martes, 13 enero 2026

Por qué nunca deberías beber esto con el estómago vacío si sufres de ansiedad o estrés.

Aunque la cultura popular nos ha vendido que necesitamos cafeína nada más abrir los ojos para "ser personas", la ciencia sugiere que beber esta sustancia con el estómago vacío es un error de cálculo para nuestro sistema hormonal. Si sufres estrés crónico o ansiedad, esa primera taza humeante podría ser la responsable de que tu corazón se acelere y tu mente se nuble mucho antes de llegar a la oficina.

Es muy probable que tu rutina empiece con un piloto automático que te lleva directo a la cocina a preparar esa dosis de energía líquida oscura y aromática. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que el cuerpo ya tiene sus propios mecanismos para despertarse y que la cafeína interfiere con ellos de forma agresiva. Al introducir un estimulante potente en un organismo que lleva horas en ayuno, no solo lo despiertas, sino que lo pones en una situación de alerta máxima innecesaria que puede durar todo el día.

Si eres de los que nota un nudo en el estómago o una sensación de inquietud inexplicable a media mañana, es posible que el culpable no sea tu jefe ni el tráfico. Ocurre que tu sistema nervioso interpreta esa señal química como una amenaza inminente, activando protocolos de defensa que no necesitas. Antes de culpar a tu entorno por tu ansiedad, merece la pena revisar qué es lo primero que le das a tu cuerpo al levantarte.

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Beber: Tu reloj interno y la trampa del cortisol mañanero

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Nuestro organismo funciona con una precisión suiza gracias a los ritmos circadianos, y uno de sus trucos para sacarnos de la cama es liberar una gran cantidad de cortisol, la famosa hormona del estrés, justo al despertar. Curiosamente, añadir cafeína en este pico natural no te da más energía real, sino que sobrecarga las glándulas suprarrenales generando un estado de estrés fisiológico redundante.

Este pico natural de cortisol suele ocurrir entre las 8 y las 9 de la mañana en la mayoría de las personas, un momento en el que la sensibilidad a los estimulantes es menor y la tolerancia se construye más rápido. Por eso, esperar unas horas resulta mucho más inteligente si quieres aprovechar los beneficios del café sin sufrir sus efectos colaterales nerviosos.

La inyección de adrenalina que nadie pidió

Más allá del cortisol, el café negro con el estómago vacío actúa como un catalizador directo para la liberación de adrenalina, la hormona encargada de la respuesta de «lucha o huida». Lo cierto es que esta reacción química primitiva nos salvaba de los depredadores en la antigüedad, pero hoy solo sirve para que te sientas agitado mientras estás sentado frente al ordenador.

Para una persona con tendencia a la ansiedad, este «subidón» artificial puede desencadenar síntomas físicos idénticos a los de un ataque de pánico, confundiendo al cerebro y generando un bucle de miedo. De hecho, muchos pacientes confunden la intoxicación por cafeína con un trastorno de ansiedad generalizada, cuando en realidad están sufriendo una respuesta farmacológica a una sustancia potente.

El eje intestino-cerebro y el malestar físico

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No podemos ignorar que el estómago es nuestro «segundo cerebro», y beber café sin alimentos previos aumenta la producción de ácido clorhídrico, lo que puede irritar la mucosa gástrica y generar un malestar que viaja directo a tu estado de ánimo. Está demostrado que la inflamación digestiva afecta a la salud mental, enviando señales de angustia al sistema nervioso central a través del nervio vago. Si tu estómago está tenso y ácido, es biológicamente muy difícil que tu mente se mantenga serena y concentrada.

Además, el café tiene un efecto laxante inmediato que, en un sistema digestivo vacío, puede provocar deshidratación y una pérdida repentina de electrolitos, dejándote con una sensación de debilidad paradójica. Resulta irónico que busquemos el café para tener fuerza y acabemos sintiéndonos físicamente agotados y mentalmente dispersos a las pocas horas.

Cuándo y cómo disfrutarlo sin riesgos

La buena noticia es que no tienes que renunciar a tu bebida favorita para siempre, solo necesitas cambiar el «cuándo» y respetar la biología de tu propio cuerpo. Los expertos coinciden en que el momento óptimo sería a media mañana, sobre las 10:30 o 11:00, cuando tus niveles de cortisol han bajado y tu estómago ya ha procesado el desayuno.

Antes de ese primer sorbo, asegúrate de haber bebido al menos un vaso grande de agua y de haber ingerido alguna proteína o grasa saludable que sirva de «colchón» para la cafeína. Verás que tu ansiedad disminuye de forma notable y que disfrutas más del sabor y del ritual, sin pagar el precio de los temblores o la angustia.


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