David Molina tiene 41 años y nunca pensó que acabaría con un trabajo como el que tiene ahora. Durante años estuvo encadenando empleos mal pagados en el sector servicios, hasta que una oferta que casi todo el mundo rechazaba terminó siendo su salvavidas. “Cuando leí el anuncio, entendí por qué nadie lo quería”, reconoce. “Pero también vi el sueldo y pensé: por probar…”.
Lo que David descubrió después es una realidad que se repite en el mercado laboral: hay empleos que nadie quiere hacer y, precisamente por eso, pagan mejor.
El problema no es el sueldo, es el tipo de trabajo
Muchos puestos vacantes no lo están porque paguen poco, sino porque implican horarios complicados, tareas duras o cierta incomodidad social. Turnos nocturnos, trabajo físico, olores desagradables o contacto con situaciones poco agradables.
“En mi caso era mantenimiento en turnos de noche”, explica David. “Fines de semana, festivos y madrugadas. Eso espanta a mucha gente”. El sueldo, sin embargo, estaba muy por encima de lo que ganaba antes. Y con contrato estable.
Los trabajos invisibles que sostienen el día a día
Uno de los grandes problemas de estos empleos es que son invisibles. Nadie piensa en ellos hasta que fallan. Limpieza industrial, recogida de residuos, mantenimiento de infraestructuras, operarios de depuradoras, técnicos de ascensores o controladores de instalaciones críticas.
“Si yo no voy a trabajar, se nota enseguida”, dice David. “Pero nadie habla de ello”.
Precisamente esa responsabilidad es la que hace que muchas empresas paguen más. Necesitan gente que cumpla, y no siempre la encuentran.
Turnos raros, sueldos mejores
Otro factor clave es el horario. Trabajos nocturnos, fines de semana o festivos suelen tener pluses importantes. Seguridad privada, transporte, logística o sanidad son ejemplos claros.
David lo tuvo claro: “Prefiero sacrificar algunos horarios y ganar tranquilidad económica”. Este tipo de empleo no suele atraer a personas con cargas familiares o que buscan rutinas de lunes a viernes, pero para otros perfiles es una oportunidad real.
Cuando el rechazo social juega en contra

Hay trabajos que no se quieren por estigma. Desde limpieza de alcantarillado hasta control de plagas o servicios funerarios. No son trabajos ilegales ni inseguros, pero generan rechazo.
“Cuando digo a qué me dedico, hay gente que pone mala cara”, admite David. “Luego preguntan cuánto gano y cambia la conversación”.
El mercado laboral funciona así: cuanto menos atractivo es un puesto, más difícil es cubrirlo. Y cuando no se cubre, el sueldo sube.
La falta de formación específica
Algunos de estos trabajos requieren formación corta pero específica, y mucha gente ni siquiera sabe que existen. Operadores de maquinaria, técnicos de mantenimiento, soldadores especializados o instaladores industriales.
“No necesitas una carrera”, explica David, “pero sí formación que no todo el mundo tiene o quiere hacer”.
Esto crea un cuello de botella: pocas personas capacitadas para trabajos muy necesarios.
El miedo a salir de la zona de confort
Muchas personas prefieren seguir buscando algo “mejor” antes que aceptar un trabajo que no encaja con su idea inicial. David lo entiende: “Yo también dudé”.
Pero el tiempo juega en contra. Cuanto más se alarga el paro, más difícil se vuelve volver al mercado laboral. Aceptar un empleo poco atractivo puede ser una puerta de entrada.
“Una vez dentro, es más fácil moverte”, afirma.
No son trabajos para todo el mundo
David no idealiza su empleo. Reconoce que hay días duros y que no es un trabajo vocacional. “No te voy a decir que me encanta”, dice con sinceridad. “Pero me permite vivir tranquilo”.
Y esa es la clave. No todos los trabajos tienen que ser un sueño. Algunos simplemente cumplen su función: estabilidad, sueldo digno y menos preocupación.
Mirar donde nadie mira
Hoy, David aconseja a quien esté buscando trabajo que amplíe el foco. “Mira donde nadie mira”, recomienda. “Ahí suele haber oportunidades”.
El mercado laboral está lleno de vacantes que no salen en los rankings de empleos soñados, pero que sostienen la economía real. Y mientras muchos los descartan, otros encuentran en ellos una salida inesperada. “Yo lo hice por necesidad”, concluye David. “Y al final, fue una buena decisión”.









