lunes, 12 enero 2026

Jaque a la Reserva Federal: La investigación penal contra Powell que ha roto el mercado (y por qué nadie cree que sea por las obras)

Fiscales federales investigan a Jerome Powell por la reforma de la sede de la Fed. Wall Street se hunde y el oro vuela mientras la Casa Blanca presiona. ¿Es el fin de la independencia del banco central o una vendetta política?

La noticia ha saltado a primera hora de este lunes 12 de enero de 2026, congelando las pantallas de los traders desde Londres hasta Nueva York: Jerome Powell está bajo investigación criminal. Aunque los rumores llevaban semanas circulando por los pasillos del Capitolio, la confirmación de que la oficina del Fiscal de los Estados Unidos en el Distrito de Columbia ha enviado citaciones al gran jurado ha transformado el rumor en una crisis de Estado. El propio Powell ha tenido que salir al paso en un vídeo grabado de urgencia, defendiendo que su gestión es honesta y denunciando una campaña de intimidación sin precedentes.

Lo que oficialmente se investiga es el sobrecoste en la renovación de la histórica sede de la Fed, el edificio Marriner S. Eccles, cuyo presupuesto se ha disparado en más de 700 millones de dólares. Sin embargo, nadie en la comunidad financiera compra la narrativa de que el Departamento de Justicia se mueva con esta agresividad solo por facturas de mármol y ascensores. La mayoría de analistas ven la mano de la Administración Trump detrás de este movimiento, en un intento final por forzar la mano de un banco central que se ha resistido a recortar los tipos de interés a la velocidad que exigía el Despacho Oval.

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¿Mármol o Tipos de Interés?

La versión oficial de la Fiscalía, liderada ahora por figuras muy cercanas al ala dura del gobierno, se centra en si Powell engañó al Congreso sobre el alcance de las obras de la sede. Se habla de partidas presupuestarias opacas y de lujos innecesarios en un momento de austeridad fiscal, acusaciones que técnicamente podrían constituir perjurio si se demuestra que mintió en sus comparecencias de junio. Los detalles sobre supuestos ascensores privados y terrazas exclusivas han sido filtrados convenientemente a la prensa apenas unas horas antes del anuncio oficial, pintando a Powell como un burócrata desconectado de la realidad.

Sin embargo, la defensa de Powell es férrea y apunta directamente a una represalia por su política monetaria. En su comunicado, ha calificado las acusaciones de «pretextos» para castigar a la Fed por no ceder a las presiones electorales del año pasado. Mantener los tipos altos para asegurar que la inflación no repuntara le ha costado a Powell convertirse en el enemigo público número uno de una Casa Blanca que necesita dinero barato para financiar sus promesas de crecimiento. La reforma del edificio es, según fuentes internas del banco, simplemente el clavo ardiendo al que se han agarrado para sacarlo del tablero antes de mayo.

La Sombra de Jeanine Pirro

El aspecto más inquietante de esta investigación es quién la está impulsando: según reportes del New York Times, la autorización final vino de Jeanine Pirro, aliada incondicional del presidente y actual figura clave en la fiscalía. Esto rompe con décadas de tradición donde el Departamento de Justicia mantenía una distancia higiénica con la Reserva Federal para evitar precisamente lo que está ocurriendo hoy: la politización de la moneda. La elección de una fiscal con un perfil tan partidista envía un mensaje escalofriante a cualquier funcionario que se atreva a contradecir las directrices económicas del ejecutivo.+1

La estrategia parece clara: desacreditar a Powell personalmente para deslegitimar las decisiones de la Fed de los últimos dos años. Trump, que lleva meses llamando a Powell «Too Late» (Demasiado Tarde) por su lentitud al bajar tasas, ya no necesita despedirlo, algo legalmente dudoso; le basta con tenerlo imputado o bajo sospecha permanente. El daño reputacional es inmediato y difícil de reparar, independientemente de que la investigación termine en nada dentro de seis meses, cuando Powell ya esté fuera de su cargo y su sucesor, presumiblemente más dócil, ocupe el sillón.

Pánico en el Parquet

La reacción de los mercados ha sido visceral, típica de cuando los algoritmos detectan incertidumbre sistémica y no solo un mal dato macro. El oro se ha disparado hacia los 4.600 dólares la onza, actuando como el único refugio seguro ante la percepción de que el dólar está siendo utilizado como arma política interna. El billete verde ha sufrido su mayor caída intradía frente al euro y el yen en lo que va de año, señal de que los inversores extranjeros temen una Fed debilitada y susceptible a los caprichos políticos.

En Wall Street, la sensación es de vértigo, con los futuros del S&P 500 borrando las ganancias del inicio de año en cuestión de horas. Si la Fed pierde su credibilidad o se percibe que sus decisiones futuras estarán dictadas por el miedo a una imputación, la prima de riesgo de los activos estadounidenses subirá inevitablemente. Nadie quiere comprar deuda de un país cuyo banquero central tiene que preocuparse más por sus abogados que por la curva de Phillips o el mercado laboral.

Un Final de Mandato Amargo

El mandato de Powell expira oficialmente en mayo de 2026, lo que hace que todo este espectáculo judicial parezca aún más cruel e innecesario a ojos de sus defensores. Tras navegar la pandemia, la crisis de suministros y la mayor inflación en cuarenta años, su salida prometía ser, si no gloriosa, al menos ordenada y respetuosa. Ahora se enfrenta a la posibilidad real de salir por la puerta de atrás, con su legado manchado por sospechas de mala gestión administrativa, eclipsando sus logros en el aterrizaje suave de la economía.

Para sus críticos, sin embargo, esto es justicia poética por haber mantenido la bota sobre el cuello de la economía más tiempo del necesario. Argumentan que la «arrogancia» de la Fed al ignorar las señales de debilidad económica justificaba una auditoría exhaustiva de sus cuentas internas. La polarización del país se ha trasladado al balance del banco central, convirtiendo una cuestión técnica de política monetaria en un referéndum sobre la lealtad al proyecto político de la administración actual.

El Futuro de la Independencia

La pregunta que flota en el aire no es si Powell acabará en la cárcel —algo altamente improbable—, sino qué pasará con el próximo presidente de la Fed. Si el precio por mantener la independencia es una investigación federal y el escarnio público, es difícil imaginar quién querrá el puesto sin prometer lealtad ciega antes de jurar el cargo. Estamos presenciando en tiempo real la erosión de una de las instituciones más sólidas de la democracia liberal moderna, y el mercado lo sabe.

A partir de mañana, cada decisión del FOMC será analizada no por su lógica económica, sino por su contexto judicial. Si bajan tipos, parecerá que han cedido al chantaje; si los mantienen, parecerá una defensa numantina. La Fed ha entrado en un laberinto del que no podrá salir indemne, y con ella, la confianza en que el guardián del valor de nuestro dinero trabaja solo para nosotros, y no para el inquilino de turno de la Casa Blanca.


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