miércoles, 14 enero 2026

No elimines el estrés: aprende a usarlo para rendir mejor y crecer

- Cómo aprender a sostener la presión sin perder el equilibrio emocional ni físico

Alcanzar el “siguiente nivel” en la vida —en el trabajo, en lo personal, en el deporte o en cualquier sueño que nos mueva por dentro— es casi un impulso biológico. Queremos avanzar. Mejorar. Demostrarnos que podemos un poco más. Pero, seamos sinceros, ese deseo tan bonito suele venir con una mochila pesada: el estrés. Y no precisamente ligero.

Lo curioso es que durante mucho tiempo hemos intentado huir de esa presión como si fuera el enemigo. ¿El resultado? Frustración. Cansancio. Y, a veces, esa sensación de estar a punto de rompernos. La buena noticia es que crecer no consiste en eliminar la presión, sino en aprender a sostenerla sin que nos aplaste. No vivir sin estrés, sino vivir con él… sin perder el equilibrio.

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El vaso que se llena (y la idea de crear otro más grande)

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Aprender a convivir con la presión sin dejar que te desborde. Fuente: Canva

Una de las imágenes que mejor explica este enfoque es la del “depósito de estrés”. Imagina un vaso de agua. Cada dificultad, cada error, cada reto nuevo va cayendo gota a gota dentro. Al principio no pasa nada. Pero cuando se encadenan problemas, decisiones importantes o etapas exigentes, el nivel sube. Y entonces llegan el insomnio, la sensación de no poder más, la presión constante en el pecho.

Lo habitual es intentar “vaciar el vaso”: dejar proyectos, bajar el listón, desconectar de todo (yo misma lo he pensado más de una vez, lo confieso). Pero esta mirada propone algo diferente, y bastante más valiente: no vaciar el vaso, sino crear otro más grande. Es decir, ampliar nuestra capacidad para que la misma cantidad de estrés ya no nos desborde. No se trata de huir del reto, sino de hacernos más fuertes por dentro.

No silenciar el cuerpo, sino enseñarle a responder

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No se trata de huir del estrés, sino de hacerlo manejable. Fuente: Canva

Aquí aparece una diferencia clave en la forma de entender la salud. El enfoque más tradicional suele centrarse en “apagar el síntoma”. ¿Duele? Se corta el dolor. Funciona, claro. Pero es como tapar una luz de aviso en el coche sin mirar qué pasa bajo el capó.

Desde una visión más integrativa, en cambio, se trabaja sobre la base: fortalecer el cuerpo para que sea él quien gestione la carga. No se trata de silenciar el estrés, sino de volvernos más resistentes a él. Darle al organismo los recursos que necesita para adaptarse, recuperarse y seguir funcionando incluso en momentos de exigencia.

Y no, no es magia. Es aprendizaje. Es entender que el cuerpo no está en nuestra contra, sino pidiendo apoyo.

Las cadenas invisibles: miedos, límites y la mente que se entrena

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Cada límite superado amplía tu capacidad interior. Fuente: Canva

La mente tiene un papel enorme en todo esto. Muchas veces el verdadero peso no viene de fuera, sino de dentro: miedos, creencias, ideas sobre “hasta dónde puedo llegar”. Son como cadenas invisibles. No se ven, pero nos sujetan.

Cuando alguien se atreve a cruzar uno de esos límites —aunque tiemble un poco al hacerlo— ocurre algo interesante: el sistema nervioso aprende que eso que parecía tan amenazante no lo era tanto. Lo que ayer nos superaba, mañana se vuelve manejable. Y poco a poco, situaciones que antes nos desbordaban dejan de vivirse como un problema.

Lo he visto muchas veces. Y también lo he sentido. De pronto, no solo hay más calma mental, sino también más energía física, más claridad, una sensación extraña pero poderosa de “sí, puedo con esto”.

Un equilibrio real (no perfecto) y los dos pilares del cambio

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No se busca una vida sin tensión ni un equilibrio ideal de postal. Eso, en la práctica, casi no existe. Lo que se persigue es algo mucho más humano: un rango de equilibrio en el que haya reto, sí, pero también control. Dificultad, pero sin cruzar la línea del desgaste emocional o físico.

Para construir ese “segundo vaso” que nos permite sostener más, aparecen dos pilares claros. Uno es el apoyo al cuerpo —a veces a través de suplementación específica que ayuda a afrontar biológicamente el estrés—. El otro es el trabajo mental: revisar creencias, mirar de frente los miedos, desafiar esas fronteras internas que, sin darnos cuenta, nos hacen más pequeños de lo que somos.


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