El reciente episodio en Venezuela con las diferentes operaciones militares de Estados Unidos no repercutirá de inmediato a los precios globales del petróleo. Esta es la principal conclusión del informe de Janus Henderson, firmado por la analista Noah Barrett, que apunta a que la promesa de la administración Trump de incorporar a las grandes petroleras estadounidenses para reconstruir la deteriorada infraestructura energética del país caribeño, podría redefinir la oferta global de crudo en el largo plazo.
La tesis de la analista se basa en que si bien existe crudo venezolano actualmente en tránsito dentro del contexto del mercado petrolero global, no se espera que tenga un efecto significativo en los equilibrios de oferta y demanda inminente del petróleo. Esto se traduce en que, el ataque norteamericano a Venezuela no tendrá repercusiones inmediatas dentro del mercado global de esta energía.
El incidente de Venezuela no tuvo un impacto significativo en el mercado
De hecho actualmente, según sostiene el análisis, el petróleo venezolano tan solo representa menos del 1% de la producción del crudo mundial que está dirigido a China, esto se debe a los años de políticas restrictivas a la economía del gobierno chavista por parte de Estados Unidos; sumado a que el panorama global apunta a un superávit de crudo debido a la producción elevada de petróleo de los países de la OPEP+. Debido a esto, Janus Henderson espera que PDVSA, la empresa estatal de petróleo y gas del país, continúe operando con normalidad bajo una gobernanza interina de Estados Unidos, con pocos cambios en la producción a corto plazo.
En cuanto a la reacción inicial del mercado petrolero, el informe menciona que fue moderada con una cotización de los futuros precios del Brent hacia la baja hasta el 5 de enero. Aun así, también menciona que los precios después repuntaron al alza debido a la incertidumbre geopolítica y al posicionamiento del mercado, dado que los precios del petróleo venían de su mayor caída anual desde el año 2020.

No obstante, en el largo plazo la situación es muy distinta. Según el informe, Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo (más de 300.000 millones de barriles), pero su capacidad productiva se ha visto severamente mermada tras años de desinversión, sanciones internacionales y deterioro operativo. La producción, que llegó a superar los 3,4 millones de barriles diarios a finales de los años noventa, hoy se sitúa por debajo del millón de barriles diarios.
Para Janus Henderson, una eventual normalización política y la entrada de capital extranjero podrían permitir una recuperación relativamente rápida de la producción venezolana en comparación con otros proyectos petroleros a nivel global. A diferencia de yacimientos no convencionales o de exploración fronteriza, gran parte del petróleo venezolano es convencional y ya cuenta con infraestructura básica, aunque obsoleta. En ese escenario, el país podría volver a producir entre 2,2 y 2,4 millones de barriles diarios en un horizonte de uno a tres años.
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Este aumento de la oferta tendría consecuencias directas sobre el mercado global. En un contexto en el que la demanda crece de forma moderada y la OPEP+ ya enfrenta dificultades para equilibrar el mercado, la reincorporación progresiva del crudo venezolano actuaría como un factor adicional de presión a la baja sobre los precios del petróleo.
La entrada del crudo no afectará a todos por igual
El impacto, sin embargo, no sería homogéneo dentro del sector energético. Las refinerías de la Costa del Golfo de Estados Unidos aparecen como claras beneficiadas, ya que están especialmente diseñadas para procesar crudos pesados como el venezolano. De hecho, hay que recordar que este tipo de materia prima a diferencia de otros tipos de petróleos sin tratar, requiere mayores esfuerzos y tecnología para su refinamiento debido a su alta viscosidad.
Por otro lado, los productores de crudo pesado de Canadá podrían verse perjudicados, al perder competitividad frente al regreso de Venezuela como proveedor natural del mercado estadounidense.

El informe también subraya las oportunidades que surgirían para las grandes petroleras integradas y las compañías de servicios petroleros. La reconstrucción del sector energético venezolano requeriría inversiones masivas en exploración, producción, transporte y refinación, con estimaciones que superan los 100.000 millones de dólares. Este proceso abriría la puerta a contratos de gran escala para empresas estadounidenses con experiencia técnica y financiera.
En definitiva, el informe de Janus Henderson destaca que Venezuela no es un catalizador inmediato para los precios del petróleo, pero sí un elemento de peso en el tablero energético global de los próximos años. Aún así habrá que estar a la espera del constante cambiante panorama internacional que seguramente podría afectar a estas previsiones.








