lunes, 12 enero 2026

David Jiménez, periodista: “Ucrania es sólo la primera parada de Putin, y eso implica riesgos claros para Europa”

En un mundo marcado por el desorden global, David Jiménez advierte que Ucrania es el primer paso de la ambición de Putin y que Europa enfrenta riesgos crecientes ante líderes impredecibles y democracias en retroceso.

El mundo, pero principalmente Europa, atraviesa un momento de inestabilidad profunda difícil de ignorar. Conflictos abiertos, democracias en retroceso y líderes cada vez más imprevisibles configuran un escenario que preocupa a analistas y periodistas con experiencia sobre el terreno.

En ese contexto, David Jiménez advierte que el aumento del riesgo global no es una exageración retórica, sino una tendencia peligrosa. Y en ese mapa de tensiones crecientes, Europa aparece como uno de los espacios más expuestos.

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Un desorden global que vuelve a poner a Europa en el centro

Un desorden global que vuelve a poner a Europa en el centro
Fuente: agencias

Hace apenas un año, Jiménez situaba en un 10% la posibilidad de un conflicto global. Hoy, esa estimación asciende al 20%. Más allá del número, lo verdaderamente alarmante es el cambio de dirección. El riesgo aumenta cuando debería disminuir. El periodista lo explica a partir de un fenómeno evidente: el desorden internacional se ha normalizado y la lógica de las reglas ha sido sustituida por la de la fuerza.

Las democracias liberales retroceden y el autoritarismo avanza. Según datos de la Unidad de Inteligencia de The Economist, solo un 6% de la población mundial vive en democracias plenas. Ese contexto afecta de lleno a Europa, que durante décadas confió en un sistema de equilibrios hoy debilitado. El regreso del colonialismo, del expansionismo y de la ambición imperial ha reactivado tensiones que parecían enterradas.

En ese escenario, Ucrania no es un episodio aislado. Para Jiménez, es la primera parada de un proyecto mayor. La historia demuestra que cuando líderes ultranacionalistas no encuentran freno, avanzan. Y Europa conoce bien ese patrón. Si Ucrania cae, el mensaje para el continente sería devastador: la frontera oriental quedaría expuesta y el principio de seguridad colectiva entraría en crisis.

A ello se suma la imprevisibilidad de actores clave. Estados Unidos, tradicional garante del orden global, emite señales ambiguas. El repliegue estratégico y ciertos discursos expansionistas erosionan la estabilidad internacional y generan inquietud en Europa, que depende en gran medida de ese equilibrio para sostener su seguridad.

Riesgo nuclear, líderes impredecibles y un futuro inquietante

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El aumento del riesgo no se limita a Rusia. China y Taiwán representan otro foco de tensión con potencial de escalar a nivel global. Si las grandes potencias asumen que las reglas ya no valen, el sistema entero se resquebraja. En ese contexto, Europa deja de ser un actor periférico y vuelve a convertirse en escenario central de las consecuencias.

David Jiménez recuerda que el último gran conflicto global ocurrió antes de la proliferación nuclear. Hoy, una guerra de esa magnitud podría ser definitiva. Las armas existen, los límites se erosionan y los liderazgos actuales no transmiten moderación. Para Europa, el riesgo no es teórico: es estratégico, político y humano.

El periodista también apunta a un cambio clave en la forma de entender la política internacional. La división ya no pasa por izquierdas o derechas, sino por decencia y sentido común. Líderes que buscan gestionar para el bienestar de sus ciudadanos frente a otros obsesionados con el poder, la codicia y la expansión. Esa diferencia es crucial para el futuro de Europa, donde las libertades y el Estado de derecho siguen siendo pilares fundamentales.

La historia enseña que las grandes guerras nacen del mismo lugar: recursos, ambición y ausencia de frenos. Hoy, el mundo parece volver a ese punto. Europa, una vez más, observa cómo los errores del pasado amenazan con repetirse. La pregunta no es si el riesgo existe, sino si habrá voluntad política para contenerlo antes de que sea demasiado tarde.


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