El Dr. Nicolás Olea, catedrático de Medicina de la Universidad de Granada y experto en disruptores endocrinos con 38 años de investigación, lanza una advertencia que afecta a millones de hogares españoles. En 2026, la Unión Europea implementará la prohibición total del bisfenol A en materiales en contacto con alimentos, una medida que llega tras décadas de exposición silenciosa. La recomendación del especialista es clara y contundente: nunca calientes tu comida en envases de plástico, especialmente aquellos fabricados con policarbonato.
El calor actúa como un acelerador químico que libera compuestos tóxicos directamente a los alimentos. Según el propio Olea, «el calor y el rozamiento van a romper el polímero» y facilitar la migración de sustancias químicas peligrosas hacia lo que consumimos. Este proceso ocurre de forma imperceptible pero acumulativa, día tras día, en miles de cocinas.
Qué sucede cuando calientas plástico
El bisfenol A (BPA) es un compuesto químico presente en la mayoría de plásticos de policarbonato, identificados con el número 7 en los envases. Este monómero se utiliza desde hace más de 50 años en la fabricación de recipientes alimentarios, biberones y revestimientos internos de latas de conserva. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria reconoció en 2022 que el BPA provoca efectos adversos en el sistema inmunitario, metabólicos y reproductivos.
Cuando sometes un envase plástico al microondas o lo expones a temperaturas elevadas, los enlaces químicos se debilitan y liberan monómeros no polimerizados. Un estudio del IDAEA-CSIC halló aditivos tóxicos en el 85% de 109 alimentos españoles analizados, con concentraciones hasta 50 veces superiores en platos preparados calentados en su propio envase. El polipropileno, considerado más seguro, también multiplica la exposición cuando se calienta repetidamente.
Los ftalatos, utilizados como ablandadores, representan otro grupo de disruptores endocrinos que migran fácilmente con el calor. Estos compuestos imitan las hormonas naturales del cuerpo humano y se acumulan especialmente en alimentos grasos como carnes procesadas. Por ello, además del calor, el tiempo de contacto resulta determinante en la cantidad de sustancias que pasan del envase a la comida.
Alternativas seguras en tu cocina
✓ Utiliza recipientes de vidrio o cerámica para calentar en el microondas
✓ Transfiere la comida de envase plástico antes de calentarla
✓ Evita lavar plásticos en el lavavajillas a altas temperaturas
✓ Desecha envases plásticos rayados o desgastados
✓ Guarda alimentos en frío si usas plástico, limitando el tiempo de contacto
El Dr. Olea insiste en que «el policarbonato no sirve para identificar cuál es la características de la botella final» y recomienda prescindir directamente de plásticos para calentar. Francia prohibió unilateralmente el policarbonato en envases alimentarios desde enero de 2013, adelantándose más de una década a la normativa europea. España intentó hacer lo propio en su Ley de Residuos de 2022, pero la redacción ambigua impidió su aplicación efectiva.
La recomendación para productos refrigerados resulta menos estricta: puedes envolver alimentos en plástico si permanecen en nevera y tienen caducidad breve, reduciendo así el tiempo de contacto. Sin embargo, la regla de oro permanece invariable: jamás sometas plástico a fuentes de calor, ni siquiera para descongelar. El vidrio templado y el acero inoxidable eliminan por completo el riesgo de migración química.
El efecto cóctel que nadie mide
La administración europea centra sus análisis en compuestos individuales, pero la realidad resulta más compleja. El organismo humano no recibe una única sustancia aislada, sino un cóctel de químicos con efecto combinado. Nicolás Olea lo explica con claridad: de 245.000 compuestos químicos registrados, se han identificado 2.000 como disruptores endocrinos claros, y todos actúan simultáneamente en nuestro cuerpo.
Un estudio con 27 ministros europeos, incluyendo la española Cristina Narbona, detectó hasta 106 compuestos químicos en sangre, con una media de 46 positivos por persona. Ante la pregunta de si 46 niveles bajos equivalen a un nivel alto, la toxicología reguladora no tiene respuesta porque estudia sustancias de forma individual. Esta laguna normativa permite que la industria sustituya el BPA por otros bisfenoles (S, F, AF) igualmente problemáticos.
Por qué la prohibición llega tarde
Europa tardará hasta 2026 en prohibir completamente el bisfenol A en materiales que contactan con alimentos, pese a que la evidencia científica acumula décadas de advertencias. La medida incluye periodos de transición y múltiples exenciones para la industria alimentaria, que alega dependencia técnica del BPA en procesos como microfiltración u ósmosis inversa. Según el reglamento, existen alternativas pero resultan económicamente inviables a escala comercial.
Japón sustituyó el recubrimiento epoxi de las latas por filme de poliéster hace años, demostrando que las alternativas son factibles cuando existe voluntad política. En España, la EFSA admitió públicamente en 2022 que la exposición alimentaria al bisfenol A había puesto en riesgo la salud de todos los grupos de población, superando la ingesta diaria recomendada entre dos y tres órdenes de magnitud.










