martes, 13 enero 2026

¿Agua potable o agua saludable? El metal pesado del grifo que preocupa a los neurólogos

- No todo lo que es agua potable cuida realmente tu cuerpo.

Durante años hemos dado por hecho que abrir el grifo o comprar una botella es sinónimo de hidratación segura. Es casi un gesto automático. Pero cada vez más especialistas en salud y biología celular advierten de algo que incomoda: no toda el agua que es “potable” es realmente “saludable”. En una reciente intervención, un experto en calidad del agua puso el foco en un asunto que nos afecta a todos, aunque rara vez lo pensemos: la presencia de sustancias tóxicas en el agua que bebemos y su impacto silencioso en el cuerpo.

Su planteamiento parte de una idea sencilla. El agua no es solo algo que calma la sed. Es el primer combustible del organismo. A nivel celular, donde se fabrica la energía que nos mantiene en pie, el agua actúa como un vehículo esencial para que todo funcione. “El cuerpo puede aguantar días sin comida, pero falla mucho antes sin agua”, recuerda. Por eso insiste en diferenciar entre el agua que cumple los mínimos legales y la que de verdad hidrata las células. (Yo, lo confieso, nunca me lo había planteado así).

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Cloro, metales y plásticos: lo que también viaja en el grifo

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Lo invisible del agua potable también entra en tu cuerpo cada día. Fuente:canva

Cuando hablamos de riesgos, el primero en la lista es el cloro. Se añade por ley para eliminar bacterias, sí, pero su consumo constante puede alterar la microbiota intestinal y provocar molestias digestivas. El experto usa una imagen que no se olvida: un pez de acuario muere en pocas horas si se mete en un vaso de agua del grifo. No por el agua en sí, sino por lo que lleva disuelto.

A esto se suman los metales que el agua arrastra por las tuberías. Las más antiguas de hierro aportan óxido y sedimentos; las de cobre, con el paso del tiempo, pueden generar una toxicidad silenciosa en quienes beben esa agua a diario. Y está el aluminio, utilizado en las plantas potabilizadoras para decantar impurezas, al que se vincula con procesos neurodegenerativos como el Alzheimer y la demencia senil.

El tercer frente son los microplásticos y nanoplásticos. Proceden tanto de tuberías modernas como de las botellas de plástico. Algunos estudios calculan que una persona puede ingerir el equivalente al plástico de una tarjeta de crédito cada semana si consume agua embotellada. Son partículas diminutas, sí, pero persistentes. Actúan como disruptores endocrinos y se acumulan en el organismo. Pequeñas por fuera, grandes por dentro.

El mito del agua embotellada y las llamadas “aguas débiles”

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El agua no solo hidrata: también transporta energía celular. Fuente:canva

Podría pensarse que la solución es comprar agua en botella. El experto, sin embargo, desmonta ese refugio. El almacenamiento prolongado y el calor favorecen que el plástico se fragmente en el propio líquido. Además, describe muchas de estas aguas como “energéticamente muertas”, sin capacidad real de nutrir a nivel celular.

Mención aparte merecen las aguas de “mineralización muy débil”, tan comunes en bidones de oficina. Al carecer de sodio, calcio y magnesio, tienen un efecto diurético que puede desmineralizar y deshidratar en lugar de hidratar. “Orinar muy claro no siempre es buena señal”, advierte. A veces significa que estamos perdiendo minerales. ¿Cuántas veces hemos celebrado ese color sin saber lo que había detrás?

Filtrar no basta: la propuesta de purificar y remineralizar

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Filtrar bien el agua es una forma sencilla de prevención diaria. Fuente:canva

En casa solemos recurrir a filtros de frigorífico o jarras filtrantes. El problema, explica, es que muchos están pensados para proteger el electrodoméstico de la cal, no para una depuración profunda. Al no tener sistemas de drenaje, pueden saturarse y acabar liberando impurezas si no se cambian con una frecuencia casi obsesiva.

Tampoco ve con buenos ojos los alcalinizadores o ionizadores si el agua no se ha limpiado antes. Alcalinizar un agua sucia es, en el fondo, empujar la suciedad más dentro de la célula.

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