En España, la ocupación ilegal de viviendas se ha convertido en un fenómeno mucho más mediático que real. Los datos oficiales muestran que apenas el 0,06% del parque de viviendas se ve afectado por denuncias de ocupación, y de estas, solo un 7% corresponde a casas habitadas.
Sin embargo, la percepción social es completamente distinta: los medios de comunicación han logrado que los ‘okupas’ ocupen un lugar desproporcionado en la agenda pública. El desequilibrado ecosistema mediático español, con un enfoque marcadamente conservador en este tema y en otros muchos, ha convertido a la ocupación en la preocupación principal de los ciudadanos, por encima incluso de cuestiones económicas como el acceso a la vivienda o el precio del alquiler.
Mientras que España se situaba en 2023 como el país número 21 de Europa en número de ocupaciones, ocupaba el segundo puesto en preocupación por este asunto. Esta discrepancia evidencia que la alarma no surge de la realidad, sino del relato que se construye en torno a ella. Empresas de seguridad, aseguradoras, plataformas de desalojo extrajudicial e incluso partidos políticos han encontrado en el miedo al ‘okupa’ una oportunidad de negocio y poder.
Más del 70% de los nuevos seguros de hogar ya incluyen cobertura anti-okupas, reflejo de cómo el miedo se traduce directamente en consumo y beneficios económicos. Los datos oficiales, sin embargo, desmontan esta percepción.
España cuenta con unos 27 millones de viviendas y, según el Ministerio del Interior, en 2024 se presentaron 16.400 denuncias por allanamiento o usurpación. De estas, solo 2.309 correspondían a viviendas habitadas o segundas residencias. En 2023, se dictaron únicamente 218 condenas firmes por allanamiento de morada en todo el país.
La cobertura mediática, sin embargo, insiste en mostrar España como si viviera una epidemia de ‘okupación’. Un solo vistazo a programas matinales o redes sociales basta para constatarlo: la sensación de alarma es continua, mientras los problemas estructurales de la vivienda, como el encarecimiento de los alquileres o la falta de acceso a la compra, reciben menos atención.
BARÓMETRO
El III Barómetro Planeta Propietario, publicado por Grupo Mutua Propietarios, confirma esta distorsión: según la encuesta a más de 2.300 españoles, la ocupación ilegal se mantiene como la primera inquietud, mientras que el precio del alquiler y de compra, aunque crecientes, siguen en un segundo plano.

Curiosamente, el estudio también muestra que los cambios normativos relacionados con la vivienda emergen como un factor de intranquilidad creciente (+0,28 en el índice del Barómetro), lo que refleja que la ciudadanía está empezando a percibir que el marco legal tiene un impacto directo sobre sus viviendas y su seguridad jurídica.
La presión económica del hogar, por su parte, continúa en aumento. En 2025, los gastos del hogar —incluyendo hipoteca, alquiler, cesta de la compra y consumo energético— absorbieron el 43,6% de los ingresos, el nivel más alto de los últimos tres años.
Tres de cada diez españoles declararon tener dificultades para afrontar estos pagos, especialmente jóvenes, hogares numerosos, personas con ingresos bajos y quienes viven de alquiler. Sin embargo, en los medios, estos problemas aparecen diluidos, mientras que la ocupación ocupa titulares y debates. La manipulación del miedo se ha convertido en un negocio multimillonario.
Empresas de seguridad, aseguradoras, plataformas de desalojo y las formaciones políticas ultraderechistas han encontrado en el miedo al ‘okupa’ un filón económico. No se trata solo de vender productos o servicios; se trata de mantener un relato que legitime esa demanda.
Mientras tanto, los medios —a menudo por interés, presión editorial o simplemente por el atractivo del conflicto— contribuyen a amplificar la percepción de riesgo. Un simple hecho estadístico se transforma en una narrativa de urgencia: España, dicen, está en riesgo, y la vivienda, amenazada. El fenómeno no es nuevo, pero la desproporción entre realidad y percepción sí lo es.
Según el mismo Barómetro, la preocupación por los precios de alquiler y compra ha aumentado ligeramente (+0,22 y +0,16 respectivamente), pero la ocupación sigue captando la atención principal. Esto refleja cómo la cobertura mediática no solo informa, sino que prioriza qué problemas deben preocupar a la sociedad.
El resultado es un ciudadano más centrado en el miedo que en las dificultades económicas reales que afectan a la mayoría. Además, la forma en que se presenta la ocupación contribuye a una visión polarizada. Se enfatizan casos extremos, se generaliza el peligro y se ignoran soluciones estructurales, como la falta de vivienda asequible o la presión fiscal sobre propietarios y arrendatarios.
Mientras los titulares hablan de mafias organizadas e invasiones de pisos, la mayoría de los hogares sigue lidiando con alquileres caros, hipotecas crecientes y gastos energéticos que pesan cada mes.







