La crisis de acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales de nuestro tiempo y España es uno de los países europeos donde sus efectos se sienten con mayor crudeza.
El encarecimiento sostenido del mercado inmobiliario, la precariedad laboral y la insuficiencia de políticas públicas han creado un escenario en el que cada vez más personas quedan expulsadas del sistema residencial.
En este contexto, el sinhogarismo deja de ser un fenómeno marginal para convertirse en una consecuencia directa y estructural de la crisis de vivienda. El problema no es exclusivo de España. En toda Europa, el aumento de los precios de la vivienda ha tensionado el acceso a un derecho básico. Sin embargo, los datos sitúan a España entre los países más afectados.
Según Eurostat, en el tercer trimestre de 2025 el precio de la vivienda —tanto nueva como de segunda mano— creció un 2,9% respecto al trimestre anterior y un 12,8% en comparación con el mismo periodo de 2024. Se trata de la sexta mayor subida trimestral y la sexta mayor subida interanual de toda la Unión Europea, muy por encima de la media comunitaria, que se sitúa en el 1,6% y el 5,5%, respectivamente.
Estas cifras reflejan un mercado cada vez más inaccesible para amplias capas de la población. Las consecuencias de este encarecimiento no se limitan a la dificultad para comprar o alquilar una vivienda. En muchos casos, desembocan directamente en situaciones de exclusión residencial extrema.
Un estudio publicado en octubre de 2025 por la ONG Hogar Sí, elaborado a partir de una encuesta de 1.500 entrevistas realizada por 40DB, revela una realidad mucho más amplia de la que muestran las cifras oficiales. Uno de cada diez españoles afirma que en algún momento de su vida se ha visto obligado a dormir en la calle o en un espacio público abierto por dificultades económicas.
Además, otro 8,1% ha tenido que recurrir a alojamientos temporales de emergencia, como albergues, por los mismos motivos. Estos datos contrastan con las cifras tradicionales que estiman en torno a 37.000 las personas que viven sin hogar en España.
La diferencia, según el informe ‘Radiografía social del sinhogarismo en España: percepciones, realidades y retos’, radica en que las estadísticas oficiales solo recogen los casos cuando el sinhogarismo se cronifica, dejando fuera a miles de personas que pasan por episodios de exclusión residencial a lo largo de su vida.
El fenómeno, por tanto, es mucho más extenso, dinámico y cercano de lo que suele percibirse. Además, el perfil de las personas sin hogar está cambiando. Según datos del INE, el número de personas que sufren sinhogarismo en España ha aumentado un 55% en los últimos dos años. Ya no se trata únicamente de personas con adicciones o problemas de salud mental, como dictan algunos estereotipos. Cada vez son más quienes, pese a tener empleo, no consiguen reunir los ingresos suficientes para pagar un alquiler. El trabajo ya no garantiza un techo.
VIOLENCIA SOCIAL
A esta exclusión material se suma una violencia social persistente. Datos recientes del Observatorio HATENTO de Hogar Sí muestran que casi una de cada dos personas en situación de sinhogarismo ha sufrido un delito de odio. El 47% ha sido agredida o acosada por el simple hecho de no tener hogar, y el 81% de estos ataques nunca se denuncia.

En paralelo, los delitos aporofóbicos —motivados por el rechazo a la pobreza, a lo cual contribuye el auge de la extrema derecha a nivel global— crecieron un 33,3% en el último año, convirtiéndose en los que más aumentaron en el conjunto del país.
La falta de vivienda no solo priva de derechos básicos, sino que expone a una discriminación constante. Frente a esta realidad, surgen iniciativas que buscan soluciones estructurales. Javier Basagoiti y Marian Juste son los promotores del corto documental ‘Lo que nadie quiere ver’, estrenado en noviembre e impulsado por la ONG Hogar Sí con el respaldo de 37.000 firmas.
La campaña exige garantizar viviendas dignas para erradicar el sinhogarismo antes de 2030. De este drama nació la primera socimi social española, que es una iniciativa conjunta entre el sector inmobiliario y Hogar Sí, creada al 50%, cuyo objetivo es comprar viviendas para ofrecer alquileres asequibles hasta un 40% por debajo del precio de mercado. Hogar Sí ya gestiona 460 viviendas en colaboración con ayuntamientos y comunidades autónomas.
El modelo prioriza la autonomía: primero la vivienda, luego la recuperación de lazos familiares y la reconstrucción de la esperanza. Las personas se integran en pisos dispersos dentro de la ciudad, evitando la segregación en grandes bloques.»España, con 49 millones de habitantes, debería ser capaz de sacar a las 37.000 personas sin hogar de la calle», aseguró Basagoiti a Onda Cero.
En Europa, según la Federación Europea de Organizaciones Nacionales que trabajan con Personas sin Hogar, FEANTSA, alrededor de 900.000 personas vivían en la calle en 2024, lo cual muestra la magnitud continental del problema.








