martes, 13 enero 2026

Ángel Gaitán (38), mecánico, explica cómo se obtienen ciertas etiquetas ambientales sin ser ECO

Ángel Gaitán, mecánico especializado y divulgador del sector del automóvil, ha vuelto a poner el foco en un asunto que afecta a millones de conductores: las etiquetas ambientales. El especialista denuncia el condicionamiento al acceso a las ciudades, los impuestos y regulación de la movilidad diaria.

Desde su taller, Gaitán promete mostrar —con ejemplos reales— cómo algunos vehículos obtienen etiquetas ambientales favorables sin reducir realmente sus emisiones. La pregunta es incómoda: ¿qué se está premiando, la contaminación real o el cumplimiento burocrático?

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Cuando pagar basta: así se consiguen etiquetas ambientales sin ser ECO

Cuando pagar basta: así se consiguen etiquetas ambientales sin ser ECO
Fuente: agencias

Un utilitario que consume cuatro litros cada cien kilómetros tiene una etiqueta B y restricciones. A su lado, un enorme pick-up de gasolina, con consumos cercanos a los treinta litros, luce etiquetas ambientales ECO. La diferencia no está en lo que sale por el tubo de escape, sino en el trámite.

Según explica Gaitán, basta con instalar —o incluso simular— un sistema de GLP, pasar por ITV, abonar tasas y solicitar el distintivo. Nadie comprueba si el vehículo funciona realmente con gas. Nadie verifica su uso posterior. El resultado: etiquetas ambientales que no reflejan el impacto real del coche.

El mecánico enumera varios casos habituales: vehículos gasolina de gran cilindrada con GLP “testimonial” que obtienen etiquetas ambientales ECO; furgonetas diésel con microhibridación mínima que acceden a ventajas urbanas y sistemas instalados solo para homologar, sin intención de uso real.

“El coche contamina lo mismo, pero ahora puede entrar a cualquier ciudad”, resume. Para Gaitán, el mensaje es claro: con dinero, el sistema se dobla; sin él, el coche acaba en la chatarra.

ITV, emisiones y el gran vacío técnico del sistema

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La crítica más dura llega al analizar cómo se mide la contaminación. En España, la ITV evalúa opacidad en diésel y gases básicos en gasolina. No se miden partículas finas ni NOx, los verdaderos responsables del impacto urbano. Así, coches reprogramados o con sistemas anticontaminación anulados superan el control sin problemas y conservan sus etiquetas ambientales.

Gaitán lo explica con crudeza: “Da igual que el coche vaya a gas, gasolina o diésel; la prueba no detecta la diferencia”. De ahí que las etiquetas ambientales se basen más en la ficha técnica que en la realidad.

El contraste resulta aún más llamativo con los vehículos eléctricos. Tienen etiqueta CERO, descuentos fiscales y acceso total. Pero nadie calcula el coste ambiental de fabricar baterías gigantescas ni la energía empleada para extraer litio. “Si tienes billetes, eres cero; si no, eres un apestado”, ironiza.

Para el mecánico, la solución no pasa por demonizar tecnologías, sino por medir bien. Equipar las ITV con sistemas modernos permitiría asignar etiquetas ambientales según emisiones reales, no por atajos administrativos. Un coche bien mantenido y eficiente debería tener mejor etiqueta que uno sobredimensionado con homologación estratégica.


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