Esta es la conclusión del último informe de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), que indica que a pesar de que este sector cuente con el nivel más alto de empleo de los últimos años con 16,6 millones de empleo directos e indirectos en 2024; su expansión se ha ralentizado en comparación con otras temporadas con un crecimiento neto de 2,3%. Esto se traduce en que se está desacoplando la generación de empleo con la expansión de energías renovables.
El informe sostiene que este fenómeno responde a un cambio de fase propiciado por la automatización y las economías de escala, por lo que se requiere menos menos trabajo humano por cada nueva unidad de capacidad. En este sentido, el informe indica que en 2024 la capacidad mundial de fabricación de modelos solares alcanzó una cifra de 1.554 GW, de la que se aprovechó un 46%, es decir 719,5 GW. Es decir existe una sobrecapacidad de producción de estos recursos, que ralentiza la creación de empleo.
Menos empleo físico y poco cualificado y más perfiles técnicos
No obstante, la IRENA no pretende mandar un mensaje de alarmismo; de hecho, el sector fotovoltaico es el mayor empleador dentro del mundo energético con 7,2 millones de puestos de trabajo, pero por cada megavatio construido y creado, los puestos de trabajo han dejado de aumentar de forma proporcional. En Estados Unidos durante 2024 se instalaron 37,7 GW solares, pero el empleo creció pero manteniéndose muy cerca de niveles del año anterior con 280.000 de trabajadores. Esto no significa que haya menos empleo, sino que ahora los trabajadores empleados son más productivos y los proyectos son menos intensivos en cuanto al uso de mano de obra.
Por otro lado, esta transformación estructural, también está vinculada al tipo de profesional que se busca. Actualmente el trabajo, dentro de las energías renovables se concentra en puestos con alta capacitación como ingeniería, manufactura avanzada o mantenimiento digitalizado, por encima de puestos de baja cualificación. Un fenómeno, que según adelantaba la AIE, constituye uno de los mayores cuellos de botella dentro de todo el sector energético en general, más allá de renovables.

La barrera de la cualificación de los empleados también se justifica en que gran parte de los trabajos de baja cualificación y repetitivos están siendo sustituidos parcialmente por maquinaria, tanto en proceso industriales y líneas de montaje, como también en el sector de operación y mantenimiento (O&M). En este último ámbito, el informe reporta el uso de drones, y de la IA predictiva, reduciendo la necesidad de técnicos de campo y disparando la demanda de analistas y perfiles híbridos.
Por ello, el informe subraya que, sin políticas activas de formación, reciclaje profesional y transición justa, existe el riesgo de exclusión de trabajadores con menores competencias. Por no hablar de la creciente desigualdad territorial, dado que China concentra cerca del 44% del empleo mundial en renovables. Una situación que se debe gracias a que concentra el refino como gran parte de la producción de minerales estratégicos para el desarrollo de las energías renovables como las tierras raras.
Los minerales críticos: El nuevo arma estratégica que determinará la transición energética
En definitiva, el informe deja claro que la transición energética continúa siendo un motor de empleo, pero ya no lo es en términos cuantitativos automáticos. La nueva fase identificada por IRENA se caracteriza por una mayor automatización, una menor intensidad laboral por unidad de capacidad y un desacople estructural entre despliegue tecnológico y empleo. Bajo este pretexto, la Agencia Internacional de Energías Renovables apunta a que el reto de esta fase es la reincorporación de estos profesionales con menor cualificación técnica, al igual que la oferta de perfiles cada véz más técnicos y con formaciones más complejas y difíciles de encontrar.








