lunes, 12 enero 2026

Sebastián La Rosa, médico: “La belleza no es solo estética: muchas veces es un reflejo de salud”

El médico Sebastián La Rosa explica que la belleza suele reflejar salud: simetría, desarrollo adecuado y hábitos influyen más que modas. Comprender el cuerpo permite mejorar apariencia y bienestar sin perseguir estándares estéticos irreales innecesarios.

La belleza suele asociarse a lo visible, a lo inmediato, a aquello que entra por los ojos. Sin embargo, cada vez más especialistas coinciden en que detrás de muchos rasgos considerados atractivos hay procesos biológicos profundos ligados a la salud. El médico Sebastián La Rosa propone mirar la belleza desde una perspectiva más amplia, donde genética, desarrollo y hábitos juegan un rol clave.

Desde esa mirada, entender por qué algo tenga belleza no implica perseguir estándares imposibles, sino comprender cómo funciona el cuerpo y qué margen real existe para mejorar apariencia y bienestar al mismo tiempo.

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Cuando la belleza nace del desarrollo y la salud

Cuando la belleza nace del desarrollo y la salud
Fuente: agencias

“La belleza no es solo estética: muchas veces es un reflejo de salud”, sostiene La Rosa. Y explica que gran parte de lo que socialmente se considera bello está relacionado con la simetría y con un desarrollo corporal sin obstáculos. Problemas respiratorios en la infancia, déficits nutricionales o alteraciones hormonales pueden modificar el crecimiento óseo y dejar huellas visibles en el rostro y el cuerpo.

Vitaminas como la A y la K, por ejemplo, cumplen un papel decisivo durante el embarazo y los primeros años de vida. Su déficit puede afectar el desarrollo del centro de la cara, entre otras consecuencias. En ese sentido, la belleza aparece como una consecuencia indirecta de procesos biológicos bien regulados.

No obstante, no todo responde a la salud. La historia muestra que los ideales de belleza también estuvieron condicionados por el contexto. La Venus de Willendorf, una figura femenina de hace 25.000 años con sobrepeso y rasgos exagerados, simbolizaba fertilidad y supervivencia en tiempos de escasez. Aquello que fue bello entonces hoy no necesariamente se asocia con bienestar.

Lo mismo ocurre con tendencias actuales, como el bronceado intenso, que socialmente puede representar ocio y estatus, pero no siempre es saludable. La Rosa subraya que distinguir entre belleza estética y belleza vinculada a la salud permite tomar decisiones más conscientes.

Optimizar sin forzar: estética, hormonas y límites reales

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Uno de los ejemplos más claros es la barba, a menudo definida como “el maquillaje de los hombres”. Su densidad depende en gran medida de la genética, pero también de la acción hormonal, especialmente de la testosterona y la dihidrotestosterona (DHT). Estas hormonas engrosan el folículo piloso y prolongan su fase de crecimiento.

Sebastián La Rosa aclara que no se trata de cambiar los genes, sino de expresar el fenotipo al máximo. Mejorar el sueño, entrenar fuerza, evitar déficits nutricionales y cuidar la salud general impacta tanto en la barba como en otros marcadores de belleza. Para quienes buscan resultados más visibles, el minoxidil tópico aparece como la herramienta con mayor evidencia, especialmente combinado con microagujas, que estimulan factores de crecimiento.

En cejas y pestañas, la lectura es distinta. La pérdida del tercio externo de la ceja puede ser un signo clásico de hipotiroidismo o de déficits como la baja ferritina. Allí, la belleza vuelve a funcionar como señal clínica. Tratamientos como bimatoprost o minoxidil pueden aumentar la densidad, pero siempre dentro de un límite genético.

Algo similar ocurre con las ojeras alérgicas, muchas veces asociadas a inflamación nasal crónica y a un desarrollo facial condicionado por la respiración bucal en la infancia. En estos casos, mejorar la función respiratoria no solo impacta en la belleza del rostro, sino también en la salud inmunológica y metabólica.

Finalmente, Sebastián La Rosa menciona un patrón que se repite en distintas culturas: la proporción 0,7. En hombres, una cintura equivalente al 70 % del torso; en mujeres, al 70 % de la cadera. Estas proporciones, asociadas a salud hormonal y metabólica, explican por qué ciertos cuerpos resultan atractivos de manera transversal.


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