El subconsciente decide mucho antes de que tú creas que has elegido. César Sandoval suele decir algo que, al principio, descoloca. Y luego, cuando lo dejas reposar, encaja demasiado bien. No vivimos desde la razón tanto como creemos. Vivimos desde hábitos mentales automáticos, desde programas que se activan solos, sin pedir permiso. Pensamos que decidimos… pero muchas veces solo repetimos.
Su trabajo con la hipnosis no va de “dormirte” ni de perder el control. Va justo de lo contrario: de despertar. De ayudarte a darte cuenta de qué hilos invisibles están moviendo tus emociones, tus miedos y tus decisiones. Y, una vez los ves, empezar a soltarlos. Poco a poco. Sin violencia interna.

César lo explica con números, pero también con mucha intuición. Entre el 80% y el 95% de lo que hacemos cada día nace del subconsciente. Es decir, de lugares a los que casi nunca miramos. Nuestro cerebro recibe millones de estímulos por segundo, pero solo somos conscientes de una mínima parte. El resto se filtra según lo que ya creemos. No vemos la realidad tal cual es. Vemos la realidad que confirma nuestra historia interna.
Si en el fondo crees que no vales lo suficiente, tu mente se convertirá en una detective obsesiva buscando pruebas. Un comentario fuera de tono, una oportunidad que no llega, una mirada que interpretas como rechazo. Todo encaja. No porque sea verdad, sino porque el radar está programado así. Y lo más inquietante es que lo hace para “ayudarte”.
La infancia: cuando se graban los guiones sin pedirnos permiso

Aquí César suele bajar el tono de voz, como quien entra en terreno delicado. Hasta los nueve años, explica, no tenemos una mente crítica real. Somos una esponja emocional. Lo que dicen nuestros padres, profesores o referentes se graba como ley. No lo discutimos. Lo asumimos.
Y así nacen muchos de los bloqueos adultos. No porque ahora estemos rotos, sino porque seguimos usando defensas que un día nos protegieron. El subconsciente no busca tu felicidad, busca que sobrevivas. Si de niño aprendiste que callarte era más seguro, hoy quizá te cueste poner límites. Si aprendiste que el amor dolía, puede que lo sigas confundiendo con tensión.
A eso se suma algo que a veces olvidamos: cargamos con miedos que no siempre son nuestros. Heredamos estrategias emocionales de generaciones anteriores. Alertas que tenían sentido en otro contexto, pero que hoy se traducen en ansiedad constante, en sensación de peligro sin causa aparente. Como vivir con la alarma puesta todo el día.
Hipnosis: desmontar el hechizo, no añadir otro

Cuando César habla de hipnosis, se le nota cierta paciencia (probablemente porque ha tenido que desmontar muchos mitos). No es espectáculo. No es control. Es enfoque. Para él, la hipnosis es creer intensamente en lo que imaginas. Y eso ya lo hacemos a diario… solo que muchas veces en nuestra contra.Vivimos hipnotizados por recuerdos, por diálogos internos repetitivos, por películas mentales del futuro que casi nunca se cumplen. La hipnosis terapéutica, dice, es una forma de salir de ese trance. De cuestionar lo que dabas por hecho.
Uno de los puntos más interesantes es cómo explica la memoria. No es un archivo cerrado, ni una grabación exacta. Cada vez que recuerdas algo, lo modificas. Y ahí está la puerta. Al trabajar esos recuerdos desde un estado profundo de calma, es posible quitarles el peso emocional que hoy sigue condicionando tus reacciones.
El proceso no es místico. Empieza hablando. Escuchando de verdad. Luego viene la relajación profunda y, desde ahí, las sugestiones, las imágenes, las nuevas asociaciones. No se trata de borrar el pasado, sino de dejar de revivirlo en bucle.









