Un sangrado nasal es de esas cosas que, aunque no duelan, asustan. De repente ves rojo, te llevas la mano a la cara y el cuerpo se pone en alerta. A mí me ha pasado. Y seguro que a ti también. Por eso la doctora Cristina Jiménez, especialista en otorrinolaringología, insiste tanto en algo sencillo pero crucial: entender qué es la epistaxis y saber cómo actuar puede ahorrarnos sustos innecesarios… y problemas de verdad.
“La epistaxis es el nombre médico que usamos para el sangrado nasal”, explica. Parece una palabra grande para algo tan cotidiano, pero no es solo “sangrar por la nariz”. También cuenta la sangre que se va hacia dentro, la que tragamos sin darnos cuenta. Y eso, aunque no lo veamos, también importa.
En niños: mucho susto, casi siempre poca gravedad

Si hay algo que pone los nervios de punta es ver a un niño sangrar por la nariz. La escena impresiona: sangre, pañuelos, caras de pánico… Pero Cristina Jiménez lo aclara con mucha calma: en la mayoría de los casos, en niños el sangrado se debe a que se hurgan la nariz. Lo que ella llama “manipulación digital”, que suena técnico pero es lo de siempre: meter los dedos.
La parte delantera del tabique nasal está llena de pequeños vasos sanguíneos. Es una zona muy sensible. Basta un pequeño roce para que sangre bastante. Por eso, aunque el sangrado parezca aparatoso, muchas veces el origen es leve. Eso sí… verlo impresiona. Y mucho.
Aquí suelo pensar en cuántas veces hemos dramatizado algo que, con la información adecuada, se habría quedado en un simple “vale, ya pasa”.
Qué hacer cuando empieza a sangrar (y qué no hacer jamás)

Este punto es clave. Y, sinceramente, aquí es donde casi todos fallamos la primera vez.
Lo típico es decir: “¡Echa la cabeza para atrás!”. Pues no. Eso no solo no ayuda, sino que empeora la situación. Al inclinar la cabeza hacia atrás, la sangre baja por la garganta, se traga, irrita el estómago… y puede acabar en náuseas o vómitos. Nada agradable. Ni necesario.
La doctora lo explica de una forma muy visual: hay que presionar la parte blandita de la nariz, como si la cerraras con una horquilla, e inclinar la cabeza hacia delante. Nada de mirar al techo. Presión firme. Constante. Sin soltar. Entre diez y quince minutos.
Y aquí viene algo importante que cuesta cumplir: no levantar la mano cada treinta segundos para “ver si ya paró”. Cada vez que soltamos, rompemos el pequeño coágulo que se está formando. Paciencia. Respira. Mantén la presión.
Cuándo dejar de “apañarlo en casa” y buscar ayuda

No todos los sangrados son iguales. Y esto la doctora lo deja muy claro.
Hay que acudir al médico o a urgencias si:
el sangrado no se detiene después de 15 minutos bien hechos
si es muy abundante o se repite con frecuencia
si aparece tras un golpe o accidente
si la persona es mayor o tiene enfermedades de base
Porque, aunque muchas epistaxis son benignas, a veces el sangrado nasal es un aviso de que algo más está pasando. Problemas de coagulación, alteraciones en la sangre, enfermedades hepáticas o renales… incluso tumores en casos muy concretos.
Como dice Cristina Jiménez: “El sangrado nasal puede ser leve, moderado o severo. Las causas pueden ser muchas”. Y por eso insiste en no restarle importancia cuando se repite o no tiene una causa clara.









