viernes, 16 enero 2026

El Dr. Escribano (75, endocrino) lo llama «gasolina para el cáncer»: el ingrediente que debes desterrar de tu cocina.

El doctor Antonio Escribano, endocrinólogo con 75 años de edad, ha encendido el debate médico con declaraciones contundentes sobre un ingrediente presente en la mayoría de hogares españoles. El especialista lo define como "gasolina para el cáncer" y advierte sobre su papel en el desarrollo de enfermedades oncológicas. Sus afirmaciones, respaldadas por décadas de experiencia clínica, invitan a revisar urgentemente los hábitos alimentarios de millones de personas.

El azúcar refinado emerge como el gran enemigo silencioso de la salud moderna, según las declaraciones del doctor Escribano. El endocrinólogo, con una trayectoria de cinco décadas en medicina, no duda en comparar este ingrediente con combustible directo para células malignas. Las cifras respaldan esta preocupación: España registra más de 280.000 nuevos diagnósticos de cáncer cada año, y los expertos señalan que los hábitos alimentarios juegan un papel determinante en este aumento.

La analogía del especialista no es casual ni exagerada. Las células tumorales consumen glucosa a un ritmo hasta veinte veces superior al de las células sanas, un fenómeno conocido en oncología desde hace décadas. Esta relación metabólica explica por qué reducir drásticamente el consumo de azúcares simples se ha convertido en una recomendación preventiva respaldada por numerosos estudios internacionales.

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Por qué las células cancerosas prefieren el azúcar

La hipótesis de Warburg, formulada hace casi un siglo, revolucionó la comprensión del metabolismo tumoral al demostrar que las células cancerosas obtienen energía principalmente mediante la fermentación de glucosa. Este proceso metabólico aberrante requiere cantidades masivas de azúcar, convirtiendo cada cucharada de este ingrediente en combustible directo para la proliferación celular maligna. Los oncólogos actuales confirman que esta característica metabólica se utiliza incluso para detectar tumores mediante técnicas de imagen como el PET-TAC.

El doctor Escribano insiste en que eliminar el azúcar refinado no garantiza evitar el cáncer, pero sí reduce significativamente los factores de riesgo modificables. La evidencia científica señala una relación posible entre el consumo elevado de monosacáridos como fructosa y glucosa con el desarrollo de cáncer de páncreas. Además, el índice glucémico alto de los alimentos azucarados se asocia con mayor riesgo de cáncer colorrectal, según múltiples investigaciones epidemiológicas.

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La inflamación crónica provocada por picos constantes de glucosa en sangre genera un entorno favorable para mutaciones celulares. Este estado inflamatorio sostenido daña el ADN de las células y compromete los mecanismos naturales de reparación del organismo. Eliminar el azúcar añadido representa, por tanto, una estrategia preventiva accesible que cualquier persona puede implementar desde hoy mismo.

Alimentos insospechados repletos de azúcar oculto

Salsas comerciales: Una cucharada de kétchup contiene hasta 4 gramos de azúcar, equivalente a un terrón completo
Yogures de sabores: Pueden acumular hasta 20 gramos por envase, superando el contenido de algunos postres
Pan de molde industrial: Muchas marcas añaden azúcar para mejorar textura y conservación
Cereales de desayuno: Incluso los etiquetados como «saludables» pueden contener 30% de azúcar en su composición
Bebidas vegetales azucaradas: Las versiones no naturales incorporan jarabes para mejorar el sabor

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La industria alimentaria utiliza más de 60 nombres diferentes para camuflar el azúcar en las etiquetas: sacarosa, dextrosa, jarabe de maíz, maltodextrina o concentrado de zumo de fruta. Esta práctica dificulta enormemente que los consumidores identifiquen las cantidades reales de azúcar que ingieren diariamente. Leer detenidamente los ingredientes y priorizar productos sin azúcares añadidos se convierte en una habilidad esencial para proteger la salud.

La conexión entre obesidad y riesgo oncológico

El consumo excesivo de azúcar provoca aumento de peso descontrolado, y la obesidad constituye uno de los factores de riesgo más sólidos para desarrollar diversos tipos de cáncer. El tejido adiposo en exceso no es inerte: produce hormonas y sustancias proinflamatorias que favorecen la aparición de tumores en mama, colon, hígado y páncreas. Esta relación explica por qué las campañas de salud pública insisten cada vez más en la reducción drástica del consumo de azúcar refinado.

Los genetistas como el doctor Víctor Quesada confirman que, aunque existe un componente hereditario en el cáncer, los factores ambientales y dietéticos resultan determinantes en la mayoría de casos. Una alimentación rica en azúcares añadidos modifica la expresión génica y acelera procesos de envejecimiento celular que predisponen a enfermedades oncológicas. Frente a una predisposición genética inmodificable, la dieta representa el factor sobre el que cada persona ejerce control directo.

La inmunoterapia moderna y los avances en tratamientos oncológicos han mejorado significativamente las tasas de supervivencia, pero la prevención sigue siendo la estrategia más efectiva. Eliminar el azúcar refinado de la cocina, tal como recomienda el doctor Escribano, constituye una decisión simple que puede marcar la diferencia entre salud y enfermedad. Los oncólogos insisten: no existe una cura mágica, pero sí medidas preventivas eficaces basadas en evidencia científica sólida.

Alternativas saludables para endulzar sin riesgos

Sustituir el azúcar refinado no implica renunciar al sabor dulce, sino elegir opciones que no disparen la glucemia ni alimenten procesos inflamatorios. La estevia natural, la canela o pequeñas cantidades de miel cruda aportan dulzor sin los efectos metabólicos devastadores del azúcar blanco procesado. Los expertos recomiendan reeducar progresivamente el paladar para reducir la dependencia del sabor dulce intenso.

Las frutas enteras, consumidas con moderación, ofrecen azúcares naturales acompañados de fibra y antioxidantes que modulan su absorción y contrarrestan efectos negativos. A diferencia del azúcar refinado, una manzana o un puñado de fresas proporciona nutrientes esenciales sin generar picos bruscos de insulina. La clave reside en distinguir entre azúcares intrínsecos de alimentos completos y azúcares añadidos industrialmente.

El doctor Escribano concluye que desterrar el azúcar de la cocina representa una inversión en salud a largo plazo con retornos inmensurables. Aunque ningún cambio dietético garantiza inmunidad absoluta frente al cáncer, reducir drásticamente este ingrediente disminuye riesgos y mejora la calidad de vida global. La decisión está en cada hogar, en cada compra, en cada elección alimentaria diaria.


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