El miedo no siempre nace de lo que ocurre hoy, sino de historias antiguas que siguen hablándonos por dentro. El autosabotaje no es un defecto raro ni una tara personal. Es una herencia. Una mochila invisible que muchos cargamos sin saber muy bien cuándo nos la pusieron. Así lo explica César Sandoval, especialista en hipnosis y reprogramación mental, que lleva años escuchando a personas brillantes, capaces, con talento… y aun así atrapadas en el mismo punto de siempre. “No es que no puedan”, repite a menudo. “Es que están obedeciendo un sistema antiguo que ya no encaja con la vida actual”.
Y cuando lo escuchas, algo se recoloca. Porque todos hemos sentido alguna vez esa sensación de ir con el freno puesto sin saber por qué. Como si una parte de nosotros tirara hacia adelante y otra, más silenciosa, dijera: cuidado, mejor no.
Una mente diseñada para sobrevivir, no para disfrutar

Sandoval lo explica desde la biología y desde la experiencia humana. Nuestros antepasados sobrevivieron gracias a una mente entrenada para detectar peligro en cualquier detalle: un ruido extraño, una sombra, una nube negra en el horizonte. La hiperalerta salvaba vidas. El problema es que ese mismo sistema sigue activo hoy, aunque ya no tengamos leones detrás.
“Ahora no huimos de depredadores”, dice, “pero reaccionamos a un comentario, a un error o a la incertidumbre como si lo fueran”. El cuerpo no distingue. Se activa igual. Y así aparecen la ansiedad constante, el miedo anticipado, la necesidad de control… y, cómo no, el autosabotaje. No porque estemos rotos, sino porque el sistema está desactualizado. Como usar un mapa antiguo para moverte por una ciudad que ya no existe.
La voz interna: ese filtro que no descansa

Uno de los puntos más delicados de su trabajo es el autodiálogo. La forma en la que te hablas no es inocente. Construye, día a día, la realidad que percibes. Durante la infancia —hasta más o menos los nueve años— no tenemos una mente crítica real. Somos, como él dice, “una esponja emocional”. Lo que dicen padres, profesores o figuras de autoridad se graba sin pasar por filtro.
Con el tiempo, esas frases se convierten en una voz interna que comenta todo: lo que haces bien, lo que haces mal, lo que te atreves o no a intentar. Y actúa como un filtro potentísimo. Aunque el mundo nos lanza millones de estímulos por segundo, solo percibimos una mínima parte, aquella que encaja con nuestras creencias. No vemos la realidad completa. Vemos la versión que confirma nuestra historia.
Por eso un cambio aparentemente pequeño tiene tanto impacto. Pasar del “no puedo” al “¿cómo puedo?” no es positivismo ingenuo. Es activar la mente como una máquina de búsqueda de soluciones en lugar de dejarla en modo bloqueo.
El 95% que decide por ti (aunque no lo notes)

Aquí llega uno de los datos que más descolocan. Según Sandoval, el 95% de lo que pensamos, sentimos y decidimos nace del subconsciente. La mente consciente, esa con la que creemos llevar el volante, apenas ocupa un 5%. El resto va en automático.
Por eso la fuerza de voluntad no siempre funciona. Puedes proponerte ser optimista, tranquilo o valiente… pero si dentro hay miedo antiguo, rabia no resuelta o un “niño interior” herido, eso será lo que salga cuando algo apriete. Sandoval lo explica con una imagen muy sencilla: “Si alguien te empuja y se te cae café, es porque llevabas café en el vaso”. En la vida pasa igual. Ante un problema, sale lo que ya llevas dentro.









