José Abellán, cardiólogo y divulgador científico, asegura que la creatina sigue estando prácticamente inmaculada desde el punto de vista de la evidencia. En un momento de auge de los suplementos y de desinformación en redes, sus palabras reabren un debate clave: qué dice realmente la ciencia hoy sobre este producto y por qué importa más allá del gimnasio.
Según el especialista, la creatina no solo es uno de los suplementos más evidencia-dependientes del mercado, sino que empieza a mostrar beneficios en ámbitos tan sensibles como el envejecimiento, la función cognitiva y la salud cardiovascular.
Por qué la creatina es el suplemento con más respaldo científico
La creatina es una molécula que el propio cuerpo humano produce de forma natural y que también se obtiene a través de la alimentación, principalmente de la carne. Su función es crítica: facilitar el transporte rápido de ATP, la principal moneda energética del organismo, desde las mitocondrias hasta donde la célula lo necesita.
Ese mecanismo explica por qué la creatina mejora el rendimiento en ejercicios de fuerza y potencia explosiva, como sprints o levantamientos. Pero la evidencia acumulada va mucho más allá del deporte de alto rendimiento.
Entre los hallazgos más consistentes, la literatura científica muestra que la creatina aumenta la fuerza y la potencia muscular de forma reproducible; ayuda a preservar masa muscular y funcionalidad en personas mayores y muestra efectos positivos en rendimiento cognitivo en contextos de deterioro neurológico, como Alzheimer incipiente.
“No es solo para ir al gimnasio”, insiste Abellán. El cerebro también depende de estos sistemas energéticos, lo que da sentido biológico a los resultados observados en estudios cognitivos. Además, frente a otros suplementos de moda, la creatina destaca por algo poco habitual: décadas de estudios, perfiles de seguridad bien establecidos y resultados coherentes entre poblaciones muy distintas.
Creatina y corazón: lo que mostró un estudio en insuficiencia cardíaca

Uno de los puntos más innovadores del trabajo de Abellán llega desde la cardiología clínica. Junto a un colega cardiólogo, dirigió una tesis doctoral centrada en el uso de creatina en pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada, algunos de ellos de edad muy avanzada.
La hipótesis inicial era clara: si la creatina mejora la disponibilidad energética en el músculo, ¿podría hacerlo también en el corazón humano? Los resultados fueron matizados, pero relevantes.
El estudio, publicado recientemente en la Revista Española de Cardiología, mostró que la creatina no mejoró la contractilidad del tejido cardíaco enfermo. El corazón dañado siguió estándolo. Sin embargo, sí produjo un efecto clínicamente muy significativo: mejoró de forma notable el rendimiento cardiorrespiratorio y la capacidad funcional de los pacientes.
La explicación está en el músculo periférico. Muchos pacientes con insuficiencia cardíaca reducen su actividad física y pierden masa muscular. Al suplementar con creatina, sus músculos recuperaron eficiencia energética, lo que se tradujo en más capacidad para caminar, hacer ejercicio y desenvolverse en la vida diaria.
Un dato clave desmonta uno de los grandes mitos: el supuesto daño renal. Durante la suplementación aumentó la creatinina en sangre, pero no por deterioro del riñón, sino por mayor aporte de creatina. Al suspenderla, los valores volvieron a la normalidad, e incluso mejoraron, probablemente por el aumento de actividad física.









