martes, 13 enero 2026

Aparcar en zonas comunes: el vecino que usó el patio como garaje y acabó denunciado

Javier Molina, 47 años, pensó durante años que no estaba haciendo nada malo. Vive en un edificio de viviendas en las afueras de Granada, con un amplio patio comunitario (una de esas zonas comunes) que apenas se utiliza. Desde hace tiempo, Javier aparcaba allí su coche por las noches, convencido de que no molestaba a nadie y de que, en el fondo, estaba aprovechando un espacio “muerto”.

El problema comenzó cuando una nueva vecina, Marta López, 34 años, se mudó al bloque y empezó a usar ese patio para que jugara su hijo pequeño.

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Un gesto cotidiano que se convirtió en conflicto por zonas comunes

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Yo bajaba al patio con mi hijo y me encontraba el coche allí plantado”, explica Marta. “No es un garaje, es una zona común”. Según cuenta, el vehículo ocupaba buena parte del espacio y dificultaba el paso, además de suponer un riesgo para los niños.

Javier no veía el problema. “No hay plazas de aparcamiento cerca y el patio está siempre vacío”, defendía. “Nunca nadie se había quejado”.

Durante meses, la situación se mantuvo con reproches esporádicos, hasta que Marta decidió elevar la queja al presidente de la comunidad.

Qué se considera una zona común

El administrador de fincas fue claro desde el primer momento: el patio figuraba en la escritura como elemento común del edificio, sin uso privativo asignado a ningún vecino. Por tanto, no podía utilizarse como aparcamiento salvo que la comunidad lo aprobara expresamente.

Aparcar de forma habitual en una zona común se considera un uso exclusivo e indebido, incluso aunque no exista una prohibición explícita previa. “Que no moleste no significa que esté permitido”, aclaró el administrador durante la junta.

La junta de vecinos y la votación clave

En la siguiente reunión, el tema generó un intenso debate. Algunos vecinos apoyaron a Javier, alegando que el coche no causaba daños visibles. Otros respaldaron a Marta, señalando riesgos de seguridad, problemas de acceso y posibles responsabilidades legales en caso de accidente.

zonas comunes
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Finalmente, la comunidad votó por mayoría simple prohibir expresamente el estacionamiento de vehículos en el patio comunitario y exigir la retirada inmediata del coche. Además, se acordó que, si la conducta persistía, se enviarían requerimientos formales y se podría acudir a la vía judicial.

Cuando entra en juego la Ley de Propiedad Horizontal

La normativa es clara: ningún propietario puede apropiarse de un elemento común ni darle un uso exclusivo sin autorización expresa de la comunidad.

El artículo 7 de la Ley de Propiedad Horizontal permite a la comunidad actuar contra el propietario que realice actividades prohibidas o molestas, incluyendo requerimientos por escrito y, en casos extremos, acciones legales.

Y, en este caso, aparcar en una zona común no habilitada puede acarrear sanciones internas, obligación de cesar en el uso y, si hay daños, responsabilidades económicas.

Por su parte, Javier se sintió injustamente tratado. “Durante años nadie dijo nada”, insiste. “De repente parece que soy el villano”.

Sin embargo, tras recibir un burofax de la comunidad recordándole el acuerdo aprobado y advirtiendo de posibles consecuencias legales, decidió dejar de aparcar allí. “No quería problemas judiciales”, admite. “Pero me sentí señalado”.

Desde entonces, el patio ha recuperado su uso original y se ha convertido en un espacio de paso y juego para los vecinos.

Un conflicto más común de lo que parece

Este tipo de disputas se repite en muchas comunidades, especialmente en edificios antiguos o con espacios amplios mal definidos. Patios, accesos, rampas o zonas ajardinadas acaban siendo utilizados como aparcamientos improvisados.

Los expertos recomiendan actuar rápido. Cuanto más tiempo se tolera un uso indebido de zonas comunes, más difícil resulta corregirlo sin conflicto. “Que algo se haga durante años no lo convierte en legal”, recuerdan los administradores de fincas.

Tras el conflicto, esta comunidad decidió actualizar su reglamento interno, dejando por escrito los usos permitidos y prohibidos de las zonas comunes. También se colocó señalización visible indicando que estaba prohibido aparcar.

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Desde entonces, no se han producido nuevos incidentes. Marta se muestra satisfecha. “No quería pelearme con nadie, solo que se respetaran los espacios comunes”. Javier, por su parte, reconoce que la situación le ha servido de lección. “Vivir en comunidad es ceder”, concluye.

Una historia que demuestra que, en los conflictos vecinales, el problema no siempre es el coche… sino olvidar que lo común no pertenece a nadie en particular, sino a todos.


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