber qué se está tomando es como conducir sin cinturón”, resume. De ahí la importancia de la reducción de daños: análisis de sustancias, educación sobre dosis y comprensión de efectos reales.
Legalidad, consumo y el futuro de las drogas en España
Uno de los puntos más controvertidos de su análisis es la política de drogas. Gómez-Escolar cuestiona que las leyes actuales respondan exclusivamente a criterios científicos. Muchas prohibiciones, explica, nacieron de contextos políticos y morales del siglo XX, más que de evaluaciones sanitarias.
España, señala, combina varios fenómenos: alto consumo recreativo, liderazgo mundial en uso de ansiolíticos y una fuerte medicalización del malestar emocional. En este escenario, las drogas ilegales no han desaparecido; simplemente operan en mercados opacos, sin controles de calidad ni información fiable.
Sobre el temor al fentanilo, el psicofarmacólogo es claro: no ve probable una crisis como la de Estados Unidos, pero alerta sobre la posible llegada de nuevos opioides sintéticos ultrapotentes. “La ilegalidad favorece la adulteración y multiplica el riesgo”, advierte.
¿La solución? Gómez-Escolar no defiende una liberalización sin control. Propone un modelo regulado, con formación obligatoria, límites de acceso y reinversión de impuestos en salud y prevención. Un enfoque que asuma una realidad incómoda: las drogas existen, se consumen y seguirán presentes.
Para él, la pregunta clave no es si erradicarlas, sino cómo reducir el daño. “Hacerlas más peligrosas no disuade el consumo; solo aumenta las consecuencias”, concluye. En un país donde las drogas atraviesan ocio, medicina y cultura, la información —insiste— no es ideología: es salud pública.









