miércoles, 4 marzo 2026

José Abellán (38), cardiólogo: “No entendemos del todo por qué el café es tan beneficioso, y eso obliga a ser científicamente cautos”

El cardiólogo José Abellán destaca que el consumo habitual de café se asocia a mejor salud cardiovascular y mayor longevidad, aunque la ciencia aún no comprende del todo los mecanismos, lo que exige cautela interpretativa.

José Abellán, cardiólogo y divulgador, lleva años analizando la evidencia científica sobre hábitos cotidianos que influyen en el corazón. Entre ellos, uno destaca por encima del resto: el café. No es un alimento, no aporta calorías relevantes y, sin embargo, los estudios lo asocian de forma consistente con una mejor salud y mayor longevidad. ¿Cómo es posible?

En un momento de creciente interés por la alimentación saludable y el impacto real de lo que consumimos a diario, el café vuelve al centro del debate médico. La ciencia observa beneficios claros, pero aún no logra explicar del todo el porqué. Esa paradoja es la que obliga —según Abellán— a mirar el dato con entusiasmo, pero también con cautela.

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El café y el corazón: resultados claros, mecanismos aún difusos

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Fuente:Canva

La evidencia científica sobre el café es, cuanto menos, llamativa. Estudios observacionales de gran tamaño muestran que las personas que lo consumen de forma habitual presentan menos eventos cardiovasculares y viven más tiempo que quienes no lo hacen. Y lo más relevante: ese efecto positivo se mantiene incluso tras ajustar por otros factores como el ejercicio, el tabaquismo o la dieta global.

El dato desconcierta a muchos cardiólogos. El café aumenta transitoriamente la frecuencia cardíaca y puede elevar ligeramente la presión arterial justo después de su consumo. Es decir, genera un pequeño “estrés” cardiovascular agudo. Aun así, a largo plazo, el balance parece ser favorable.

“Desde un punto de vista fisiológico, no tiene demasiado sentido”, reconoce Abellán. “Por eso hay que ser prudentes: vemos el efecto, pero no entendemos completamente el mecanismo”. La ciencia, en estos casos, no puede recurrir a ensayos clínicos clásicos —nadie puede obligar a un grupo a beber café durante diez años y prohibírselo a otro—, de modo que se apoya en registros poblacionales, con sus virtudes y limitaciones.

Algunas hipótesis empiezan a tomar forma. Determinados compuestos del café, como polifenoles o ácidos fenólicos, podrían favorecer la recirculación del colesterol a nivel hepático. Este proceso ayudaría a reducir modestamente el colesterol LDL, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. No es una explicación definitiva, pero sí una pista sólida.

Cómo tomar café para aprovechar sus beneficios (y no estropearlos

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Más allá de si el café es bueno o no —un debate prácticamente cerrado a favor—, la clave está en cómo se consume. Aquí, Abellán es claro y directo.

Primera recomendación: menos leche. La grasa láctea puede unirse a algunos polifenoles del café e inactivarlos, reduciendo parte de su potencial beneficio. No significa que el café con leche sea perjudicial, pero sí “menos interesante” desde el punto de vista cardiovascular. Tomarlo solo o con poca leche es preferible.

Segunda: evitar el azúcar. El mensaje es contundente. Desde la salud cardiovascular, el azúcar añadido es un factor claramente negativo. Si no queda otra opción, los edulcorantes —con todas sus limitaciones y posibles efectos sobre la microbiota— son una alternativa menos dañina que endulzar el café con azúcar.

Tercera y quizá la más desconocida: el método de preparación importa. La mayor parte de los estudios que asocian el café con beneficios se basan en consumo tipo infusión, habitual en muchos países. El café filtrado, preparado con agua caliente y pasado por un filtro de papel, retiene ciertos diterpenos que podrían ser perjudiciales para la salud.

El espresso, intenso y culturalmente arraigado en países como España o Italia, no anula los beneficios del café, pero no sería la opción más saludable si se compara con el filtrado. La ventaja: las cafeteras de filtro son baratas, accesibles y fáciles de usar. El sabor es distinto, menos concentrado, pero el perfil sanitario es mejor.

El riesgo de las bebidas energéticas

El riesgo de las bebidas energéticas
Fuente: agencias

El auge de las bebidas energéticas suele apoyarse en un argumento simplista: “si tienen cafeína, serán como el café”. Para Abellán, esa comparación es un error. El café no es solo cafeína; es una matriz compleja de compuestos bioactivos. Las bebidas energéticas, incluso sin azúcar, aportan básicamente cafeína aislada y edulcorantes.

Aunque sus componentes estén dentro de los límites legales, el riesgo aparece con el consumo continuado y acumulativo, especialmente en formatos de gran tamaño que pueden aportar cientos de miligramos de cafeína a lo largo del día. En jóvenes, además, pueden alterar la percepción del dulzor y desplazar el consumo de agua, algo que José Abellán considera especialmente preocupante.


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