Parece mentira, pero ya ha pasado un año. Estamos a 18 de enero de 2025 y Marc Murtra cumple sus primeros 12 meses al frente de Telefónica. Si echamos la vista atrás, muchos esperaban ruido en este relevo, quizás algún tropiezo o esas típicas guerras internas de las grandes corporaciones. Pues nada de eso.
La realidad ha sido mucho más tranquila para la prensa rosa y mucho más interesante para los inversores. Murtra no entró por la puerta de atrás; llegó con más del 90% de apoyo en la Junta, algo que se ve poco en las grandes cotizadas españolas. Desde el día uno el mensaje fue claro: aquí hay mando, estabilidad y se acabaron los líos raros en el accionariado.
En estos doce meses se ha notado un cambio de mentalidad brutal. Se acabó la época de querer estar en todas partes a cualquier precio. El nuevo mantra es el realismo estratégico. El foco ahora son cuatro mercados clave: España, Alemania, Reino Unido y Brasil. Punto. Murtra ha cogido el toro por los cuernos decidiendo que es mejor ser fuertes en cuatro sitios que débiles en veinte.
Gobernar también es saber decir que no: este año se ha priorizado la rentabilidad real por encima de crecer a lo loco por simple inercia
Esto ha implicado soltar lastre, una decisión que llevaba años aplazándose. Las ventas cerradas en Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador (con Colombia en camino) no son una huida a la desesperada. Es pura disciplina financiera. Se trata de quitarse de encima el riesgo de las divisas volátiles y la inestabilidad política para meter los recursos donde de verdad rentan. Y se nota: España y Brasil están tirando del carro comercialmente, demostrando que cuando te enfocas, los mercados clave responden.
Pero este año no ha sido solo cortar, también ha sido sembrar. Por fin hay un plan a largo plazo, el «Transform & Grow» mirando a 2030. No son fuegos artificiales para la galería, son cimientos industriales. Y aquí entra mi parte favorita: el empujón decidido al B2B y a Telefónica Tech. La compañía ya no va solo de vender SIMs y fibra; va de ciberseguridad, de nube, de IoT. Ahí es donde hay margen y donde Telefónica quiere ser un socio tecnológico, no un simple proveedor más.
No ha sido un año de fuegos artificiales para la galería, sino de pico y pala: menos ruido, más gestión y un plan industrial que por fin mira a 2030
Claro que no todo ha sido bonito. Ha habido que apretarse el cinturón para que los números de 2025 cuadren y mantener el grado de inversión, que es sagrado. Gobernar también es saber decir que no. Se ha priorizado la rentabilidad por encima de crecer a lo loco por inercia, lo que ha implicado medidas impopulares como ajustes de plantilla pactados o revisar la política de dividendos. Son decisiones difíciles hoy para evitar sustos mañana.
Ha sido un año marcado por un estilo de liderazgo diferente. Marc Murtra tiene un perfil más técnico e industrial, menos de foto política. Se ha notado en el día a día: menos ruido y más gestión. No ha sido un año de grandes titulares brillantes, sino de una reordenación profunda. El verdadero valor de este primer año no es solo lo que ya se ve, sino lo que ha dejado preparado para el futuro. No era un año para lucirse, era un año para ordenar la casa.








