Sari Arponen, médica internista finlandesa de 47 años residente en España, ha lanzado una advertencia contundente sobre el estado nutricional de la población. La doctora, con cuatro másteres y especialización en microbiota, afirma que la sociedad española padece una paradoja alarmante: estar sobrealimentada pero desnutrida al mismo tiempo. Este fenómeno se debe principalmente al consumo masivo de alimentos ultraprocesados que aportan calorías vacías sin nutrientes esenciales.
La especialista, que trabaja en la sanidad pública desde el año 2000 y es docente universitaria, centra su discurso en cómo la calidad de los alimentos determina la salud más que la cantidad. Según explica en entrevistas recientes, el problema no radica en comer mucho, sino en comer mal.
El trigo industrial destroza tu sistema digestivo
El consumo de trigo de mala calidad se ha convertido en uno de los principales enemigos de la salud intestinal según Arponen. La médica explica que el páncreas necesita funcionar óptimamente para digerir cereales, pero el estrés crónico y la falta de sueño comprometen esta función. Además, el déficit de zinc —muy frecuente en la población— dificulta aún más la digestión del gluten.
El problema se agrava cuando se consume trigo cinco veces al día sin que la microbiota esté equilibrada. La doctora aclara que no todas las personas son celíacas, pero muchas experimentan mejorías al reducir el consumo de cereales industriales. La fermentación adecuada del pan, como ocurría antiguamente, transforma radicalmente su digestibilidad.
La clave reside en el proceso de elaboración más que en el cereal en sí. Arponen insiste en que cuando alguien mejora al eliminar el trigo, a menudo es porque comienza a comer otros alimentos que antes no consumía, haciendo un enfoque completo de su alimentación.
Los lácteos procesados empeoran tu microbiota
La industria láctea somete la leche a procesos intensivos que alteran sus propiedades originales. Aunque el perfil de macronutrientes —hidratos, proteínas y grasas— se mantiene estupendo, la pasteurización y homogeneización modifican la estructura del alimento. Sari Arponen advierte que beber un litro de leche diario puede resultar problemático para muchas personas.
Los lácteos fermentados ofrecen una alternativa mucho más saludable según la internista. El yogur, el kéfir y los quesos contienen bacterias beneficiosas que mejoran la tolerancia digestiva. En Finlandia, país natal de la doctora, consumen «viili», un fermentado tradicional que ejemplifica esta estrategia. Los siguientes cambios marcan la diferencia:
✓ Sustituir leche líquida por yogur de cabra u oveja
✓ Elegir quesos curados en lugar de lácteos frescos industriales
✓ Probar un mes sin lácteos y reintroducirlos gradualmente
✓ Priorizar agua y fermentados frente a bebidas lácteas
✓ Variar entre lácteos de vaca, cabra y oveja
El acné severo en muchas personas desaparece al eliminar lácteos industriales. La doctora recomienda hacer una prueba de exclusión de un mes para valorar síntomas digestivos y cutáneos.
El alcohol arruina tus bacterias intestinales
La microbiota intestinal sufre daños significativos con el consumo regular de alcohol. Aunque el vino tinto contiene polifenoles y resveratrol —sustancias teóricamente beneficiosas— el efecto perjudicial del etanol supera cualquier ventaja. Arponen es tajante: nunca recomendaría a un paciente comenzar a beber vino por salud.
La tradición mediterránea incluía el vino como componente cultural, pero los estudios actuales desaconsejan su recomendación médica. El hígado y la microbiota intestinal pagan un precio alto por cada copa consumida. Las nuevas generaciones muestran una polarización: quienes no beben nada y quienes consumen lo de varios.
La doctora señala que los polifenoles del vino se obtienen fácilmente comiendo uvas frescas sin añadir alcohol al organismo. Esta estrategia protege el sistema digestivo mientras aporta los mismos antioxidantes. Los profesionales sanitarios deben evitar normalizar el consumo de alcohol como hábito saludable.
La paradoja del sobrepeso con carencias nutricionales
La población actual consume más calorías que nunca pero padece déficits graves de vitaminas y minerales. Este fenómeno, conocido como desnutrición oculta, afecta especialmente a personas con sobrepeso que basan su dieta en ultraprocesados. Los alimentos industriales aportan azúcares, grasas trans y aditivos sin micronutrientes esenciales.
El desequilibrio energético permanente —donde la ingesta supera el gasto calórico— se combina con una alimentación que no nutre. Arponen explica que la microbiota dañada por alimentos de mala calidad impide absorber correctamente los pocos nutrientes disponibles. El músculo desaparece mientras se acumula grasa, creando cuerpos sobrealimentados pero biológicamente hambrientos.
La solución pasa por recuperar alimentos reales sin procesar y cuidar el ecosistema intestinal. La doctora biomédica insiste en que pequeños cambios en la dieta y el estilo de vida marcan una diferencia enorme en el bienestar. Priorizar vegetales, proteínas de calidad y fermentados revierte esta paradoja nutricional según su experiencia clínica.









