En un ecosistema digital saturado de estímulos, captar la atención se ha convertido en el principal desafío para marcas y creadores. Jordi Segués asegura que hoy se compite en un auténtico mercado salvaje de la atención, donde cada vídeo lucha por segundos decisivos frente al dedo de los seguidores que desliza la pantalla.
El experto en marketing y ventas analiza cómo algunos contenidos logran romper esa barrera inicial y alcanzar cifras difíciles de dimensionar. Vídeos que acumulan millones de visualizaciones, generan miles de seguidores y se transforman en una poderosa palanca de crecimiento sostenido, tanto personal como profesional.
El capitalismo de la atención y los vídeos “unicornio”
Segués define el momento actual como el verdadero capitalismo de la atención. No se trata solo de crear contenido, sino de competir en un entorno donde millones de personas consumen vídeos de manera constante y acelerada. En ese contexto aparecen los llamados “unicornios”: piezas excepcionales que, sin previo aviso, pueden atraer entre 15.000 y 30.000 seguidores en cuestión de horas.
Algunos de esos vídeos han alcanzado cifras difíciles de imaginar, como 27 millones de visualizaciones. Según el propio Segués, la mente humana no está preparada para procesar ese volumen de impacto. Sin embargo, el efecto se percibe en lo cotidiano: personas que reconocen al creador en la calle, mensajes que circulan por grupos familiares de WhatsApp y una audiencia mayoritariamente adulta que observa con respeto y curiosidad.
Para el especialista, la clave está en entender que la atención es la moneda actual. Las redes sociales no son un escaparate pasivo, sino una herramienta estratégica para atraer seguidores, generar confianza y posicionarse en la mente del público. Sin visibilidad, no hay ventas. Y sin atención, no hay visibilidad.
De la visibilidad a la conexión: cómo se construyen seguidores fieles

Uno de los errores más comunes, según Jordi Segués, es creer que basta con abrir un negocio y esperar a que los clientes lleguen. En el entorno digital ocurre lo mismo que en una tienda física: si nadie pasa por delante, nadie entra. Para conseguir seguidores, primero es necesario llegar a muchas personas y aceptar que el proceso es, en esencia, matemático.
El embudo es claro: para que un cliente compre, antes debe conocerte. Para que te conozca, debe verte. Y para que te vea, el contenido debe llegar a miles. Así se construye una base amplia de seguidores entre los que, con el tiempo, surge una conexión más profunda.
El algoritmo juega un papel central. Cada vídeo es testeado con pequeñas audiencias. Si no conecta, se detiene. Si conecta, se amplifica. Por eso, el mensaje debe ser capaz de resonar con millones y no hablar únicamente para un nicho reducido. En este punto, Segués se distancia de la tendencia de hipersegmentar desde el inicio: su apuesta es llegar a muchos seguidores y luego ofrecer soluciones específicas a una parte de ellos.
Pero la visibilidad por sí sola no alcanza. Los seguidores no eligen solo por capacidad técnica. Eligen por afinidad, valores y narrativa. Igual que nadie escoge a su peluquero únicamente por precio o cercanía, en el mundo digital se elige a quien cae bien, transmite confianza y comparte una forma de ver la vida.
Por eso, el contenido más eficaz no se limita a enseñar, sino que muestra quién hay detrás. Los seguidores necesitan entender qué mueve al creador, cuáles son sus valores y por qué hace lo que hace. Cuando eso ocurre, se genera algo más potente que una audiencia: se crea un movimiento.









