miércoles, 14 enero 2026

La DGT ya sabe cuándo cambias de carril sin poner intermitente y el precio son 200 euros y puntos menos

Se acabó la impunidad para el error más común al volante: Tráfico despliega un arsenal tecnológico capaz de detectar automáticamente la ausencia de señalización en giros y adelantamientos. La broma sale cara, ya que el descuido se traduce en 200 euros de multa y la posible pérdida de puntos si hay riesgo para otros usuarios.

Parece mentira que en pleno 2026 todavía tengamos que recordar que la palanca situada a la izquierda del volante no es un adorno estético, pero la DGT se ha cansado de pedirlo por las buenas. La llegada de las nuevas cámaras de alta definición, apoyadas por inteligencia artificial, marca un antes y un después en la vigilancia de nuestras carreteras: ya no hace falta que una patrulla te vea in fraganti para que te llegue la «receta» a casa.

El despliegue es masivo y, sinceramente, asusta un poco por su precisión quirúrgica a la hora de cazar a los despistados. Lo que antes quedaba en un leve enfado del conductor de atrás, ahora se convierte en una sanción administrativa procesada en tiempo real por el sistema automatizado de Tráfico. Si eres de los que cambia de carril usando la telepatía en lugar del intermitente, vete preparando la cartera porque el Gran Hermano vial ha aprendido a mirar donde más duele.

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El ojo que todo lo ve (y no parpadea)

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Hasta ahora, multar por no poner el intermitente era una tarea tediosa que requieria la observación directa de un agente de la Guardia Civil o el vuelo rasante de un helicóptero Pegasus. La novedad es que las cámaras fijas han evolucionado y ahora interpretan trayectorias: si tu coche se desplaza lateralmente y el sistema no detecta el destello ámbar previo, la infracción queda registrada automáticamente en los servidores del Centro de Tratamiento de Denuncias.

No estamos hablando de ciencia ficción, sino de un software que discrimina perfectamente entre un leve zigzagueo dentro del carril y una maniobra de cambio de vía completa. El margen de error es mínimo y la capacidad de procesamiento es brutal, permitiendo monitorizar miles de vehículos por hora en puntos negros y tramos de alta densidad donde estas imprudencias suelen acabar en chapa y pintura, o algo peor.

200 euros: la tarifa plana del olvido

El reglamento es claro y tajante, aunque en la práctica hayamos vivido en una especie de amnistía no escrita durante décadas por la dificultad de probar la infracción. Realizar cualquier maniobra que implique un desplazamiento lateral o un cambio de dirección sin advertirlo al resto de usuarios se considera una infracción grave según la Ley de Tráfico, y el importe no admite descuentos por «es que no había nadie».

El dolor económico es inmediato, pero ojo porque la sanción puede venir acompañada de un castigo mayor si la maniobra obliga a otro conductor a frenar bruscamente o realizar una evasiva. En esos casos, la retirada de puntos está garantizada, pudiendo perder hasta cuatro créditos de tu carnet si el agente que revisa la secuencia considera que hubo conducción negligente o temeraria asociada a la falta de señalización.

Adelantamientos bajo la lupa digital

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Una de las situaciones donde esta tecnología va a hacer su agosto es en las carreteras secundarias, el escenario donde se producen los accidentes más graves. Las nuevas cámaras no solo vigilan que uses el intermitente al salirte para adelantar, sino que controlan el retorno al carril derecho, esa fase crítica donde muchos conductores cortan el paso al vehículo adelantado sin señalizar su vuelta.

El sistema cruza los datos de posición del vehículo con la activación de las luces, y si las cuentas no salen, la propuesta de sanción se genera sola. Es curioso cómo hemos normalizado conducir mal y ahora nos llevamos las manos a la cabeza porque una máquina nos aplica el reglamento a rajatabla, pero la realidad es que señalizar correctamente es el único lenguaje común que tenemos para sobrevivir en el asfalto.

Glorietas: el coto de caza definitivo

Si hay un lugar donde reina la anarquía absoluta y el «sálvese quien pueda», ese es sin duda la rotonda, y la DGT lo sabe perfectamente. Se están instalando dispositivos específicos en las salidas de las glorietas para cazar sistemáticamente a quienes las abandonan cruzándose desde el carril interior sin poner el intermitente, una maniobra que colapsa el tráfico y genera golpes constantes.

La tecnología permite identificar si el vehículo ha cortado la trayectoria de otro y si ha avisado de su intención de salir con la antelación suficiente. Lo que antes era la ley de la selva urbana, ahora será un goteo constante de notificaciones certificadas que nos obligará, a base de rascar el bolsillo, a recuperar esas buenas costumbres que olvidamos cinco minutos después de aprobar el examen práctico.


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