lunes, 12 enero 2026

La revolución silenciosa en medicina: cuando las causas importan más que los síntomas

- Cuando reutilizar medicamentos conocidos podría abrir una nueva vía contra el cáncer… si el sistema lo permitiera.

La medicina avanza cuando deja de mirar solo los síntomas. Hay ideas que, de tan simples, parecen casi ingenuas. Y, sin embargo, son las que más sacuden las certezas. En los últimos meses, varios médicos y divulgadores científicos han vuelto a poner sobre la mesa una propuesta tan directa como provocadora: usar medicamentos que ya existen para tratar enfermedades para las que nunca fueron creados. A este enfoque se le llama reposicionamiento de fármacos. En pocas palabras, consiste en mirar un medicamento conocido con otros ojos y preguntarse: ¿y si también sirviera para esto?

No es solo una cuestión de creatividad médica. Hablamos de fármacos con décadas de uso, con perfiles de seguridad bien estudiados y, además, de bajo coste. Algo así como rescatar una herramienta olvidada del cajón y descubrir que todavía corta… y mucho.

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Un protocolo sencillo que incomoda por su lógica

medicina
Reutilizar fármacos conocidos podría cambiar la forma de tratar el cáncer. fuente:canva

En este contexto aparece el médico canadiense Dr. William Makis, que ha propuesto un protocolo basado en la ivermectina, un fármaco ampliamente utilizado tanto en medicina humana como veterinaria. Su planteamiento, según él mismo, es “sorprendentemente directo”: una dosis base de 1 miligramo por kilogramo de peso corporal al día.

Lo llamativo es que no lo limita a un único tipo de cáncer. Según las fuentes que acompañan esta propuesta, podría tener aplicación potencial en tumores de mama, colon, pulmón, páncreas, estómago y en algunos tipos de leucemia. Ahora bien, Makis no vende certezas donde no las hay. Reconoce que, hasta ahora, no ha encontrado datos específicos sobre linfomas en la literatura que ha revisado. Y ese matiz, aunque a veces pase desapercibido, dice mucho de la seriedad con la que aborda el tema.

Casos reales que llaman la atención

La revolucion silenciosa en medicina2 Merca2.es
El reposicionamiento de fármacos abre nuevas preguntas en la medicina moderna. fuente:canva

No estamos ante grandes ensayos clínicos, y eso hay que decirlo claro. Pero sí ante observaciones clínicas que, como mínimo, despiertan curiosidad. Uno de los ejemplos más citados es el de un paciente con cáncer de próstata tratado por el Dr. Shankara Cheti. Su marcador PSA bajó de 89 (cuando el valor normal ronda el 4) a 11 tras tomar 45 mg diarios de ivermectina. Casi un 90 % de reducción. No es poca cosa.

En cáncer de ovario, la Dra. Tess Lawrie documentó el caso de una paciente cuyo marcador CA15 pasó de 288 a 22 en apenas dos meses con una dosis baja del fármaco. Y aún hay más: un caso de cáncer de vesícula biliar en fase terminal, tratado por una colega del Dr. Landrito, en el que se habría observado la desaparición completa del tumor tras 14 meses con dosis altas.

¿Son pruebas definitivas? No. Pero cuesta mirar estos datos y no hacerse la pregunta: ¿y si aquí hubiera algo que merece ser estudiado de verdad?

Cuando la dosis marca la diferencia

La revolucion silenciosa en medicina1 Merca2.es
Casos reales despiertan interés en tratamientos fuera del circuito tradicional. fuente:canva

Otro punto clave del planteamiento es que el efecto parece depender de la cantidad administrada. En tumores especialmente agresivos o en localizaciones complicadas, como el cerebro, se propone incluso duplicar la dosis hasta 2 mg/kg.

La razón tiene que ver con la famosa barrera hematoencefálica. Es ese “filtro” natural que protege al cerebro de sustancias tóxicas, pero que también dificulta la entrada de muchos medicamentos. La idea es sencilla: si se aumenta la concentración del fármaco, se incrementan las posibilidades de que una parte consiga atravesar esa barrera y actuar donde realmente hace falta. No es una garantía, pero sí una lógica terapéutica que muchos médicos reconocen.

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